miércoles, 7 de noviembre de 2018

Una fisura en el tiempo



I

   Estoy sentado sobre las maderas rústicas del muelle, con las piernas colgando hacia el vacío, pensando en qué modo asombroso la luna se despega de la superficie del río mientras las flores de la noche, todavía, no perfuman la atmósfera cálida de la barranca.
   Una aciaga nube de melancolía da vueltas por mi cabeza. Aunque nunca se lo dije, me doy cuenta hasta qué punto estuve enamorado de Luciana. Tanto que aún la extraño.
   Cuando ella se despidió de mí, apoyó los labios sobre el costado de mi cara y me dejó un beso tibio. Yo tenía las mejillas heladas y un terremoto por dentro. Con temor, entendí de pronto, que no la iba a ver nunca más. Sentí una pena enorme, pesada como un árbol de plomo.
   Ahora veo alrededor mío un paisaje colosal del cual me siento una parte ínfima. Pongo los brazos sobre la baranda de madera y encima de ellos apoyo el mentón, para mirar todo lo que me rodea. Mis ojos son dos soledades húmedas. Sin obedecer a mi voluntad vagabundean por los bosques de la otra orilla, por encima de la vegetación recortada contra el cielo.
   Permanezco sumido en la amargura. Mi estado de ánimo esparce las más bellas imágenes de Luciana sobre la piel arrugada del río, ahondando aún más el efecto de mi pesadumbre. Los músculos del pecho se me endurecen bajo la intensa sensación de congoja.
   Por debajo de los tablones, amarrado a los pilotes del muelle está el bote rojo de mi abuelo. Un poco más allá, al lado de un irupé que flota hacia la desembocadura, nada un cisne blanco. El ave curva el cuello, sumerge la cabeza en el agua y cuando la saca, caen de su pico una serie de gotas cristalinas. No sé por qué con esa sucesión de perlas transparentes armo una frase absurda: “Luciana está escondida detrás de la luna”.

II

   Regreso a mi casa y saco el almanaque de la mochila. Remarco las casillas que indican las fechas de luna llena. Lo dejo sobre la mesa de luz. Luego hago anotaciones en el cuaderno de hojas lisas, con el bolígrafo de tinta verde. Escribo para Luciana versos de amor y después me duermo pensando en ella.

