sábado, 15 de diciembre de 2018

Ahora que nadie nos oye


  Si hay algo mágico es tener un libro en la mano y poder observar que dentro de él hay un cuento del cual eres autor y, más aún, si aparece tu nombre en letras de molde. Lo tocas. Deslizas tu mano sobre las páginas, de aquí para allá, le das vuelta varias veces, acaricias la tapa, lo pones sobre la mesa y te lo quedas observando largo tiempo, disfrutando el momento durante el cual pasan agitados, por tu cabeza, una cantidad de pensamientos agradables que te elevan a diez centímetros por encima del piso.

   Porque no sabes en las manos de quienes pueda haber otro ejemplar como este, ni si habrá un par de ojos de una persona leyendo ahora tu historia y en su corazón se despierte un sentimiento al hacerlo. Miras el objeto mudo que has dejado ahí, delante tuyo, con la ilusión de que esto ocurra, pero no tienes certeza de que en algún sitio del planeta alguien lea lo que has contado. 

   Y si es que lo has conmovido no recibirás ni un aplauso ni una carta, pero fantaseas con adivinar que lo habrás emocionado por un rato. Si no existiese esa maravilla que has puesto sobre la mesa no se producirá este suceso fascinante del que tú no vas a tener noticia. Será la esperanza la que te perseguirá en sueños, algo íntimo que solamente existirá en el reino de la intuición. Esta es la sensación que produce el libro de papel con tu historia escrita en él. Son tus ansias las que imaginan que aguardará para siempre la mano de quien quiera abrirlo para indagar lo que hay allí dentro.

   David Rubio Sánchez ha editado una antología —en un gesto encomiable que le ha demandado mucho tiempo y esfuerzo— en la que figura tu texto. Te sientes agradecido por ello, y feliz, además, porque compartes el acto literario con ese desconocido que estará leyendo, en algún lugar del mundo en donde tú nunca has estado, lo que tú has escrito.

   Y también, cuando piensas en esto, adviertes el calor de las escritoras y escritores que comparten contigo estas páginas. Percibes el cariño de quienes han participado de los certámenes con sus trabajos y la necesidad de contar historias que los une. 

   Disfruta el afecto de ellos y ellas porque te han elegido para que sea tu cuento el que esté impreso en representación de todas y todos. Y agradéceles, porque es lo más hermoso que te pueda haber sucedido.

   Un abrazo.