martes, 23 de enero de 2018

Bajo la luna llena


   La pantalla del televisor no mostraba ninguna imagen nítida. El aparato estaba encendido y solo ofrecía a la vista rayas inclinadas que cambiaban de forma rápidamente. 
   Dejó el mate sobre el mantel de hule y decidió acercarse para solucionar el desperfecto. Al levantarse, Visitación sintió una bola de calor que le envolvió los cabellos grises. Una nube ardiente encajonada entre las paredes de adobe se suspendía encima de ella, como cuando encendía las brasas de la salamandra, pero sin olor a humo. Pensó que algún día debería cambiar el techo de zinc por uno de tejas. Vivía en una casa baja en el extremo del pueblo, la última, y por lo tanto vulnerable, expuesta al rigor del clima del páramo. El verano era una mano de fuego abrasadora rodeando la vivienda.
   Se puso los lentes con armazón de carey para ver mejor y observó de costado el brillo de las líneas quebradas. Estiró el brazo hacia la parte de atrás del aparato y buscó a tientas el cable negro de la antena. Aquí dentro había poca luz y afuera todavía no amanecía. La lamparita de 40 watts colgaba de la viga principal disipando apenas la penumbra. Pensó que debería decidirse cuanto antes a instalar un tubo fluorescente. 
   Se acercó a la parte delantera del televisor tocando una por una las perillas, pero seguía haciendo rayas. Se decidió entonces por confiar en la antena casera que había fabricado. Estaba dentro de un plato hondo. Era una gran papa negra con dos agujas metálicas de tejer clavadas en forma de una V corta. Conectó la punta del cable a una de las varillas y verificó nuevamente. 
   Aparecieron unas figuras difusas, pero ahora escuchaba la voz del locutor, aunque entrecortada. Era un gran avance. Estaba orgullosa de las habilidades que había adquirido para la electrónica. Giró con cuidado la papa como corrigiendo un detalle. La pantalla por fin ostentaba una imagen nítida con todos los colores. Sonrió, volvió a sentarse y se sirvió otro mate.
   Visitación disfrutaba del desayuno mirando la televisión. De vez en cuando ponía el noticiario —le gustaba la política—, otras veces pasaba al canal donde mostraban los documentales, y casi nunca se perdía el programa de arte culinario para ver los platos extravagantes que se sevían en las mansiones de los millonarios europeos. 
   Se acomodó en la silla de cedro con asiento de mimbre, pisó el travesaño inferior con las chancletas gastadas, y siguió desayunando hasta que llegaron los avisos de propaganda. 
   Entonces apagó el televisor y comenzó a hacer un repaso mental de las tareas del día. Ya había amanecido. Afuera el sol asomaba con furor por encima de las montañas para castigar nuevamente al pequeño poblado de Chumbicha, en esta zona desértica al pie de la Cordillera.
   Estaba en eso cuando sintió golpear las palmas en la calle. Le llamó la atención que alguien llamara a esta hora. Se levantó, alzó la mirilla, y recién cuando se cercioró de quién se trataba entreabrió la puerta de chapa de hierro. En ese sentido era cuidadosa, había adoptado esa precaución al poco tiempo de fallecer su esposo Pancho. 
   Parado en la vereda con las manos en la cintura, transpirando y con la cara fruncida, se encontraba Fermín Choza, el comisario del pueblo. Al lado y un poco detrás de él estaba el cabo Chirilo, con el uniforme arrugado, sin gorra y con las manos en los bolsillos. El muchacho no llegaba a los veinte años. Solo servía para barrer el piso y lustrarle las botas al jefe.
   —Buen día... comadre —dijo el comisario, con una sonrisa impostada por debajo de sus bigotes, tratando de ser amable.
   —¿Qué se le ofrece tan temprano? —respondió Visitación, asomando la cabeza. Todavía estaba con el camisón puesto y se tomaba el canesú en un gesto de pudor.
   —Quería pedirle que me pase a ver por la oficina. Si puede ser esta tarde, mejor.
   —¿Y de qué se trata la entrevista?
   —Necesito hacerle unas preguntas.
   Visitación lo escrutó a fin de percibir las intenciones que traía escondidas. Siempre había desconfiado de este hombre y de las pocas luces del cabo que lo acompañaba. Aunque nunca había tenido problemas con las fuerzas de seguridad del pueblo, trataba de mantener las distancias que exigía el respeto mutuo.
   —Bueno… cuando pueda paso.
   El comisario infló los pulmones sacando pecho como un gesto de indudable autoridad y se tocó la visera con el dedo a modo de saludo. Le dijo algo al ayudante y se fueron caminando. A cada paso que daban se alzaba una especie de humito que soltaba la tierra seca, una especie de asma telúrico que acompañaba el andar de todos los que trajinaban este lugar. 
   En Chumbicha no había asfalto, ni siquiera en la avenida principal. No llovía hacía meses y los terrones se desmenuzaban formando una capa de polvo suelto, que se agitaba como la harina de centeno, aún bajo la pisada de los pájaros.
   Visitación cerró la puerta y continuó tomando mate.


