martes, 12 de diciembre de 2017

Estatuas de sal


   Julián llega en bicicleta a la vivienda restaurada por él, entre las ruinas de este pueblo: veinte manzanas de vestigios en desorden, testigos del cataclismo, hormigones quebrados, huecos en paredes donde hubo ventanas, soledad y silencio.
   Deja la bolsa sobre la mesa. Ha comprado en la ciudad vecina una hogaza de pan, y dos botellas de vino. Se acerca a la ventana y mira hacia la laguna de Epecuén. Es más salada que el mar, las olas de la orilla babean espuma, y la playa es un manto infinito de granos de sal.
   Recuerda cuando tuvo que deshabitar la casa, antes de la inundación que cubrió todo y le arrancó la vida a Helena, su mujer.
   Hace nueve años, el agua se retiró y los restos retorcidos del caserío emergieron por completo, desnudando la calamidad. Julián volvió y es el único habitante de esta villa maldita que ya no existe.
   En las noches de luna llena, cuando la superficie del lago es un espejo de mercurio, baja a la playa a modelar la estatua de sal con la figura de su mujer, y termina su labor, antes de que los primeros resplandores del sol, disparen las saetas rojas del amanecer, hacia la parte más alta del cielo.
   Hace la tarea de rodillas. Tiene los pantalones roídos porque los cristales blancos lastiman como astillas filosas. De vez en cuando los remienda con cueros para evitar los tajos sobre la piel.
   Las tormentas que se desatan sobre Epecuén destruyen la estatua, a veces la quiebran. Por eso cuando el viento sudeste encrespa la superficie del lago, él vigila desde su casa la escultura de Helena.
   Si la figura se disgrega, espera que amaine el temporal, y baja a la playa para hacer otra, apurado quizás por rescatar el amor que se tuvieron: puro, melifluo, inmaculado.
   Fabricar estatuas le cuartea las manos, pero no le importa porque siente que vuelve a acariciar las mejillas de Helena al borde de la laguna.
   Julián es de esos hombres que se resisten al olvido fabricando ilusiones, para poder seguir viviendo, y no caer en la locura.


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28 comentarios:

  1. Hay veces en que es imposible desasirse de los recuerdos, del amor, de la vida anterior aunque se haya derrumbado. Tu protagonista quizás sea capaz de hacerlo más adelante, pero no todavía...

    Un texto muy hermoso, Ariel, ¡como siempre! Eres un maestro creando un clima de nostalgia, belleza y sentimiento en el que nos sumerges sin trabajo. Un placer leerte, como siempre.

    ¡Un beso!

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    1. Así es, Julia, los recuerdos y su oponente, el olvido, siempre están dando vueltas en nuestras cabezas y no obedecen a voluntad ninguna.
      Es tan bonito lo que dices de este micro que no sé que escribirte a modo de agradecimiento. Solamente una persona sensible como tú puede percibir lo que me dices. Eres en extremo generosa, me has puesto muy contento.
      Un beso.
      Ariel

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  2. E' sempre una piacevole sorpresa leggere i tuoi racconti caro Ariel, è come immergermi in un mare di emozioni, sei riuscito a portarmi li, in quel villaggio, sulla riva di quel lago, avvicinandomi al tuo personaggio e sentirne la sua malinconia, quella del suo passato.
    Sei veramente bravo, i miei complimenti ed un grande abbraccio da Roma.

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    1. Eres una mujer muy generosa angeloblu, es muy bonito tu comentario, me llega al corazón, porque conmover al lector es lo que le da sentido a lo que escribo. Pero para lograr esto es necesario que exista una persona sensible como tú para que se produzca el misterio, y puedas sentir la melancolía del personaje en el entorno de ese paisaje tan desolado. Muchas gracias por tus halagos. Te mando un afectuoso abrazo desde Buenos Aires.
      Ariel

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  3. Melancólico, dulce, tierno y muy poético. Un texto bellísimo.

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    1. Muchas gracias, Marta, por todos los elogios que le pones al texto. Me alegra mucho que te haya gustado.
      Ariel

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  4. Supuse Ariel, que te había basado en un hecho real como soporte de este relato, así que estuve “mirando” como en el año 85 el agua se tragó el pueblo entero de Villa Epecuén. Pero al margen de estos desastres y desgracias lamentables, lo que importa es como engarzas una historia particular en un entorno general. Siempre he sido de la opinión de que si hablas de cientos de muertos, generalizando, no se siente la tragedia si no la personalizas. Julián y Helena son los sujetos directos de la desgracia, y se siente el dolor más directamente que embutiéndolo en una estadística.
    Hay, además, cierta poesía en el dolor de ausencia, y es tu modo de contarlo querido Ariel.

