martes, 2 de enero de 2018

La deuda


   El alemán Volker mató a Julia, la hermana menor del negro Suárez. Cuando este se enteró, fue a buscar al asesino a la Taberna de Gómez. Lo encontró acodado en la mesa del fondo, se sentó y le buscó la mirada. En ese momento, la policía entró al local y se llevó al alemán antes que Suárez pudiera vengar esa muerte. Fue el acontecimiento del pueblo y tema de conversación durante meses.
   Desde entonces la mayoría de los parroquianos empezaron a ver, en el mismo lugar, dos sombras oscuras y quietas conformando con sus contornos la figura de esos hombres, congeladas en aquel instante crucial, detenidas en el aire como tatuajes a la espera de una fatalidad anunciada por sus gestos.
   Con el tiempo todos los clientes terminaron evitando la mesa sombría, miraban de reojo ese sitio, y cada vez se hacía más evidente, a pesar de que nadie comentaba nada, la presencia de una atmósfera extraña rodeando las siluetas estáticas, en la cual todos advertían el secreto del lance. 
   Pasaron veinte años de aquel drama que todavía se encuentra agazapado en la memoria de la gente como un suceso inconcluso.
   Hoy el atardecer se está reduciendo para meterse en el horizonte. Se encendieron las luces de la taberna en este pueblo aplastado en medio de la llanura. Aquí todas las calles son de tierra. El bar está sobre la más ancha de todas, la que pasa de largo uniendo una cadena de poblaciones pequeñas que viborean en el corazón de la pampa. 
   El aire se puso misterioso porque esta tarde el alemán regresó por la deuda pendiente, montado en un caballo palomino. Los golpes de los cuatro cascos sobre el polvo blando fueron tan suaves que ni siquiera lograron alterar la siesta. El viento silbó diferente por encima de los techos. Hasta el silencio oprimió más fuerte con su dedo desnudo. Un clima de angustia se pudo adivinar en los nidos de los pájaros. 
   Cuando Suárez se enteró, la noticia le tensó los nervios. Tomó el arma y salió de su casa a buscar a Volker, repitiendo, casi calcando, la reacción que tuvo al ver a su hermana muerta. 
   Supuso que estaba en el bar. Observó al caballo de pelaje claro y cola blanca, atado al palenque, y tuvo la intuición de que el alemán estaba esperándolo adentro. Entró a la taberna y cerró la puerta. Miró sin pensar hacia el fondo y lo vio tomando una ginebra. No lo dejó reaccionar, corrió la silla y se sentó frente a él.
   En el lugar que ocupaba Volker la sombra oscura se había disipado y no bien Suárez ocupó su lugar se disipó la otra. La extraña atmósfera dormida durante tanta ausencia en este sitio se volvió diáfana. El dueño de la taberna, detrás del mostrador, observó la escena frotando una copa con un trapo rejilla. El único parroquiano que había en el local dejó un billete al lado del vaso de vino y salió del bar. En la mesa del fondo había una historia, y de nuevo, cobraba vida.
   Como en una partida de truco, el primero que habló fue Suárez.
   —¿Te acordás de mí? 
   Lo dijo con cautela, con el resentimiento todavía dormido, y advirtió una bocanada de odio ascendiendo de a poco en su garganta, a pesar del tiempo que había pasado.
   El alemán tenía el pelo completamente blanco, estaba viejo y encorvado. Permaneció impasible, con los dedos apoyados en el borde del vaso, y respondió de mala gana, casi con ironía.
   —En la cárcel hay una eternidad para pensar y uno se acuerda de todo.
   —¿Y de Julia también?
   —También. 
   La mirada de Suárez era un rayo de fuego que salía del cuero gris de su rostro arrugado por la amargura. Trató de hablar despacio escogiendo con cautela cada una de las palabras viejas, atragantadas por la ansiedad, maceradas por el rencor.
   —En esta misma mesa hay dos sombras misteriosas, ¿viste?
   —Vi.
   —Nos están esperando hace veinte años… por una deuda.
   —Yo no tengo ninguna deuda pendiente —dijo el alemán, mintiendo. Y sintió debajo de la piel que una sustancia se le había adherido al cuerpo. Era la sombra. Lo envolvía como una cáscara y le traía el inevitable recuerdo del horror. 
   Suárez sintió lo mismo. Algo que no era él le movió el brazo. La sombra, la suya, detenida durante dos décadas, cobraba movimiento y él se dejaba llevar por ella, obedecía sin resistencia. El frío del arma le acarició la mano en el hueco del bolsillo. El destino estacionado en el tiempo estaba haciendo su tarea inconclusa. Las articulaciones no se movían por su voluntad, eran movidas por un enigma que no supo definir. Presintió que por fin iba a vaciar todo el rencor acumulado. 
   En ese instante interminable también tuvo una ensoñación: vio pasar a Julia alegre entre las sillas, tan alta, tan joven. Hasta le pareció que el vestido le había rozado el brazo.
   Y entonces, Suárez escuchó el primer estampido, el que lo recostó contra el respaldo de la silla, como una trompada en medio del pecho, mientras en la comisura de los labios delgados de Volker asomaba la artimaña.
   Suárez sintió que la trampa le deshacía las vísceras, pero, casi sin darse cuenta, alcanzó a apretar el gatillo. Escuchó la segunda detonación y vio cómo se desplomaba hacia adelante el torso pesado del alemán, se derramaba la ginebra entre ruidos de vidrio roto contra el piso, y se teñía con la sangre que bajaba a borbotones por el costado de su cabeza grande como una sandía rosada.
   Y Suárez empezó a sentir la bola caliente entre las costillas como una brasa que se encendía, luego un poderoso dolor, y después solo oscuridad y silencio. 
   A partir de ese momento las sombras oscuras aparecieron para cubrir nuevamente los cuerpos que yacían en la mesa del fondo. Se había cerrado el círculo perfecto que había dictado el destino.
   La venganza se había consumado y el desenlace abierto se había clausurado para siempre.