   No quiso tardar mucho porque estaba acostumbrada a cumplir con su palabra. Por eso esa misma tarde, ya estaba sentada frente al comisario Choza, quien la esperaba en su despacho. Entendía que a un lugar así debía ir arreglada, por eso había puesto tanto esmero en los cuidados de su presencia. Se había perfumado con una colonia, con aroma a jazmín, que le había comprado a Ezequiel Cáceres, y lucía orgullosa el vestido nuevo. Había colocado con cuidado la bolsa a un costado de la silla y se sentía coqueta en la austeridad de la sala. Con las manos cruzadas sobre la falda blanca veteada en color limón miraba con curiosidad la decoración rústica del lugar. 
   Él habló primero.
   —Hace una semana que se están alborotando los gallineros —dijo el comisario, y se quedó callado unos breves pero sugestivos segundos, como si le hubiese hecho una pregunta, en vez de estar revelando una información.
   A Visitación no se le movió ninguna de las delgadas arrugas —ligeros cabellos de miel—, que surcaban su rostro apenas curtido por la severidad del viento. Su apariencia lucía despojada de las típicas cuarteaduras, labradas en la piel cobre, de los habitantes de este rincón alejado del mundo. Chumbicha padecía el castigo implacable del sol, que hacía reverberar el aire en la soledad de las laderas de los cerros de Catamarca. 
   Permaneció así unos instantes. Distraída. Recorrió con la mirada el enorme diploma colgado en la pared, más arriba de la silla adornada con pequeños tapizados en cuero verde, gastados por el uso, y luego volvió a prestar atención, porque el hombre seguía con el discurso.
   —Lo que pasa madrecita es que ya la gente está protestando —y, cuando dijo esto, puso los brazos sobre el escritorio, y adelantó su cara ancha agrandando los ojos oscuros y levantando las cejas negras. 
   Y, para ser más preciso acerca de la gravedad del suceso, continuó diciendo.
   —Así es comadre, de nuevo se habla de los zorros.
   Visitación advirtió la presencia de una telaraña redonda en la esquina del cielo raso, pero de inmediato corrigió el descuido de su atención, dirigiendo la mirada de sus ojos celestes a la cara adusta del comisario. Y le dijo.
   —¿Y para qué me está contando esto?, si se puede saber.
   Fermín Choza se paró como un resorte, se fue hasta el rincón caminando con las dos manos entrelazadas por detrás de la espalda, pensando en silencio. Regresó y se sentó en la esquina del escritorio de roble macizo, firmemente encastrado al piso de pinotea, sobre cuatro patas robustas. Bajó la cabeza y siguió hablando, pero en un tono más bajo, como para persuadir al entendimiento de la vecina más respetada del pueblo, quien le hacía el honor de devolverle su visita.
   —¿A usted le ha faltado alguna gallina últimamente?
   —No, porque yo las cuido.
   —¡Ajá!... ¿Y se puede saber cómo hace, comadre?
   —Es un secreto.
