domingo, 5 de agosto de 2018

Baboo


   Aquí, cerca de Dolo Ado, en el Cuerno de África, el calor es una mortaja que recibe a los que huyen de la guerra interminable. Un grupo de chozas han sido improvisadas en medio del desierto. Hay algunos árboles raquíticos y dispersos esqueletos de cabras, tumbados, que alzan sus cuernos verticales. La falta de agua ha dejado costillares pelados y ausencia de vísceras entre los huesos. 
   Baboo viene de la montaña de basura. Aparece por detrás de las cañas amarillas de la última cabaña de la aldea. Es un niño de cinco años. A cada paso bambolea el globo infame de su vientre, en su ansiedad por alcanzar la tienda del Centro de Salud.
   La arena dorada le quema los pies y se apura. El sol, que se está derrumbando en franjas rojas sobre occidente, le muerde la piel negra de su cuerpo desnudo, hasta que abre la lona de la carpa blanca y entra. Suspira con alivio. No espanta las moscas verdes que caminan por su cara. 
   Cuando ve a la enfermera, se acuesta rápido en el colchón, no quiere que ella se dé cuenta de que ha llegado tarde. Desea portarse bien porque esta mujer es la única que lo acompaña a ver el cielo. 
   Sophie se acerca, envuelve con una cinta graduada el brazo flaco del niño y anota un número en una planilla. Luego le acaricia la mejilla, le dice que se duerma y se va.
   El chico está cansado, sus ojos se cierran en seguida. Son pocos los quejidos de los enfermos, los leves susurros sortean los silencios de la carpa sanitaria. Su cuerpo ya es una bola de carbón inmóvil sobre la sábana arrugada. En sus cuencas aloja las dos esferas de marfil en las cuales transita la inocencia de su sueño. 
   Pasan algunas horas, y aunque aún es de noche, sus párpados delgados comienzan a palpitar y se abren completamente: está despierto. Entonces se levanta; va hacia la guardia y sacude el hombro de Sophie para que lo siga. La lleva de la mano y juntos salen de la tienda buscando la piel del cielo colgada sobre la estepa infinita. 
   Se alejan de la aldea. Él se siente un conquistador de estrellas. 
   Ella no dice nada, aunque sonríe ante la obsesión del chico por descubrir astros fugaces en estas noches de serena claridad y lo sigue en su juego. La luna es una moneda de plata sobre el lago añil en el cual titilan los diminutos diamantes fríos. Mira el rostro absorto del pequeño ante el prodigio de la bóveda celeste; Sophie guarda un secreto: la madre del niño le ha confesado que regresará a su pueblo sin Baboo porque está desnutrido y no soportaría el viaje. En el llano árido la sequía es inclemente, la hambruna mata, y la pólvora asusta con el olor del miedo.
   El niño está parado, con las pupilas fijas en el disco de nieve colgado por encima de su cabeza. El firmamento parece más alto y profundo que nunca. Alza su brazo, apunta con su índice hacia la estela que rasga el fondo azul del universo y muestra su brillante dentadura.
   Sophie sonríe con él y luego se pone seria. 
   —Baboo, quiero decirte algo.
   El pequeño niega dos veces con la cabeza y baja la mirada porque intuye algo malo. No le gusta el tono grave de Sophie. Ella le levanta el mentón con el dedo. Los labios le tiemblan un poco, habla con cierta zozobra, pero se nota el empeño que pone tratando de que no se le corte la voz. Le dice:
   —Mañana regreso a mi país. 
   Baboo desea que sea mentira lo que dice Sophie. No quiere pensar en las palabras de la joven que, ahora de rodillas, envuelve su cabeza con suavidad y le besa la frente. 
   Y ella se demora, lo abraza fuerte..., fuerte.
   Después regresa sola a la tienda.
   Baboo suspira y continúa su tranquila contemplación del oasis nocturno. Lo llena de felicidad mirar las estelas de polvo cósmico que surcan el espacio. Se siente cerca de ellas; es un corazón puro que anhela el vacío del cosmos que está lejos, muy lejos de esta tierra hostil.
   Toma una rama seca y dibuja un círculo tembloroso en el suelo. 
   Lo ve imperfecto. 
   Luego traza una raya recta más abajo, como si fuese un horizonte largo y al mismo tiempo una separación entre dos mundos.
   Piensa en su madre y luego en Sophie. Dos congojas lo tironean. No puede evitar que una gota cristalina se derrame desde su mejilla y caiga sobre su panza. 
   Y otra más…, y otra…, y otra.



Este cuento pertenece a la antología "Cuentos obstinados" / Alicia Danesino, compilado por Marita Rodríguez-Cazaux. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Dunken, 2018. ISBN 978-987-763-583-6
1. Cuentos. I. Danesino, Alicia. Rodríguez-Cazaux, Marita, comp. IIIVega, Sabrina Mariel, coord. CDD A863



20 comentarios:

  1. Es un cuento precioso y muy triste. Me imagino al pequeño Baboo con su tripita de niño desnutrido y sus ojos grandes contemplando las estrellas de la mano de Sophie. Un regalo, querido Ariel.
    Besos

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    1. Has visto la misma imagen que yo, querida Ana. Vaya a saber si Baboo no busca en el esplendor de las estrellas fugaces el amor que le roba la atrocidad de la guerra.
      Es un placer que vengas a leer mis cosas y que me dejes comentarios tan hermosos.
      Un beso.
      Ariel

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  2. Demasiado real y dolorosamente creíble. Con tu permiso lo comparto. Historias como ésta, no deberían olvidarse jamás. Son la vergüenza de una Europa que da la espalda a los refugiados y a muchos otros. Un abrazo.