Este cuento pertenece al libro "Escarcha".


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26 comentarios:

  1. Hola Ariel, soy tu primera lectora, uy qué privilegio, ah pero eso es porque la gente está de resaca, jeje. Te deseo buen año. Y este es un relato para degustarlo como el buen vino. Se bebe, los momentos se describen con nitidez, sin pausa. Muchas formas podrían ser para contar este dramático hecho, esta venganza, pero nada como la descripción de esas sombras esperando... me las estoy imaginando aún, han quedado, sí. Es drama sin caer en él, exquisito. Un abrazo grande.

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    1. Hola Emerencia, un placer que seas tú la primera en dejar un comentario. Yo también te deseo un buen año, todavía está flamante, recién estrenado, espero que nos traiga buenas nuevas. Es muy linda esa comparación que haces entre el relato y un buen vino, es muy halagador. Te confesaré que el inicio de la historia fue creciendo, justamente, alrededor de esas dos sombras que me he imaginado como alegorías del destino. Después aparecieron los contendientes. Basta observar con un poco de atención el comportamiento de algunas personas y aparece aquél que, como Volker, por orgullo, soberbia, o vaya a saber por qué, regresan a saldar cuentas, aún a sabiendas que ponen en juego su vida.
      Muchas gracias por tus elogios, Emerencia, te mando un gran abrazo.
      Ariel

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  2. Impresionante, Ariel. Me ha recordado los duelos de las viejas películas del oeste. Es magnífico cómo has ambientado la escena creando un clima de suspense que ponía la piel de gallina. Un placer, como siempre, leerte.
    Aprovechó para felicitarte de todo corazón el nuevo año y desearte lo mejor. Un beso muy fuerte

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    1. Puede ser, Ana, no lo había pensado, pero ahora que lo dices, le veo un aire de lejano oeste, tal vez debido a la presencia de ese caballo.
      Me alegra que te haya gustado el clima del relato. Muchas gracias por tus buenos deseos para este nuevo año, yo también te mando los míos con todo el afecto que te puedas imaginar. Un beso y un abrazo muy apretado.
      Ariel

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  3. Muy buena historia, con aires borgianos. Hay acción a lo largo del breve relato y una historia fantástica entremezclada con la más dura realidad. El clima sombrío, además, enmarca los hechos inevitables que habrán de suceder. Y detrás de todo, detrás de cada sombra la otra sombra, el destino. Excelente trabajo. Me gustó mucho.