   Esta última frase fue como un balde de agua fría para la aguda inteligencia de Fermín, porque de algún modo le cerraba el paso de la siguiente movida de su certero interrogatorio. Pero lejos de rendirse, redobló la apuesta ante el rostro claro de la anciana. Y continuó diciendo.
   —Sabe lo que pasa, comadre, este pueblo está lleno de secretos, y como yo soy la autoridad necesito saber todo para resolver el problema. ¿Me entiende?
   —¿Y lo va a resolver solo preguntando?
   —Estamos realizando severos operativos nocturnos en todo el pueblo.
   —Era lo que me imaginaba.
   Visitación dijo esto último con voz clara y serena, sin intención de interferir para nada en la metodología de las investigaciones. En realidad, ella estaba convencida de que este hombre era un tramposo. Por eso no le creía nada, lo escuchaba simplemente para saber hasta dónde era capaz de mentir. 
   Como le pareció que la conversación ya se había terminado, con todo respeto se colocó el sombrero de paja —con cinta roja ancha en la base de la copa—, se levantó de la silla, tomó la bolsa y comenzó a buscar la salida. Un aroma intenso de jazmines quedó flotando en la sala siguiendo la cadencia de sus pasos.
   El comisario quedó desconcertado porque no llegó a entender hasta dónde llegaba la agudeza de la respuesta de la anciana. Y así, en la misma posición en que estaba, sentado sobre la tabla lustrada de su escritorio, Fermín jugó la baraja con la que pensó que ganaría la partida.
   —¿Por casualidad, comadre, usted tiene algún arma de fuego declarada? —dijo con acento militar, midiendo la potencia del efecto buscado.
   Visitación se detuvo. Se volvió despacio, tratando de no pisarse las alpargatas blancas recién almidonadas, y contestó con la tranquila pasividad con la que había hablado hasta ahora.
   —El encendedor para la cocina a gas.
   —¿Y nada más?
   —También la escopeta del 12, herencia de Pancho. Pero a esa la uso a la noche, ¿sabe?, para cazar zorros. Ayer, justamente, casi mato a uno porque me estaba alborotando a la bataraza ponedora. El estampido lo asustó y, por la forma de correr, más que a un animal de cuatro patas, me hizo acordar a su ayudante Chirilo. Había luna llena y lo vi clarito, clarito. 
   Fermín Choza se quedó mudo.
   Visitación aprovechó el silencio, metió la mano en la bolsa y sacó una gorra de policía. La depositó con cuidado en la mesita que estaba al lado de la puerta y volvió a mirar al comisario.
   —Aquí le dejo esto que encontré al lado del alambrado, por donde se escapó el zorro. En una de esas le sirve para la investigación.
   Y sin más salió del despacho rumbo a su casa, no fuera cosa que el comisario la estuviese entreteniendo demasiado con su charla y hubiese extendido las averiguaciones con algún “operativo diurno”.
   Cuando llegó, lo primero que hizo fue contar los huevos del gallinero. 
   No faltaba ninguno.

