domingo, 29 de julio de 2018

Ave azul



   Ella escapó. Abandonó sin pena los calores del trópico, la brutalidad de las tormentas y la pobreza de la isla. Llegó aquí con una valija prestada, vacía de sueños. Se instaló en el contorno, al costado de los muros elevados de esta urbe esquiva. 
   En algún momento tuvo la ilusión del olvido. Espió el otro lado de su vida, volteó la página para buscar el modo, pero sola no pudo. Entonces el ave azul entró en su mente desesperada, recogió los recuerdos tristes de su pasado y los apretó en un nido de aire. Y a esos mismos recuerdos les quitó los colores. Los quebró en mínimos trozos transparentes y los cubrió con una niebla blanca para que no se conviertan en posibles palabras nuevas. Por eso ella trajo el silencio dentro de los ojos perdidos. Vino con el alma desnuda, el dolor anestesiado, y un desierto de dudas mirando hacia la nada. 
   No supo muy bien cómo debía comenzar a transitar la noche. Entonces el ave se hizo presente otra vez y le ofreció su vuelo. Colocó un manto de ángeles para proteger su espalda y le abrió las puertas del bar. Ella ensayó una sonrisa sobre su rostro y untó un precio sobre su cuerpo para recibir en él las masculinas huellas del semen. Aprendió a pensarse lejos de sí misma, a apretar los dientes cuando sus rodillas tibias debían arrugar las sábanas de los hoteles, en la sumisión de la entrega pactada. Peregrinó las calles nocturnas, vio la triste palidez de la luna surgiendo del río. Durmió los días y vendió sus noches a los miserables compradores de amor.



   Este invierno un hombre le dijo que se enamoró de ella. Se lo repitió esta noche, pero ella conoce las ilusiones equivocadas de ese verbo que tantas veces ha debido escuchar ocultando el fastidio. Esquivó el beso. Los labios que besan labios son formas repulsivas que ella no se permite. Quizás queden restos antiguos en el nido que protege el ave azul que elaboró el olvido. Entonces le dijo al hombre: «salgamos». Y le explicó con cuidado, con frases simples y palabras sencillas.
   Afuera del bar la brisa helada hizo rodar papeles sucios sobre las baldosas. Ella pensó en recientes cristales rotos agrupados con lentitud, alrededor de una idea que la perturba. Porque sabe que no siempre estas cosas terminan bien. Sintió que era una gacela en peligro buscando apresurada el abrigo de una trinchera. Habló con cautela entre los pliegues nocturnos de la piel del tiempo. Deslizó palabras con seriedad en el sosiego nocturno. Ofreció la sonrisa, ocultó el temor. Su corazón de metal, forjado con su trabajo, supo concluir su tarea. 
   Ella percibió la proximidad del tedio vigilando el rostro herido. Él la miró afirmando, se despidió y se fue. El inicio del gesto de un abrazo de amor inútil quedó congelado en el aire de la esquina desierta. El hombre comenzó a arrastrar penosamente la sombra del regreso. 



   Concluye otra noche en el bar. Ella se va a su casa. Y anhela, mientras intenta dormir, el vuelo del ave azul que llenará su valija vacía de sueños con un mínimo temblor de felicidad. Pero eso es lo último que alcanza a pensar con cordura, lo último que recuerda hasta aquí, cuando llega la liberación de la furia en un grito desgarrador que sale de su boca abierta, en la oscuridad del cuarto, apretándole los pulmones en un viento infinito.








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17 comentarios:

  1. No sé como lo haces, querido Ariel. Siempre consigues emocionarme. Nadie como tú sabe reflejar en unas cuantas líneas la soledad del alma. Tu personaje lleva una herida que se hermana con todas las heridas que llevamos. Creo que por eso nos llega tan dentro a pesar de lo distintas que sean sus circunstancias de las nuestras. Dicen que en eso consiste la literatura de verdad, en trascender de lo particular a lo universal. Un beso muy grande. Me alegro mucho de verte por aquí otra vez

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    1. Hermoso pensamiento, querida Ana. Creo que es un hecho compartido, yo bajando un escalón por debajo de la consciencia, cuando escribo, y tú leyendo con el corazón en la mano, con la sensibilidad dispuesta. Escribimos y leemos en soledad. Nuestros sentimientos coinciden en esa universalidad que mencionas, allí debe estar el secreto porque a mí también me emocionan las cosas que tú escribes.
      Otro beso para ti.
      Ariel

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    2. Qué bien lo ha dicho Ana, de lo particular a lo universal... tiene razón.

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  2. Una hermosa y a la vez dolorosa forma de pintar la desesperanza de una vida vacía, donde no hay otro camino que vender el cuerpo, tratando de proteger el ultimo refugio del alma en la figura del ave azul. ¡Una joya!