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    1. La fatalidad, el duelo, el destino, y el inesperado regreso de Volker, por esas cosas de volver a completar algo inconcluso sin explicación, casi como contradiciendo la lógica, y algunas formas de decir, son un intento de remedar a Borges, pero con una obvia distancia literaria. Es un honor el poder imitar, aunque sea con un aire, a las letras del maestro. Si fue así, me siento honrado. Me gustó mucho jugar con esas sombras y con los misterios a que lleva la venganza y el rencor. Uno se pone a observar las vidas de los hombres y se encuentra, asombrado, con estos comportamientos que termina atribuyendo a la mano del destino. Un intento de contar en forma diferente a lo habitual, siempre experimentando, en la búsqueda de algo distinto, hasta que encuentre la voz genuina, si es que llego a descubrirla. Me alegra mucho que te haya gustado, Néstor.
      Ariel

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  4. Hola Ariel te ha quedado un relato muy cinematográfico. Me ha pasado como a Ana casi los podía ver, frente a frente, con el odio entre ellos porque el odio no descansa, si se le deja se mete muy adentro y se hace dueño de la vida, como le ha pasado a tu protagonista que ha acabado siendo una sombra en vida.
    Un texto un poco alejado de tu estilo más intimista pero en el que también exploras sobre esos sentimientos, en este caso el de la venganza y el odio.
    Besos

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    1. Hola Conxita. Toda el relato da vueltas alrededor del odio, ese sentimiento hijo de la ira que, como tú dices, no descansa. Cala profundo, se instala dentro generando rencor y en algunos casos conduce al acto. Siempre me interesó indagar sobre ese estado. Y fíjate que le he dado vueltas, y en lugar de un texto intimista me ha salido uno de acción. Pablo Ramos dice que cuando al escribir uno encuentra una traba, hay que seguir escarbando porque ahí está la historia. Ya tendré la oportunidad de indagar por el lado interior del protagonista, que de veras me interesa saber qué pasa.
      Conxita, gracias por pasar y dejarme tu comentario.
      Un beso.
      Ariel

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  5. Tremendo y durísimo. Qué bien plasmado ese sentimiento de rencor y ese afán de venganza latente durante tantísimo tiempo. Un relato magnífico, Ariel. Felicidades.

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    1. Hola Marta, me alegra mucho que te haya gustado este relato, y que hayas reparado en el rencor, porque es muy difícil, para mí, mostrar ese sentimiento, ya que se genera con la persistencia, con el tiempo, y uno, en un relato breve, justamente, es de lo que menos dispone.
      Muchas gracias por dejarme tu comentario. Te mando un afectuoso abrazo.
      Ariel

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  6. Ariel. Te admiro. Así, sin más. Sin perder tu impronta has usado otro modo en el contar, sin adornos, tajante, ejecutando las frases cortas y muy cortas, taxativo, fusionando la acción y la sensación… y sin embargo hay cierta magia oscura en las dos figuras que quedaron pendidas en el tiempo hasta cobrar la deuda.

    Este recién año inaugurado trae otras perspectivas del escritor Ariel. Contenido y tenso, te aseguro compañero que no son términos opuestos.

    Enhorabuena.

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    1. Es que me pones tan arriba, me siento tan bien en la nube en la que me colocas, que cuando caiga creo que me voy a desilusionar. Pero de todos modos es cierto, he intentado otra forma de contar buscando en la forma, dejando solo pequeñas dosis de esas figuras literarias que tú sabes que tanto me gustan. Me alegra mucho saber que has visto el misterio en las sombras a pesar de eso, que el relato conserva la magia. Te agradezco mucho tus deseos para este año, Isabel, van los míos para ti: que tu imaginación se despliegue en tus mejores cuentos.
      Ariel

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  7. Te felicito Ariel,... ya sabes lo que me gustan tus relatos y tu forma de escribir. Una vez más nos has regalado un texto para paladear y saborear para palabra,... cada frase. Alguien hacía una analogía con un buen vino,... yo añado "...disfrutándolo con unos amigos". Un fuerte abrazo y Feliz Año Nuevo!