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32 comentarios:

  1. Hola Ariel, debo decirte que esta originalísima historia de un pago chico está verdaderamente impagable. La descripción, paso a paso de lo que sucede, raya a una notable altura. Sabes introducir al lector a ese rancho de un pueblo aislado pero de una manera medida y sin artilugios. Con una prosa sobria y sabia. Un equilibrio perfecto entre el lucimiento de las palabras y la narración de los hechos. Y no renuncias a ninguna de las dos cosas. Y lo mejor de todo. La historia queda allí, no hay crímenes, ni grandes dramas. Solo un hecho cotidiano, alguna pequeña acción, guiada por el engaño, entre esos seres desamparados que conviven en el lugar. Y algún hecho del pasado que sólo ellos conocen. La antena en base a una papa y dos agujas de tejer es un brillante hallazgo. Cada vez te noto más como un artesano de las palabras, una especie de ebanista de vocablos. Eres capaz de tallar la obra literaria a tu arbitrio y a tu antojo. Y eso no lo hace cualquiera. Salvo que tenga tu talento, claro.

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    1. Hola Néstor, es sumamente gratificante encontrarme con este comentario tuyo por muchos motivos, sobre todo porque hay un afecto en él que no puedo dejar de sentir, pero me quiero concentrar en los elogios del análisis del texto. En cada uno de esos aspectos vengo trabajando hace ya un tiempo en forma denodada lo cual te he expresado en varias oportunidades. Creo que voy avanzando, y me voy dando cuenta de los resultados, justamente, por lo que se desprende de tu mirada, a la cual es muy difícil que se le pase algo por alto, y porque sé que no tenés el halago fácil, y eso me da más certeza para orientarme. Estoy seguro de que el origen de este comentario es hacerme llegar generosamente el mensaje de que voy por el buen camino y eso es algo que te voy a agradecer siempre. El valor de tu experiencia, tu talento natural para comprender la literatura, el respeto enorme que te tengo como escritor, la potencia y la claridad que tienen tus conocimientos de la cosa literaria hacen que estos conceptos tengan un valor importantísimo para mí. No me equivoco si te digo que los tópicos enumerados se han constituido en los puntos en los cuales he insistido en corregir y pulir en este breve relato. Todas estas cosas, al menos esto creo yo, están naturalmente incorporadas a la hora de encarar tus escritos, pero yo necesito seguir trabajando con aciertos y errores para poder apropiarme de los secretos del "cómo se hace". La contundencia de tus conceptos acerca de las cosas importantes que se juegan al escribir son enseñanzas nobles y valiosas que me dejas aquí por escrito. No sabés la fuerza que me das con todos los elogios. Te mando un abrazo muy fuerte.
      Ariel

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    2. Te he leído fascinada en todo ese ritual de Visitación hasta presentarse en la Comisaría donde tuvo, como se dice por aquí, "la sartén por el mango". No hay nada que imponga más que el sentirse un@ segur@ de sí mism@, y esta seguridad es la que dio fortaleza a esta mujer ante quien pretendía amedrentar (el interrogatorio no tiene desperdicio).
      Lo has narrado de tal forma que casi he creído estar viendo un pequeño cortometraje.

      Corrígeme si me equivoco pero he podido ver cierto cambio en tu "registro", el que nos tienes acostumbrados, y me ha gustado.

      Un abrazo, Ariel.

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    3. Hola Chelo, qué bueno que te haya gustado el relato. La historia transcurre en un pueblo del interior de mi país en el cual se habla con un lenguaje localista. Me pone muy contento que no haya sido obstáculo para que lo hayas podido interpretar tan bien. Tiene formas de decir que no son usuales en las ciudades grandes o muy pobladas como Buenos Aires o tu querida Valencia. Por eso es muy interesante tu mirada para mí.
      Respecto del registro al que te refieres, pues sí, es verdad. Aquí están rebajadas las figuras retóricas. También he optado por disminuir las descripciones en las cuales el tiempo se detiene y darle más espacio a la narrativa, o sea la acción. Me alegra que te haya gustado este cambio.
      De todas maneras no abandono ningún recurso, estoy siempre buscando formas nuevas de contar.
      Por otro lado quise continuar con el modo de narrar que he utilizado antes para Visitación. Este personaje ya tiene un cuento que, justamente se llama Visitación y fue publicado en la revista literaria "El Narratorio" N° 15. Si te interesa puedes "pinchar" en la imagen de la derecha, arriba, en la versión web del blog.
      Gracias por pasar por aquí, Chelo.
      Un beso.
      Ariel

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    4. Claro que voy a ver esa revista y leer tu cuento, ¡gracias Ariel!