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    1. Hay ciertas tragedias, como ésta, que parecen salidas de un cuento por la desmesura que tienen. Este suceso que ha ocurrido ya hace tiempo, como tú señalas, ha quedado muy presente en mi curiosidad y, de repente, ha aparecido una especie de revelación, o como quiera que se llame, que me ha llevado a imaginar a esa persona que regresa al pueblo destruido, y que tiene la manía de hacer estatuas en un intento, por cierto ilusorio, de conservar a la mujer que ha perdido. Habrás leído, seguramente, que Epecuén es una laguna endorreica, por lo cual el grado de salinidad es enorme, el fondo de la laguna y la playa están cubiertos de granos de sal, de modo que la posibilidad de hacer estatuas es cierta, tal vez eso haya sido lo que me llevó a escribir esta pequeña historia.
      Me encanta que hayas leído acerca de lo que en la Villa ha pasado, porque te ocupas de saber más acerca de lo que escribo y eso me pone muy contento, de veras te lo digo, Isabel, ese interés que demuestras me pone muy orgulloso. Y tus halagos también, por supuesto, que eso de la poesía, ya sabes, me infla como una vela.

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  5. Con tu estilo elegante y poético nos dejás otro relato colmado de soledad y amor.
    Me gustó mucho, Ariel.
    Te agradezco desde el corazón las palabras cálidas y afectuosas que me dejaste en el blog. Es un momento duro y triste para mí, estoy al borde de mis fuerzas y hoy me tomé un rato para saludarlos a ustedes, mis amigos virtuales. Mi hermana tuvo un ACV y sigue con pronóstico reservado, aunque más estable.
    Un enorme abrazo.

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    1. Hola querida Mirella, qué sorpresa agradable, es un placer ver aquí tu comentario, muchas gracias por lo que me decís, me alegro que te haya gustado.
      Imagino por el momento que estás pasando, comparto tu tristeza, no sabía lo del ACV pero supuse que se trataba de algo que te superaba, por eso quise ponerte algo lindo, afectuoso, porque creí que era un modo de paliar un poco el sufrimiento.
      Está bueno que hayas pasado a saludar a tus amigos virtuales, quizás te saque un poco, aunque sea, de tus preocupaciones. Nos conocemos poco, solamente a través de esta actividad que a todos nos gusta que es escribir, pero aunque sea en ese plano, se genera un vínculo, yo te tengo mucho aprecio y no me es indiferente saber que estás sufriendo.
      Me alegra que tu hermana esté estable, eso es una buena señal, hoy en día hay muchos avances para retrotraer el daño que provoca ese tipo de accidentes, espero que ella pueda transitar ese camino y se vaya restableciendo.
      Te mando muchos cariños, mucho afecto, y mis mejores deseos. Un abrazo grandote y cuidate mucho.
      Ariel

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  6. Calamidades como la que sufrieron tus protagonistas se repiten por todo el planeta, Ariel, pero hacerlas únicas es tan fácil como individualizarlas, como bien comenta, Isabel, que es lo que haces de una manera tan poética. El dolor por la desaparición del mundo que conoce Julián se refleja en la pérdida de su esposa, quizás las aguas vuelvan a su fuero, quizás se reconstruya el pueblo, pero ella jamás volverá, y esa es su condena. Precioso texto, Ariel, como todos los tuyos. Enhorabuena.
    Un beso.

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    1. Cuánta razón que tienes, Eva, calamidades hay en todo el planeta, y Epecuén ha sido una más, en aquél momento el nivel de la laguna subió 10 metros y sepultó al pueblo. Así las cosas. Pero, lo cierto es que, muchas veces tiendo, como es el caso, a utilizar los episodios de la realidad como anclaje, los saco de allí y trato de buscar el lado mágico y colocar un poco de belleza o poesía, como tú dices, en ellos. Y tal vez sea, para llegar a lo que más me interesa, que son los sentimientos de los personajes, como el dolor por la pérdida de un ser querido, aunque sea en este breve micro en el cual no me estaba permitido excederme de las 350 palabras. Como siempre te agradezco mucho tus elogios, que de veras me hacen mucho bien, no te imaginas hasta qué punto.
      Un beso.
      Ariel

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    2. Cuando leo tus relatos nunca sé si tomas las historias como pretexto para jugar con las palabras y crear poesía o al revés. Hay tanta belleza en los sentimientos y las historias, tanta luz en sus imágenes. Y al final siempre logras que me quede con un rastro de añoranza y melancolía, como si quisiera meterme en tu cuento y quedarme allí.
      Un beso y enhorabuena