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    1. Muchas gracias, Norte, sé que te gusta lo que escribo, te he conocido en persona y sé de tu generosidad también. Conozco, además, tu elocuencia, tu curiosidad, tu pasión por el conocimiento artístico y el buen hacer de tus letras. Me alegra mucho lo que dices. Tienes aquí a un amigo porteño que desde Buenos Aires levanta esta imaginaria copa de vino para brindar contigo por un año que venga repleto de muchos deseos concretados. Te mando un fuerte abrazo.
      Ariel

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  8. Hola, Ariel,
    Has conseguido recrear la atmósfera típica de un duelo del oeste, por mucho que no haya sido tu intención, ese pueblo en medio de la arena, el sopor de esa siesta que se despierta ante la tensión cortante entre los dos hombres enfrentados... solo falta que ese billete fuera dejado junto a un vaso de güisqui, y que el dueño del bar(-saloon) los hubiera obligado a salir afuera a dirimir sus diferencias, con los disparos resonando en ese viento que azota el pueblo. Te diré que el final me pareció apropiado, la violencia y la venganza no conducen a nada, y la muerte de ambos cierra el círculo, como bien dices.
    Un beso,
    Eva

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    1. Hola Eva,
      A eso yo llamo la magia o el misterio del hecho literario. Es que si viene Juan, por poner un nombre, el relato ya es de Juan, si viene Eva, ya es de Eva. Y eso es maravilloso porque yo, de este lado veo todas esas posibilidades con asombro, porque es la creatividad, la imaginación del lector la que interpreta el texto, y me pone feliz porque de algún modo he logrado estimular al otro. En definitiva, no es más que compartir con el otro todo un cúmulo sentimientos, vivencias, miradas, sensaciones; como decía el otro día: un trabajo de a dos. Y es una actividad que se hace en silencio, cada uno en su sitio, el que escribe y el que lee, observando una página con signos lingüísticos articulados a interpretar.
      Por eso disfruto con la lectura que haces, Eva, me pone re-contento y me dejo llevar con gusto a ese lugar del lejano oeste que propones, de veras te lo digo porque no es más ni menos que aprovechar la libertad de la maravilla literaria, este juego del que todos disfrutamos plenamente.
      La violencia es la peor manera de solucionar los conflictos, pero estos personajes rurales, pueblerinos, muy por el contrario, parece que lo tienen como un valor supremo que les mueve el orgullo o la soberbia, a tal punto que son capaces de entregar la vida por ella.
      Eva, es un verdadero placer recibir un comentario tuyo.
      Un beso.
      Ariel

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  9. Un relato duro, descarnado, que impacta en el lector porque el odio sigue vigente después de veinte años y, como decís al final, termina cerrando el círculo en la muerte de los dos personajes como el final de un ciclo.
    Estupendamente narrado, querido Ariel.
    Que tengas y año lleno de bendiciones y pródigo en letras.
    Un abrazo grandote.

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    1. Viste cómo trabaja el odio cuando la gente lo lleva dentro tantos años, termina muchas veces en un resentimiento tan profundo que produce los actos más violentos. Es un sentimiento que siempre me llamó la atención.
      Querida Mirella, vos no sabés qué alegría me da tener tus palabras aquí, y encima con semejantes elogios. Espero que tus cosas estén mejorando. El año comienza, espero que tu hermana vaya remontando su problema del mejor modo.
      Yo también te mando mis mejores deseos, bendiciones, y que puedas seguir escribiendo cuando todo pase y llegue la calma. Lo mejor para vos y tu familia.
      Un abrazo grande, con mucho afecto.
      Ariel

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  10. Complimenti sei molto bravo a scrivere caro Ariel, io non sono così brava.
    Riesci sempre a portarmi dentro la storia, questa volta uno scenario di odio e vendetta, sentimenti che corrodono l'anima.
    Colgo l'occasione per ringraziarti degli auguri e spero che questo nuovo anno possa portarti tutte le cose più belle che desideri, di cuore, un immenso abbraccio.