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    5. Espero que te guste, Chelo, y que lo disfrutes como a éste, espero no defraudarte!

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  2. Magnífico, Ariel. Qué bien contado el ambiente y la cotidianeidad en que se mueve la protagonista y qué bien dejas intuir los secretos, la opresión de ese mundo rural, las traiciones que también esconda, quizás. Me gusta mucho lo que te dice Néstor sobre la prosa sobria y sabia. Totalmente de acuerdo.

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    1. Muchas gracias, Marta, eres muy generosa. Me alegro mucho que te haya gustado el modo de contar que he utilizado para este cuento corto. Trato de buscar, te diría en forma casi constante, distintos recursos. Creo que es el mejor modo de andar a fin de conseguir una "voz" propia en este camino literario que, por fortuna, no tiene fin. Te mando un gran saludo.
      Ariel

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  3. Se nota Ariel que disfrutas con la escritura porque experimentas de un relato a otro, vas cambiando los recursos y tus voces pero siempre hay esa manera de hacer tan tuya, me han gustado esos cabellos de miel de Visitación que introducen ese lenguaje más poético que siento tan tuyo. Y me ha gustado la determinación de la mujer para no dejar que esos desaprensivos le roben sus gallinas, aunque te he decir que la autoridad no siempre da garantías y he pensado que podía pasarle lo peor.

    Muy bien contado, realmente ha sido como si viera una película.
    Besos

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    1. Qué bueno, Conxita, que veas una impronta personal en cada cosa que hago porque es buena señal de que estoy en la dirección correcta. Y esa delicadeza que tienes al mencionar la pequeña metáfora de los cabellos de miel es algo que me gusta mucho porque no sabes lo que me cuesta borrarlas al momento de corregir el texto para que no se torne empalagoso.
      Bueno, Visitación es una mujer muy precavida y tiene una capacidad que se suele atribuir a su género: calla mucho más de lo que realmente conoce de la consciencia de los hombres del pueblo, ya has visto como ha descubierto las maniobras oscuras del comisario.
      Conxita, muchas gracias por pasar y dejarme tu comentario.
      Ariel

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  4. Un relato para el que no tengo calificativos. Cuando leo un texto de esta calidad se me escurren los adjetivos, pues cualquier atributo se quedaría corto. Por ello no suelo usar demasiada palabrería para decir que algo me ha causado un gran efecto, como ha sido el caso. Lo que sí puedo y me atrevo a decir es que tu forma de narrar, aparentemente sencilla y natural, sin artificios, muestra un estilo muy rico que nos invita a releer el texto una y otra vez. Es fácil contar una historia pero no hacerla "visible" al lector como tu lo haces. Y lo que he visto a través de tus letras me ha encantado.
    Saludos.

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    1. Eres muy amable, Josep, de veras que es en extremo halagador y, como consecuencia, muy reconfortante tu comentario lleno de elogios. Sabes, yo creo que cada uno de nosotros va forjando un estilo que lleva en sí un objetivo dirigido al que va leer el texto, un "para" como se suele decir. En mi caso, ya te habrás dado cuenta, se trata de escribir "para conmover", para lo cual trato de concentrarme en los sentimientos, lo cual me lleva a colocarme en la piel de los personajes, en tanto me sea posible. Tal vez sea ese el motivo de lo que te sucede cuando me dices que la historia se te hace "visible" cuando la lees. No es que esté seguro totalmente de lo que te estoy comentando, solo es una especulación dado que el hecho literario, como tú sabes, es casi todo subjetividad. Es un placer tenerte aquí, Josep, me alegra mucho que te haya gustado el relato. Un saludo grande para ti.
      Ariel