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    1. Tal cual, Osvaldo, hiciste una lectura excelente que te agradezco, porque por ahí empezó el nudo que me llevó a escribir este texto breve. Una mujer que se prostituye huyendo de un infierno para caer en otro. Un ser humano más, olvidado de la mano de Dios en esta selva de cemento. Muchas gracias por venir a leer y dejarme tu comentario.
      Ariel

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  3. Un relato que duele, cargado de soledad y desamparo. Me encanta la metáfora del ave azul que rompe los recuerdos tristes. El arranque del texto es bellísimo.

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    1. Un texto corto que me ha llevado bastante trabajo pero me ha dejado conforme. Los últimos fueron largos y acobarda a los lectores. ¡No sabes qué bonito me resulta tu comentario! Un placer.
      Ariel

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  4. Hola Ariel, un relato desgarrador. Una historia de sueños rotos. Con hermosas metáforas nos llevas a transitar el camino de tu protagonista para que no resulte tan duro como es en la realidad la vida de la joven. El final también es estremecedor. Felicidades amigo. Un abrazo.

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    1. Hola Miry. Me pregunto si todos los que escribimos hasta el agotamiento, la mayoría de las veces logrando decir mucho menos de lo que hubiésemos querido, no precisamos de algún ave azul que nos socorra en este esfuerzo de desesperación para desalojar los fantasmas que nos acosan, del mismo modo que lo desea la mujer del relato. Esto se me ocurre en este momento que te respondo, alcanzado, vaya uno a saber la razón, por algunas de las palabras que leo. Muchas gracias por dejarme este halagador comentario. Un afectuoso abrazo.
      Ariel

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  5. Me gusta mucho como escribes y describes...
    Un placer el haberte hallado
    feliz verano

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    1. Gracias por pasar, Mucha. Te mando un saludo porteño desde Buenos Aires.
      Ariel

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  6. Una breve e intensa historia. Sin concesiones. Mi experiencia de vida y acaso tambien nuestra cercanía y nuestra amistad me han permitido acceder a algunos destellos dramáticos del relato. Frases breves escritas como al pasar pero colmadas de significado. Extraordinario el inicio. Ese "Ella escapó" preconfigura todo el resto del cuento. Hay también algo, por lo menos así lo siento yo, de devoción por la mujer. De lo intrínseco del ser mujer y que ciertamente comparto. Abrazo pibe de Palermo. Compañero de ciudad, compinche generacional, amigo mío.

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    1. Hay adentro mío una devoción, como bien vos decís, por la mujer, y no exclusivamente por el cuerpo -porque todos los seres humanos somos en principio un cuerpo- sino por algo esencial, inalcanzable para los hombres, desconocido.
      P. Ramos dice: "Dónde está el escollo, ahí está la historia". Y aquí me encontré con ese escollo. Me refiero a un nódulo que no está al alcance de la consciencia, sino muy profundo. Tuve que escarbar mucho para contar, debí exhumar recuerdos, paraísos, dolores, para que asome apenas su hombro desnudo, genuino y literario.
      Creo que esto me pasó con este relato: no lo podía escribir, elegí varios puntos de vista y no había caso. Me decidí a contar con un narrador deficiente, que solo tiene información de lo que ella ve. Siento que hay mucho detrás de estas líneas que debo sacar a la luz, por ahora es un principio, apenas un balbuceo que debe madurar. Tal vez un punto de partida sobre el que seguir trabajando porque es muy significativo para mí. En este caso es como haber conseguido descubrir el fondo y ponerme a buscar la forma.
      Muchas gracias por venir a dejarme este comentario, Néstor, amigo "porteño". Un abrazo.
      Ariel

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  7. Un relato que describes muy bien ese alma rota por la mala vida. Ella escapó. No se sabe de qué para caer en un infierno, no se sabe si elegido o no. Pero que puede llevar a una mujer comercializar su cuerpo por escapar de algo duro, y entrar en otro lugar que se debe escapar más profundo que la vida misma. Como siempre que leo algo tuyo es muy bueno. Un abrazo.

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    1. Es verdad, Mamen, es un relato en el que no sabemos las causas por las que ella escapa, hay indicios pero no está dicho en modo explícito. Y así va su vida, de tumbo en tumbo, hasta llegar a ejercer la prostitución, un infierno que, parece ser una carga demasiado grande para su mente. Muchas gracias por estar siempre por aquí. Te mando un afectuoso abrazo.
      Ariel

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  8. Lo que has escrito, Ariel, no es solo una crónica de una pasacalles, es una herida… Nos cuentas desde el mismo ojo de la llaga, despersonalizando a la mujer hasta del vocativo, son todas las “ellas” concentradas en una, todas las abocadas a la prostitución empujadas por la la pobreza, no hay otra salida, no hay esperanza, vacías hasta de sueños.
    El pájaro azul es la liberación.

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    1. Tal cual, Isabel: "son todas las 'ellas' concentradas en una". Tan mujer como cualquiera, tan persona como cualquiera, sin nombre propio y con el nombre de todas. Es una herida y un grito, y la necesidad de fabricarse su propia ave azul, que como tú dices, llega a liberar su dolor.
      Ariel

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