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    1. Eres muy generosa, angeloblu. He leído tus textos hermosos, plenos de belleza, pasión y sentimiento. Eres una mujer talentosa porque no solo escribes desde el sentimiento sino también desde la reflexión. Tu prosa tiene la sensibilidad de la piel de las grandes letras. Desde que visito tu blog he disfrutado con intensidad de todo lo que has escrito.
      Es un gran elogio que me digas que te has podido introducir en esta historia violenta. El odio, como tú dices, se duerme en el alma para corroer, y con el tiempo se convierte en resentimiento. Quise mostrar en este cuento breve, a estos dos hombres, que vuelven a encontrarse después de veinte años, a saldar una deuda de una pelea inconclusa, y a las sombras del destino que los van a llevar hacia la fatalidad de la muerte.
      Te agradezco tus buenos deseos para eate nuevo año. Te envío los míos, que tengas un maravilloso 2018. Querida angeloblu, te mando un gran abrazo, espero que llegue a Roma lo más rápido posible.
      Ariel

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  11. Desde el desconocimiento de la fecha de este relato o el anterior, he percibido un viraje en tu narrativa que me encanta. Las imágenes que dibujas siempre han sido hermosas, pero ahora se mueven, rebajas un tanto el tono poético y por contra aumentas la visibilidad del texto con verbos concretos, de acción.
    Por otro lado me han fascinado esas sombras como metáfora de un "asunto pendiente", y que además absorben a los protagonistas, nuevamente el movimiento sobre el personaje.
    Fantástico, Raúl.

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    1. Sigo buscando nuevas formas de contar, tratando de encontrar nuevos caminos que me posibiliten desarrollar los temas que me interesan. Como bien has advertido, los últimos relatos tienen menos figuras retóricas y un incremento en la acción. También las descripciones han mermado con lo cual se agiliza la narrativa. No lo he hecho en forma deliberada, tampoco pienso que el cambio de estética rebaje a la anterior, solo son diferentes. Creo que cambio todo el tiempo y siento que es positiva la aventura. Haroldo Conti decía al inicio de uno de sus cuentos más memorables: "La vida de un hombre es un miserable borrador, un puñadito de tristezas que cabe en unas cuantas líneas". Y lo llevó a la práctica, porque cada una de historias las contaba con un recurso estético diferente, pero todas tenían su sello inigualable. Salvando la enorme distancia, a mí me gustaría hacer lo mismo, cambiando siempre para mejorar esos borradores que van quedando en el camino, tarea que nuca se termina, afortunadamente.
      Me alegra mucho tu comentario, David, te lo agradezco mucho, de veras. Te mando un gran abrazo.
      Ariel

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  12. Un privilegio leer tus relatos. Es cierto que quizás es un relato diferente a otros anteriores por la forma más contenida de escribir, menos poética, que creo que le va muy bien a la historia. Las sombras de la venganza y el rencor cobran vida precisamente para arrebatarla. A mí también me recordó esas escenas antológicas de los westerns clásicos, un duelo en el que el odio está sentado en la mesa junto a los protagonistas, permitiendo que la muerte sea la única sombra posible. Un abrazo y ¡feliz año!

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    1. Sabes, Jose, yo disfruto mucho de tus comentarios porque tienes una mirada muy acertada. Has hecho un resumen exacto del relato, yo no lo hubiese hecho mejor. A ti también, como a muchos otros que han comentado, te ha recordado una escena del lejano oeste y debo rendirme ante la evidencia. Te diré que no ha sido mi intención, pero debo admitir que hay muchas similitudes entre un pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, en plena pampa argentina, y los pueblos que aparecen en los westerns. Los elementos que aparecen en el relato: las calles de tierra, la gente que se desplaza a caballo, el típico bar o taberna, y el modo violento de resolver las disputas, que en el siglo pasado se hacían a cuchillo y hoy con armas de fuego, son típicos en las pequeñas poblaciones de la llanura pampeana. Hay mucha literatura argentina que en su origen se denominaba "gauchesca" que tiene las características que te menciono, lo que sucede es que tal vez no sea conocida en el exterior. De todos modos es muy interesante conocer cuál es la sensación del que lee. En cuanto a los sentimientos que se ponen en juego, esos sí, creo que son universales. Es muy grato leer tu comentario, Jose, un placer que hayas pasado por aquí. Yo también te deseo que tengas un buen 2018 y te mando un gran abrazo.
      Ariel