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  5. No quiero repetirme, Ariel. Suscribo todo lo que ya te han dicho. Yo me quedo con la fuerza de esta mujer de apariencia frágil, con su inteligencia y valentía que no se deja avasallar por quien utiliza la autoridad para abusar de la gente. Un beso muy grande y felicidades por

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    1. Muchas gracias, querida Ana. Sí, Visitación es solo en apariencia frágil, como tú señalas, y tiene a su favor que es bastante pícara para manejarse con un comisario no muy avispado como es Fermín Choza.
      Es un placer que estés, como siempre, por aquí. Muchos cariños. Te mando un beso.
      Ariel

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  6. Me encanta, Ariel, es que me encanta que te haya salido el lado simpático, de verdad. Sé que eres un hombre sensible, que generalmente habla de las miserias y vicisitudes del ser humano, pero con ello no digo que seas triste o pesimista, ni mucho menos, porque tus relatos rezuman vida, muchísima vida. En este me he deleitado desde el principio con la meticulosidad de esta mujer con todas las letras. Su minuciosidad para colocar la antena dice mucho de ella, desde luego, y esos detalles que le imprimen carácter al personaje, tan realistas, como el de llevarse la mano pudorosamente al canesú, están muy logrados. ¡Y lo que me he reído en la comisaría! Porque me lo veía venir, te lo juro, sabía que la "abuelita" tenía un as en la manga, lo de depositar la gorra como si tal cosa, una genialidad. ¡Qué bueno que te hayas decidido a sacar el arsenal del humor! A mí es que me emociona cambiar de registro continuamente, por eso valoro también eso cuando visito a los demás. Gracias por abrirme las puertas de tu casa, Ariel.
    Un beso
    Eva

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    1. Que nunca se pierda el humor, Eva. La vida tiene cosas maravillosas que merecen ser vividas con toda la intensidad de la que uno sea capaz. Es verdad que hay cosas tristes que me indignan y entonces me sale de adentro armar un personaje que las cuente para dar testimonio de que eso está mal. Pero también está la picardía y la ternura que es capaz de dar un personaje como Visitación, que, créeme, se las sabe todas de antemano.
      No sabes lo contento que me pone que me digas que te has reído, te imagino, te juro que pareciera que te estuviese viendo, y me agrada sobremanera. Es muy fácil porque cuando tú escribes, sobre el tema que sea, lo haces con un derroche de vitalidad que, por lo menos a mí, me sugiere un optimismo desbordante y contagioso del cual uno no sale indemne, eres capaz de trasmitir esa especie de felicidad que casi se puede beber.
      Y, además, Eva, tenemos la gracia de disfrutar escribiendo, esta cosa tan "rara" que es la literatura, tan misteriosa y tan mágica, que nos pone felices como niños cuando nos sentamos y empezamos a soñar al compás del ronroneo del teclado. No. Pedir más, creo que sería demasiado.
      Las puertas para ti están siempre abiertas, no necesitas llamar, solo abres y entras, ni siquiera les pongo llave.
      Un beso.
      Ariel

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  7. Veo Ariel que estás experimentando con nuevos registros cada vez con más frecuencia, y eso me agrada como lector. La capacidad de sorprender con lo inesperado es una virtud en cualquier escritor, y en este mundo bloguero donde tanto nos leemos y nos conocemos, más si cabe. En este relato cambias la temática, más alejada de la introspección de los sentimientos que tanto te caracteriza, utilizas un lenguaje más fluido y tiras de los diálogos para contarnos gran parte de la historia. Siempre he dicho que en el buen uso de los diálogos se ve gran parte de la capacidad de un escritor para manejar una historia, y en este caso son perfectos, naturales, cada personaje con su propia voz, el comisario autoritario y amenazante, la mujer segura de si misma que no quiere dar un paso en falso y aguarda hasta que llega su momento, en todo instante manejando la situación. Una trama sencilla pero que presentas de forma interesante para que nos metamos en la historia. Un placer leerte, Ariel. Un abrazo.