III

   Todas las noches, en las cuales el globo lechoso se ve completo, vengo a leer en silencio aquellos poemas bajo la luminosidad mortecina del cielo. Pero hoy pasa algo extraño al pronunciar un verso con la frase que imaginé al paso del cisne.
   El círculo plateado se aquieta en su órbita. Un pequeño grupo de nubes se esfuma saliendo por un costado del cielo. Súbitamente caigo de espaldas como si me hubiesen matado de un disparo y quedo extendido a lo largo del muelle. 
   Luciana asoma su cuerpo por debajo de la esfera luminosa. Un hilo de plata vertical cuelga desde la luna hasta el río. Ella se desliza por la cuerda suspendida y desciende hasta el embarcadero. Ha venido a buscarme.
   Apoya los pies descalzos sobre los listones de quebracho. Se acerca a mi cuerpo. Tira de las puntas de mis orejas y despega mi alma evanescente como si fuese una etiqueta de viento. No poseo sustancia ni color, carezco de materia, pero conservo la voz y el movimiento. En cambio, algo similar a un hombre queda quieto sobre el muelle solitario. 
   Luciana conduce a mi alma hasta el bote de mi abuelo, suelta el cabo de amarre, toma los remos y me lleva a navegar. Oigo el quejido del pivote cuando se hunden las palas, y el sonido ronco de las tablas del fondo de la pequeña embarcación. 
   Durante la navegación recito todas las poesías que he escrito. Lo hago de memoria porque mi cuaderno ha quedado junto al cuerpo tendido en la oscuridad de la orilla. Me esmero, hago gestos exagerados a fin de elevar la pobre lírica de los versos. Ella me describe las figuras que ha dibujado con acuarelas astrales sobre la cara oculta de la luna.
   Me siento un ladrón de abrazos y quiero acercarme, pero es imposible porque soy más liviano que un agujero de aire. Ella habla desde sus labios con el lenguaje de los astros. En cambio, yo soy solo una voz invisible viajando en el asiento de popa para conversarle. 
   Me sobreviene un cansancio descomunal en esta noche inesperada. Ella me consuela. Dice: «siempre es agotadora la primera vez que se visita un sueño». Sonríe con picardía y sigue tirando con suavidad de los puños de los remos. El esquife traza una curva suave y nos conduce al lugar de partida mientras seguimos conversando. 
   Regresamos al embarcadero. Ella ata el bote al entramado y subimos por la pequeña escalera. Veo el cuerpo exangüe sobre las tablas y me introduzco de inmediato dentro de él, como si fuese el féretro que tanto espero. Vuelvo a ser una entidad completa y única.
   Luciana se va. Levanta los talones, se coloca en puntas de pie, alcanza el hilo de plata y asciende tomada de él. No bien llega a la luna se esconde detrás de ella y recoge la cuerda por completo. El extremo inferior desaparece por debajo de la panza blanca.
   La esfera de yeso vuelve a avanzar en su órbita. La rebanada de tiempo se reduce al espesor de la nada.
   Me incorporo. Tengo la sensación de haber aliviado mi persistente tristeza. Tal vez me he dormido por un instante sin darme cuenta, cuando estaba leyendo. En esto pienso en la breve caminata de regreso a casa.
   Falta un mes para la próxima luna llena. Miro hacia afuera, a través de la ventana. La claridad nocturna vigila el bamboleo de los veleros silenciosos fondeados en la costa. Observo, aquí dentro, una mariposa marrón rodeando el foco de mi cuarto. Siento que mi pena ha sido menos feroz esta noche. Cosas de los recuerdos, me digo. Hoy hace diez años que murió mi esposa, Luciana. 
   Sigo escribiendo un poco más, cierro mi cuaderno, apago la luz y me quedo profundamente dormido.


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34 comentarios:

  1. Excepcional relato. Tiene una fuerte impronta poética tanto en los hechos que se relatan como en alguna de las metáforas. El lector se sumerge en un clima tan encantador como fantástico.Y el final, para mí, es de antología y cierra la historia con una gran calidad literaria. Debo decirte, Ariel, que disfruté mucho esta lectura.

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    1. Muchas gracias, Néstor. A veces sale mejor, a veces no tanto, pero en cualquier caso lo hago de modo riguroso y autoexigente. Es muy alentador saber de ese clima que mencionás porque es algo, para mí, que debe estar desde el primer borrador y cuando corrijo mucho, a veces temo perder de vista. Me alegra mucho que te haya gustado. Un abrazo.
      Ariel

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    1. Muchas gracias, Betty. Te agradezco mucho los elogios, es un placer que pases por aquí y me dejes tu comentario.
      Ariel

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  3. Precioso Ariel! No puede ser más bonito. Logradísimas todas las imágenes con las que nos introduces en un ambiente mágico, muy poético y muy nostálgico, a medio camino entre fantasía y realidad. Un cuento bellísimo y perfecto.

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    1. Hola, Marta! No te imaginas qué lindo que "suenan" tus palabras a mi oído. Los adjetivos de tu comentario son hermosos, no quiero elegir ninguno y quedarme con todos.
      Un beso!
      Ariel

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  4. Al leer tu relato,me parecía como si me susurrasen al oído. Ese tiempo presente, tan habitual en tus historias, tiene el poder de convertirme en la protagonista de la historia y recibir sus palabras con la emoción de una enamorada. Gracias por regalarnos tanta belleza.
    Un beso

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    1. Cuando escribo no es posible que no esté pensando en alguien concreto para dar con el sentimiento que deseo transmitir. Y si mi personaje está enamorado de la heroína, ella es una persona que conozco. No necesito pensar su rostro, solo recordar algunos rastros de sus emociones. Es muy bonito lo que me dices, Ana.
      Un beso.
      Ariel

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  5. Un relato del que reconocería tu autoría de entre cien relatos anónimos. Una voz asentada y unos símbolos muy recurrentes en tus textos como son los muelles, la noche... Un texto homenaje a la Poesía narrado con ese derroche de narrativa con el que cuidas cada uno de tus relatos. Un abrazo, Ariel!!