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    3. Muchas veces he pensado acerca de las posibilidades que tiene el ejercicio literario, es un juego maravilloso, como un baile muy personal entre el autor y la lectora, en el que cada uno va proponiendo una variante de la danza, y así, entre vuelta y vuelta van dibujando entre ambos las figuras que desean en una combinación perfecta. Y si la lectora quiere quedarse dentro del cuento el autor siente que ha logrado toda la magia que pretendía.
      Me has dejado un precioso comentario, Ana.
      Un beso.
      Ariel

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  7. Hola Ariel. Hace poco estuve cerca de Epecuén. Bueno, de lo que ha quedado de Epecuén. Debí viajar por cuestiones de trabajo a Pigüé, en el sur de la provincia. Y aunque no lo creas, ahora que la laguna se retiró del pueblo han comenzado a realizarse excursiones para los turistas. Desde ya que no fuí. Estaba muy justo de horario y tampoco tenía interés. Para desolación me alcanza con mi vida. :) Bueno, tampoco te lo creas del todo. Este breve y bello relato corto acerca de ese hombre que regresa a recrear su pasado es muy impactante. El húmedo y fantasmal paisaje y su propio dolor interior están narrados de una manera magnífica. Gran trabajo, como siempre. Te mando un fuerte abrazo.

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    1. Hola Néstor. Es verdad, algo vi por Youtube acerca de las visitas a pie que se están haciendo por la Villa. Lo que más me impacta de lo que ha quedado de este pueblo en ruinas, ahora que se ha retirado el agua, es el color blanco que tiene todo y la falta de hojas en los árboles, porque han quedado muertos, comidos por la sal. Esto, creo, que le da al paisaje ese aspecto fantasmal al que hacés mención.
      Me alegra que te haya gustado este microrrelato. Te mando un abrazo.

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  8. Hola Ariel,
    Julián hace muy bien en seguir fabricando ilusiones, la vida se trata de eso, aunque a veces, aunque duela también toca avanzar. Y él sigue en el mismo punto que hace nueve años. Un relato precioso, donde la eternidad del amor se muestra desde la primera palabra. Rompe el corazón por el dolor que habita en el texto, esa soledad que ni las mejores intenciones pueden eliminar, pero es muy bello.
    Un beso.

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    1. Hola Irene, de veras que me han conmovido tus palabras porque has sabido ver el dolor de Julián y también la ilusión de la que no se puede desprender, a pesar de que sus estatuas se desvanezcan una y otra vez. Como tú dices, la vida es una fábrica de ilusiones, de sueños, qué sería de nosotros si no las tuviésemos al alcance de la mano.
      Un beso.
      Ariel

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  9. Hola Ariel,... que tristeza, por el terrible suceso;... que desconsuelo, por perder a la persona amada;... que desolador, mantener un recuerdo con la sal,... la misma que brota de las lágrimas de dolor. Hermoso, intenso,... como siempre Ariel!

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    1. ¡Hola Norte!
      Así es, la Villa de Epecuén sufrió la tragedia de ser cubierta por completo por la laguna durante veinte años. En 2008 empezó a bajar el nivel y hoy se ha retirado por completo el agua y ha dejado las ruinas blancas de lo que fue ese pueblo.
      Es un placer que te haya gustado es micro-relato. Muchas gracias por tus elogios que, como siempre, me hacen mucho bien. Un abrazo!
      Ariel

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  10. Un placer leerte, Ariel. Tu texto nos embarga de una mezcla de ternura y tristeza. El amor perdido en este caso por el terrible acoso de las aguas nos sensibiliza. Y esa soledad del personaje que se ha ido a vivir allí cuando las aguas bajaron, solo para estar a solas con su amor, nos llena el alma.
    Un abrazo

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    1. El placer es mío, Mirna, porque en este breve texto has podido extraer lo sentimientos enumerados, tan caros para el personaje, y que son lo más importante que le he querido colocar a estas pocas líneas.
      Un afectuoso abrazo.
      Ariel

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  11. Con la curiosidad que me despierta cualquier acontecimiento histórico, me he puesto a leer también sobre la inundación de Epecuén y sus consecuencias, descubriendo además que como indicas hay un hombre solitario que se ha resistido a abandonar el pueblo y es hoy en día su único habitante permanente. Trágica historia sin duda, que te agradezco nos hayas traído a tu blog para nuestro conocimiento. Salvando las distancias me recuerda a la tragedia de Ribadelago que sufrimos aquí a finales de los cincuenta, en la que la rotura de una presa se llevó por delante un pueblo entero.
    Respecto a las virtudes literarias del relato, destacar tu prosa poética habitual, la idealización femenina tan presente en tus obras, personificada en la estatua de sal de Helena, y la delgada línea entre la cordura y la locura que tan a menudo sobrevuela tus relatos, perfectamente entrelazados en este breve texto. Un abrazo Ariel.