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    1. Es un buen aliciente lo que dices de los diálogos porque es un arma que tú dominas a la perfección. Aunque los he tocado y retocado varias veces, han nacido casi con el relato en forma espontánea, sin forzarlos, tal vez por ahí esté la cosa. Tú sabes que estoy aprendiendo todos los días y el único modo de hacerlo es, en mi caso, escribiendo y escribiendo. Y, tal vez, el cambio de registro sea un buen camino, por lo menos en mi caso, para tomar distintas perspectivas que me lleven a ir avanzando en el buen uso de estos elementos, siempre vistos como herramientas, y tratando de sacar de ellas nuevas posibilidades. Todo al servicio de poder contar cada vez más y mejor, hasta donde mis habilidades me permitan llegar. Como siempre, Jorge, te agradezco este modo de comentar que tanto me aporta. Un abrazo grande.
      Ariel

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  8. <Guardado a buen recaudo. Volveré :)

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  9. Hola Ariel!, qué sorpresa me acabas de dar,... creo atisbar un toque irónico en tu relato al que no nos tenías acostubrado,... pero he de reconocer que queda francamente bien. Sigues en ese entorno hostíl, casi telúrico que me encanta, ya lo sabes! Cuando comenzaba a leer el relato, me recordaste mi primer viaje a Guatemala y me di de bruces con unas bonbillas en las que se podía ver ese filamento apenas iluminado con los 110 voltios. Enhorabuena por el cambio de registro!

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    1. Hola Norte! Sí, así es, Visitación tiene ironía, picardía y también ternura. Y, como tú dices, sus historias se desarrollan en un contexto telúrico. Es el segundo cuento que hago con ella y es probable que nos siga acompañando en alguna otra oportunidad, porque intuyo que posee mucha riqueza, junto a otros personajes que puedan salir del pueblo de Chumbicha, como el comisario.
      Sí, es verdad, en Latinoamérica todavía se ven las bombillas incandescentes, y en el interior de la Argentina también, aquí en Buenos Aires ya están desapareciendo.
      Me alegra que te haya gustado, a veces necesito ir cambiando de registro. Es muy importante para mí que me des tu parecer, y más importante aún tener tu beneplácito.
      Te mando un gran abrazo, amigo Norte!
      Ariel

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  10. Tiene este último aporte tuyo Ariel, una hondura enorme escondida bajo la aparente sencillez con la que parece que escribes (conozco el esfuerzo que esto supone).
    La papa y alfileres que hacen de antena, la tierra seca, tan bien retratada, que rodea al chamizo, el mantel de hule, la inteligencia inusitada de Visitación. Y el contraste con los dos bobos, el fatuo comisario y su ayudante ladrón.
    Mimas los detalles con una delicadeza extraordinaria haciendo, de un suceso casi anodino, un pedazo de li-te-ra-tu-ra.

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    1. Sabes que mi forma de escribir no es rápida, hay mucho trabajo de escarbar, colocar y sacar, leer y releer hasta que el relato va tomando la forma y el fondo que persigo. Y sabes también que cada vez disfruto más de esta tarea. Y a pesar de eso, es muy lindo que eso no se note y que parezca un texto fresco salido de primera mano.
      Y sabes, también, que aunque el registro en el que escribo sea más "superficial" hay detrás algo que me parece que tiene importancia, al menos para mí, a fin de reflexionar. Y si, además, a ti te parece que forma parte de la literatura, esta llanura maravillosa en la cual están dadas las libertades para que podamos crear, entonces, Isabel, me doy por satisfecho plenamente.
      Me has dejado un precioso comentario, te lo agradezco mucho Isabel, siempre tan generosa conmigo.