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    1. Cada historia, aunque sea pequeña, tiene un contexto en el que aparece un paisaje inevitable, externo o interno. Y ahí aparecen esos símbolos que tú mencionas, adheridos al relato, desde el primer momento. Tu comentario tiene elogios que calan muy hondo, David, te lo agradezco mucho. Eres muy generoso y sabes interpretar lo que uno quiere expresar más allá de las palabras. Un abrazo enorme!!
      Ariel

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  6. Me llegó mucho por la forma poética y tan tuya de narrar y también porque soy una enamorada de la luna llena.
    Muchos de tus relatos ocurren cerca del agua y en el actual me imaginé el Delta.
    ¡Buenísimo, Ariel!
    Un abrazo grande.

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    1. Imaginé un lugar que tenía río, muelle y que la historia ocurría en una noche de luna llena que bien podría ser el Delta o la Costanera. Ningún sitio en especial, pero con los elementos que están presentes en este, nuestro lugar en el mundo. Es un contexto que me lleva a la ensoñación. Muchas gracias por tus elogios. Me alegra que te haya gustado.
      Un abrazo grandote, Mirella!!
      Ariel

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  7. Un relato sentido, tierno aunque duela, dulce y nostalgico, mágico y real al mismo tiempo porque nuestra mente —y sobre todo la tuya— es capaz de crear belleza en la amargura. ¿Fue un sueño? O acaso los anhelos escondidos en el corazón.
    Coincido con David Rubio en que tu prosa es reconocible por la riqueza de sus descripciones y la pintura de los sentimientos.
    No sé si queda claro que ¡me encantó!

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    1. Apunté a un narrador ingenuo, permeable a un suceso fantástico, porque quise ponerle cuanta belleza pudiera. Por lo general no me sale un cuento o un relato de una sentada. Te diría que la mayoría surge de un hallazgo que voy desenterrando en las largas jornadas en que escribo. Por eso el origen es incierto, resabios del inconsciente, trozos de mi vida (la muerte es una mancha temática fuerte) y otro poco con imaginación. Me alegra mucho que te haya gustado, Osvaldo, un verdadero placer!!
      Ariel

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  8. ¡Cuánta poesía, cuánto ensueño puede generar el dolor mientras va cicatrizando! Hermoso relato.

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    1. Así es, Beba, el dolor por la muerte de un ser querido es una vivencia muy fuerte; surge inevitable en muchas historias que cuento y, seguramente, en las que seguiré contando.
      Ariel

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  9. Será que la Luna es mágica... Pero cuando viene precedida por la poesía de tus palabras logra todo su esplendor. Es un relato encantador. No he podido dejar de sentir lo que expresa el personaje. Un abrazo

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    1. Sí, Mirna, la luna es mágica. No sé que tiene, pero es encantadora cuando se acomoda sobre el río para permitirnos soñar historias. Me alegro muchísimo que te haya gustado el relato.
      Un abrazo grandote.
      Ariel

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  10. Es triste y cargado de nostalgia, y sobre todo es bello. Escoges las palabras con cuidado, parece que cada una de ellas haya sido pensada a conciencia. Me ha gustado mucho eso del ladrón de abrazos, pero hay más frases que podrían destacarse. Nos llevas de la mano por ese viaje astral hacia la luna acompañados de Luciana, juegas con nosotros desde el principio con la idea del desamor o de la muerte para finalmente dejarnos esta segunda opción. Me alegro de volver a leerte Ariel. Un abrazo.

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    1. El trabajo de dar con la palabra adecuada, como tú dices, lo he realizado durante la tarea reflexiva de la corrección. He tratado de buscar el equilibrio entre la elipsis (que tanto me cuesta) y el lucimiento retórico, sin renunciar a la belleza. Mi intención fue llevar la extensión al mínimo, tratando de acercarme al límite del esfuerzo conjugado entre lector-escritor para completar los huecos.
      Me pone muy contento contar tu comentario, Jorge, es un placer. Un abrazo.
      Ariel

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  11. Como la historia que relatas, ... tus palabras suenan etéreas, mágicas, al leerlas. Como siempre Ariel es un lujo poder disfrutar de cada uno de tus relatos.