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    1. Hola, Sechat. Sí, por supuesto, puedes compartirlo. Un abrazo.
      Ariel

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  3. Conmovedor y tristísimo. Duele en el alma la historia de este pequeño conquistador de estrellas. Magnífico, Ariel.

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    1. Qué bueno que te haya gustado, Marta, aunque sea una historia dolorosa la de los niños somalíes. Un beso.
      Ariel

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  4. Hola Raul, es conmovedor que pueda haber tristeza y belleza en este relato del olvido del hombre por el hombre. Hermoso.

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    1. Aunque no he estado en Somalía he visto decenas de testimonios de lo que allí se vive en forma permanente desde hace tiempo. He visto ese olvido que mencionas. He visto los ojos grandes de esos niños entre el hambre y las guerras. Es desgarrador. Por eso quise salvar a Baboo inventándole un sueño que tuviera la belleza que mencionas. Muchas gracias por tu elogio "Unknown".
      Ariel

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  5. Hola Ariel,
    Triste y conmovedor, y tan real que destroza.
    Niños desnutridos, sin calor humano que cuide de ellos, sin nada más que miedo y soledad.
    Un relato muy necesario.
    Un beso.

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    1. Hola, Irene!
      Debe ser difícil soportar la mirada de los niños que padecen la guerra y la hambruna. Es desconsolador para los que no estamos en "zonas de conflicto" y mucho más para quienes llegan allí en misiones de ayuda humanitaria. Dado que no he estado en ese sitio traté de escribir con el mayor cuidado sobre este tema tan delicado con el único fin de colocar un sueño en la mano de Baboo.
      Muchas gracias por pasar por aquí, Irene.
      Un beso.
      Ariel

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  6. Muy buen relato. Cargado de sentimiento, pero de un sentimiento medido y por eso mucho más doloroso. En este tipo de historia es facil caer en el sentimentalismo y si embargo aquí eso no sucede. Es que la grandeza de tu pluma merodea el dolor con prudencia y con auténtico sentir personal. Es de hacer notar la fabulosa composición de lugar y la ambientación incomparable del cuento. Gran trabajo.

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    1. La extrema gravedad de las hambrunas de 2011 y 2017 y la guerra interminable de Somalía fueron los disparadores para escribir esta historia. Todo lo escrito es ficción, por supuesto, pero he tratado de ser cuidadoso en los detalles para acercarme todo lo posible a la realidad. Traté de imaginar un niño y una mujer para colocarlos en esa situación y hacer este pequeño texto. Quizá el dolor de quienes padecen estas calamidades me haya llevado a medir la dosis sentimental del relato.
      Muchas gracias por tu valoración, Néstor. Y gracias por pasar por aquí, como siempre.
      Ariel

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  7. Una pintura de la realidad dolorosa que viven tantos Baboo en diferentes lugares del planeta como resultado de las guerras, el odio y la ambición de los poderosos. Contado con sencillez y profundidad, sin golpes bajos. ¡Felicitaciones!

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    1. Muchas gracias por tus felicitaciones, Osvaldo. Es verdad, y duele más esa verdad cuando le toca a los niños, estén donde estén, en cualquier lugar del mundo. Un abrazo.
      Ariel

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  8. Desgarrador relato, contado con maestría, como siempre.
    Qué penita da Baboo...
    Entran ganas de ir allí para poder abrazarlo.
    Enhorabuena, Raúl

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    1. Sí que da pena Baboo. Me hace recordar al rostro de un niño somalí que he visto en uno de los tantos documentales que he consultado en Internet. Muchas gracias por tu enhorabuena. Te mando un afectuoso abrazo, Ana.
      Ariel

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  9. Es una historia triste y grave, no puede ser de otro modo, como triste y grave es la realidad humana (infrahumana) que sostiene tu relato. Fíjate que si lo hubieras contado generalizando, como una estadística fría aunque incluyese miles de víctimas (entre ellos los vulnerables niños), no tendría el mismo efecto devastador , pues lo has personalizado en Baboo, el niño contador de estrellas.
    Un cariñoso abrazo amigo Ariel.

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    1. De todos los documentos que he visto no me he podido olvidar de las caras de esos niños, o si tú quieres, de la expresión de sus rostros ante el espanto de la guerra, y de sus barrigas infladas de hambre. Muchas gracias por pasar por aquí, Isabel, como siempre. Yo también te mando un muy cariñoso abrazo, amiga.
      Ariel

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  10. Los anhelos de esos niños de África que has personalizado en Baboo poco tienen que ver con los niños que tienen la suerte de tener una infancia dichosa aquí en el primer mundo. Lo has sabido expresar muy bien. Nos dejas un final empapado de la desesperanza de quienes no tienen apenas otra cosa. Un abrazo Ariel!

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    1. Tú lo has dicho en forma espléndida.
      Me causa mucha pena la desigualdad de origen de los niños. Me causa mucho dolor el sufrimiento que padecen, debido a la hambruna por causas naturales, y a las guerras por causas humanas. Me apena que nunca sea suficiente el esfuerzo de las ayudas humanitarias, a pesar de que hay tantos hombres y mujeres que se involucran en esta loable tarea.
      Este escrito breve es ficción. He tratado de colocar una ilusión en la pequeñita alma de Baboo, en un contexto probable, en un lugar posible, entre los muchos sitios que existen a lo largo y a lo ancho de este mundo cruel.
      Muchas gracias por pasarte, Jorge, un gran abrazo!
      Ariel

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