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  13. Ya te lo han dicho en varios comentarios pero te lo repito yo en este. Ya desde el principio se nota que has modificado tu estilo habitual, dotas al relato de velocidad y acción. cada párrafo supone un avance en la historia, no se estanca en ningún momento. Aligeras las descripciones, las frases son más cortas, abundan verbos y sustantivos y disminuyen adjetivos y adverbios. Y el resultado es un relato que consigue meternos en la historia y llevarnos a toda velocidad hasta el desenlace, sin perder (yo diría que para el tipo de relato que nos traes, ganando más bien) esa pulcritud en el escribir que dan cuenta de lo en serio que te tomas tus relatos. Además te permites esconder una moraleja sobre lo que el odio hace en el alma. Veinte años esperando una venganza para al final morir sin poder disfrutarla, mejor así pues de no haber muerto nuestro protagonista se habría dado cuenta que seguramente la venganza tampoco le llena, que ha supeditado toda una vida a una quimera. Me recordó a una película que vi hace tiempo sobre la guerra en el pacífico, donde norteamericanos y japoneses terminan aniquilándose mutuamente en una isla. La película termina con la leyenda "nadie vence jamás", muy acertada para este tu cuento.
    Me ha gustado mucho Ariel, porque has sabido cambiar tu registro habitual sin perder como escritor, y esa capacidad para adaptarse a los diferentes géneros y saber contar de la manera adecuada en cualquiera de ellos, es de las virtudes que más admiro en un escritor, es de las cosas que como lector te descolocan al principio de un relato y consiguen adentrarte en un terreno inexplorado e inesperado que te mantiene en tensión durante la lectura.
    Aprovecho para felicitarte el nuevo año, que el 2018 traiga muchas alegrías y mejores escritos. Un abrazo.

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    1. Bueno, qué decir, sino que tu comentario es un gran aliciente. Me he animado a intentar un cambio de estilo para este cuento a modo de experimento y parece que por lo menos en esta primera oportunidad ha tenido buena acogida. Al ser un territorio nuevo se torna desconocido. Pienso que deberé escribir mucho y equivocarme será positivo para seguir avanzando hasta dónde pueda. Creo que la necesidad nació espontánea al mismo tiempo que la historia. Tal vez, debido a que últimamente he estado escribiendo relatos cortos, acotados al número de palabras, se ha generado también la necesidad de la economía de los elementos que tú mencionas. En definitiva, que estoy contento con la posibilidad de investigar en este terreno, quizás, alternando con el otro.
      Respecto de la venganza, tal como tú lo dices. No he visto la película que mencionas, pero está claro cómo lo explicas.
      El odio siempre me ha interesado en la vida real y por consecuencia en la ficción. Parece ser, según las últimas investigaciones de las neurociencias, fíjate tú, que el odio se genera en base a una emoción primaria que algunos denominan “vivencia experiencial de profunda antipatía activa e intencional”. Cuando esta emoción es procesada por la consciencia se convierte en sentimiento y, a diferencia de la ira que es de corta duración, el odio puede continuar almacenado por largos períodos, como es el caso del protagonista. Es muy interesante.
      Es muy importante para mí tener este comentario tuyo, porque como siempre te he dicho, tu mirada es muy clara y precisa, y me anima a avanzar con el intento de narrar desde otro registro. Yo también te mando mis mejores deseos para este nuevo año, tanto en lo literario como en los otros aspectos de tu vida. Te mando un gran abrazo, Jorge.
      Ariel

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