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    1. Hola, Norte! No sabes cómo me alegra las consideraciones que tienes sobre lo que hago y la importancia que tiene esto para mí. Hay escritores que soy muy seguros y otros, como es mi caso, necesitamos de la lectura de los demás y sus impresiones para tener una idea más acabada de lo que hemos escrito. Te mando un gran saludo.
      Ariel

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  12. Un hermoso relato, tu sello inconfundible, te reconozco en tu bella prosa. Siempre un placer leerte. Un abrazo Ariel.

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    1. Muchas gracias, Mirta. Me alegra muchísimo que te haya gustado el relato y que veas en él ese "sello" que mencionas. Un abrazo grandote.
      Ariel

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  13. Me ha encantado el relato. Como tan bellas palabras recrean la atmósfera en la que se desarrolla una historia tan sentida. La moral es muy interesante, la comunicación con nuestros seres queridos dentro de los sueños, es posible, quizá sea más que imaginación.
    Felicidades!!! Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Montse, por tu comentario. Me alegra que te haya gustado esta historia. Las vivencias oníricas son tan reales como las conscientes. Mi comprensión del mundo es tan limitada que no descarto la posibilidad que mencionas. Un abrazo.
      Ariel

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  14. Gracias Ariel por ofrecerme esa nominación.Me siento tan halagada viniendo de un escritor talentoso como lo eres tú.Es un estímulo que me llega al alma y al corazón.Además tienes la actitud humilde de los grandes...Siempre me comentas aunque mis producciones son simples... pero escritas desde los sentimientos.Quizá por ello te gusten.Un cariño inmenso..y sigue adelante con toda tu creatividad..y capacidad..te admiro!!! gran cariño

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    1. Tal cual, Graciela, pienso que escribes con mucho sentimiento, desde la emoción, y por eso me encanta leer tus cosas. Ojalá que la nominación sea un aliciente para que sigas publicando y podamos disfrutar de tus poemas y de tu prosa. Te mando un afectuoso abrazo.
      Ariel

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  15. Increíble tu relato...me moviliza y me incita a volver a leerlo..felicitaciones

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    1. Me alegran mucho tus elogios al relato, Graciela, te lo agradezco de todo corazón.
      Ariel

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  16. Cuánta paz transmiten tus escritos, Ariel. Hacía tiempo que no te leía (-ya sabes, sigo blogueando con un ritmo diferente-) y me quedo con esa sensación de sosiego.
    Me ha encantado lo de "ladrón de abrazos". Yo a estos no les pondría pena alguna ;-)
    Besos y hasta pronto.

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    1. Cada uno de los cuentos surgen de un estado de ánimo distinto, ahí radica el origen de la predisposición a sentarme a escribir. Algunos son verdaderas travesías por los rincones más sombríos; otros nacen de la contemplación íntima de las cosas del mundo, son los que más me agradan, y este es uno de ellos. Quizás de ahí surja la sensación de sosiego que mencionas.
      Es muy lindo saber de ti, Chelo, y de tus encantadores comentarios.
      Un beso desde aquí hasta Valencia, desde mi ancho río hasta tu bonita playa.
      Ariel

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  17. Hola, Ariel.
    Este relato a parte de la emoción que despierta al lector, con una nostalgia que se hace presente y de la que el protagonista logra curarse o apaciguarse momentáneamente, transmite mucha serenidad. Es una preciosa y sentida imagen, que se origina gracias a un profundo amor, del que realidad o sueño, para mí como lectora, me ha supuesto eternidad.
    Lo he disfrutado muchísimo. Muy bello.
    Un beso.

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    1. Hola, Irene.
      Tan bonitas palabras son las que me dejas que me va a ser difícil agradecerlas. Creo que de algún modo tú tienes la sensibilidad para el manejo de las emociones tanto cuando escribes como cuando lees. Quizás por allí esté la explicación del punto de vista desde el cual miras el relato. Es muy grato leer tu comentario, sobre todo lo que dices de ese sueño de eternidad.
      Me alegra muchísimo que te haya gustado esta historia!
      Un beso.
      Ariel

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