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  11. Hola Ariel.Leyendo buenos relatos se aprende y también se disfrutan. Saludos

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    1. Hola Betty, muchas gracias por lo que dices y por dejar el comentario. Te mando un saludo.
      Ariel

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  12. ¡Hola, Ariel! Un relato que confirma lo que percibí hace unas semanas en cuanto a un nuevo rumbo a tu narrativa, creo que ya te lo comenté. Es un relato con un punto de humor negro maravilloso y, sobre todo, muy visual. Te adentras en el género negro donde la historia tiene más peso que la manera en la que está contada. Los diálogos, fantásticos. Tanto que quizá podrían haber tenido más protagonismo en la historia. Sigue por este camino porque te llevará a una voz propia que aúne tu absoluto dominio del lenguaje y la prosa, a una narrativa más centrada en la historia. ¡Reverencia! Un abrazo!

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    1. ¡Hola David! Sin darme cuenta he estado virando más hacia la narrativa que a la descripción, es cierto que todavía tanteando el camino, con pasos un poco inciertos. Dices que voy en una dirección positiva y te lo agradezco mucho porque son valiosos consejos que vienen de tu experiencia y tu buen leer. Aquí aparece un territorio que tiene bastantes asperezas para mí que es el de los diálogos, espero seguir avanzando a través de él en tanto me sea posible. Me has dejado un comentario de los que me gustan, porque vas al meollo de este lenguaje misterioso que es la literatura. Un gran abrazo!
      Ariel

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  13. Caro Ariel sono stata un pò lontana dal blog in questo periodo e così ci tenevo a farti un saluto. I miei complimenti perché, come ti ho sempre detto, riesci a farmi immergere completamente nelle tue storie, i dialoghi sono bellissimi.
    Ti abbraccio carissimo.

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    1. Hola, querida angeloblu, me agrada mucho que hayas venido a saludarme. Es muy bonito para mí saber que a pesar de las distancias que impone el lenguaje, te hayas podido sumerjir en esta historia de rasgos autóctonos, que se desarrolla en el interior de mi país, en un pueblo pequeño alejado de las grandes ciudades. Creo que lo has podido interpretar por la enorme sensibilidad que tienes.
      Pronto estaré visitando tu blog porque he estado alejado de allí. He visto que has escrito un hermoso texto, con mucho sentimiento. Hay una tristeza profunda en tu prosa, pero también reflexión y belleza. Te digo un secreto: yo también tengo la costumbre de escribir de noche. La oscuridad y el silencio me dan el entorno perfecto. Un abrazo, querida angeloblu, muy afectuoso desde Buenos Aires.
      Ariel

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  14. Hola Ariel, hacía unos días que me prometía leer tu cuento. Hoy me he reservado el momento y me he deleitado con la lectura. Qué decirte. Es una pintura, que me recuerda a un lugar, a un pueblo pequeño que conozco.. A medida que leía, mi mente veía las imágenes de un pueblito de la provincia de Buenos Aires, tu personaje tan maravillosa como la describes a doña Visitación, parece también como si la estuviera viendo, caminando por esas callecitas de tierra. Su forma de vestirse, sus modales, su picardía. lo mismo que la descripción de su casa, el televisor ( como dicen en los pueblos) que no funciona bien por la precariedad de las conexiones eléctricas.. Precioso cuento, esta vez has dejado que surja tu veta humorística. Me ha encantado. Un abrazo.

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    1. Hola Mirta. Qué bueno que te decidiste a leerlo. Visitación es uno de los personajes que más quiero, y he tratado de reflejar en ella el espíritu picaresco que caracteriza a la gente del interior. La lectura que has hecho es perfecta y me pone muy contento porque, hay muchos compañeros que me dejan sus cálidas palabras, pero que al no conocer Argentina les cuesta comprender algunos tramos de la historia porque carecen de las vivencias necesarias de haber andado por esos pueblitos que, en tu caso, te acercan los recuerdos a la memoria para completar la interpretación.
      Es muy hermoso tu comentario, te lo agradezco mucho, me pone muy contento que me hayas dejado este regalo. Es muy lindo saber que el cuento te ha gustado. Te mando un gran abrazo.
      Ariel

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