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    1. Qué bueno, Jorge, que hayas tenido la curiosidad de conocer más acerca del suceso, esto habla muy bien de tu habilidad para investigar. El interés por conocer más es una forma de proceder que me pone muy contento y que me halaga, me pone más orgulloso por lo que he escrito, es una sensación extraña.
      Has visto, Pablo Novak, quien creo que todavía vive, tiene 86 años, dice que ha vuelto a la villa para quedarse porque es su lugar en el mundo y está decidido a morir allí, su historia también ha sido un factor importante para escribir este breve relato. Hay una confluencia de cosas que en algún momento me llevaron a acumular mucha información para hacer un cuento largo que transcurre en ese lugar, y que tengo en ejecución. No sé si va a llegar a buen término, pero en paralelo estoy trabajando en eso.
      He estado curioseando un poco acerca de la tragedia que me cuentas y, sí, hay paralelos, aquí en Epecuén, cosa que no me asombra, hubo negligencia política (un eufemismo demasiado candoroso) que aún hoy está en discusión. Y también diferencias. Por lo que veo, allí fue todo muy rápido, en cambio aquí, se fracturó un pequeño tramo del terraplén de contención y la inundación duró muchos días con lo cual se pudo evacuar sin lamentar muertes. Otra de las cosas que sucedieron aquí fue que la creciente de las aguas aflojó los terrenos del cementerio y los ataúdes flotaban, los familiares debieron buscar a sus muertos y llevarlos al cementerio de la ciudad vecina, fíjate si hay material para un cuento.
      Te agradezco mucho lo que me pones acerca de las virtudes literarias que tiene este breve relato, eres muy amable, Jorge. Yo te mando un abrazo y te deseo que tengas un ¡feliz 2018!
      Ariel

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  12. Triste el suceso pero bellas las palabras que se dibujan en tu relato, me ha parecido ver a Julian construyendo esa escultura de sal porque hay amores que nunca desaparecen. Tierno y triste ese recuerdo que se intenta recrear una y otra vez.
    A mi siempre me producen tristeza esos pueblos olvidados o sepultados bajo aguas de pantanos que un día estuvieron llenos de vida.
    Besos Ariel y felices fiestas

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    1. Conxita has puesto la mirada en lo que para mí es el nudo de la historia, esa idea alrededor de la cual fui construyendo este pequeño relato: la persistencia de un sueño, la ilusión de recuperar, vaya a saber por cuál comportamiento del corazón de Julián, de la presencia de Helena. Cosas que tenemos los seres humanos para sortear la tristeza de ausencia, artilugios que ponemos en marcha para soportar este sentimiento. Somos capaces de cosas atroces pero también de acercarnos a la ternura de la manera que lo hace Julián.
      Villa Epecuén hoy parece un caserío derrumbado por un terremoto, tiene un aspecto desolador, triste, muy triste, como tú dices.
      Muchas gracias por llegar hasta aquí a dejarme tu bonito comentario.
      Besos para ti, cariños para los tuyos y ¡feliz 2018!
      Ariel

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  13. Hola R. Ariel,
    Tenía ganas de leerte en otra escena y esta escena es muy delicada. Logra captar el sentimiento de la pérdida a veces apenado por lo que conlleva pero desde mi punto de vista, a veces, tomamos "manías" para sofocar el dolor. Todavía no se me ha fallecido alguien lo suficientemente fuerte cercano o ligada a esa persona para sentir tristeza pero está muy bien enfocado. Sinceramente, se puede sentir el dolor que siente Julián muy de cerca. Te felicito, me ha gustado mucho. Un saludo!

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    1. Hola Keren!
      Qué bueno que te haya gustado esta pequeña historia. Como tú dices, en la realidad de cada uno como ser humano, algunas personas adoptan comportamientos extraños para poder sobrellevar el peso de una pérdida irreparable. En la Literatura, nosotros, como escritores, tenemos la posibilidad de hacer que nuestros personajes tomen actitudes todavía más extrañas, casi cercanas a la locura, como es el caso de Julián. Es muy misterioso, no sé muy bien porqué lo hacemos, pero nos gusta jugar con esas posibilidades. Me alegra mucho que te hayas interesado en leer algo más de lo que escribo, y es un placer saber que también te ha gustado.
      Te mando un afectuoso saludo.
      Ariel

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