sábado, 3 de junio de 2017

Una noche fría

   No existe la metáfora perfecta para contar la historia triste de Ramón. Tal vez sería adecuado pensar que es un poco pájaro, y, dado que las aves no poseen alma, asumir que un hada invisible, mediante el embrujo adecuado, ha agregado lo necesario, de manera que en su interior se fusionen pensamientos y emociones.
   Hace dos meses que lo desalojaron de la pensión junto con varias familias que vivían allí por falta de pago. Y bueno, es que su jubilación no le alcanza para todo lo que tiene que pagar: medicación, alquiler, alimento. Este fue el inicio de su tragedia. Un manotazo feroz llegó desde lo alto a desbarrancarlo, a expulsarlo de su pequeño paraíso de cuatro paredes descascaradas. Un nido pobre, pero que le daba cobijo. Pero no pudo defenderse de los dioses terrenales, poderosos, desalmados, asesinos, que mandaron a sus soldados con el fin de hacer una tarea tan atroz. No saben ellos, ni siquiera imaginan, acaso, qué siente un ave cuando la arrojan, la separan, le infligen esa condena.
   Debía casi un año de alquiler, fue lo primero que dejó de pagar. Llegaron varias intimaciones del dueño de la vivienda, pero como eran muchos los deudores, un día vino la policía y lo expulsaron, junto con los demás, apenas le dieron tiempo para recoger sus cosas. Sintió el desamparo en el plumaje húmedo. La soledad lo abarcó por dentro como una enfermedad terminal, una bofetada lo había arrojado al vacío. La calle se convirtió en un ámbito siniestro que no abrigaba su corazón anciano. Le habían aplastado la dignidad, la suela del oprobio lo había pisado como si fuese un delincuente. La angustia y la congoja le ensombrecieron la cara y el espíritu. Comenzó así su decadencia. Como una paloma con las alas quebradas, su cuerpito leve, en la tempestad, fue sacudido por los vientos feroces que lo golpearon una y otra vez, con furia, contra las paredes de la ciudad, hasta dejarlo moribundo.
   Dejó de comprar los remedios y más tarde empezó a racionar la comida. Le alcanzaba para llegar a mitad de mes y, entonces, inevitablemente, después se quedaba sin comer. La indigencia avanzó sumando penurias, arrasó todo vestigio de cobijo. El hambre comenzó a hacer su trabajo secando sus tripas, devastó su ánimo. El ruiseñor acalló su canto triste, se fue encorvando por el castigo. De la voracidad del invierno obtuvo solo cenizas que lo congelaron por dentro y le pintaron el rostro sombrío que luce por fuera. 
   Ramón, ahora, camina despacio, está anocheciendo. Hay cosas que ya no le preocupan. Se acerca a un tacho de basura y revuelve. Busca algo para comer, cualquier cosa le vendría bien. Poco es el alimento que necesita un jilguero de cuerpo leve, pero ni tan solo ese mínimo consigue. Escarba con sus uñas negras, entre los vericuetos de la intemperie, y nada.
   Tiene una botamanga del pantalón rasgada que arrastra como un trapo sucio que se le pegó al zapato, como si fuese una mascota que lo sigue, como un retazo que acompaña a su amo no importa a dónde vaya.
   A los pocos días de quedar en la calle consiguió un pedazo de gomaespuma y algunos trozos de frazadas descoloridas. Tiene los cacharros que salvó de la pieza donde vivía en un changuito de alambre sin ruedas. Los tiene en la esquina, el primer piso de la ochava es un techo más clemente que un cielo encapotado con amenazas tenebrosas.
   Se detiene, se apoya en el tronco del árbol. Mira hacia arriba observando la claridad naranja que se desvanece detrás de los edificios grises. Ya está oscureciendo. Las ramas parecen huesos largos y delgados que quisieran arañar las finas nubes del crepúsculo. Baja la cabeza y sigue su camino. Ni siquiera es capaz de hilar un pensamiento como modo de expresar el dolor supremo que le consume su existencia mínima, desgraciada y trágica.
   Como hace más de un mes que no se baña tiene un olor nauseabundo que le produce picazón en las fosas nasales, pero también se acostumbró a eso, como a los dolores del reuma, porque ya no tiene remedios que lo alivien. Falta mucho todavía para el día de cobro, y, si es que llega, le dará vergüenza presentarse así, no lo dejarán entrar. Ya ha pisado el último escalón de la dignidad, pero no tolerará, de todos modos, que lo rechacen nuevamente. Hay un ave que lo acecha, ha oscurecido sus plumas, se eleva como un buitre y, en lo alto, gira en círculos sobre él, adivinando la carroña.
   Mendiga, pero solo obtiene unas monedas. Sus ojos blanqueados de cataratas ya no expresan nada, no habla para conmover al transeúnte, solo extiende la mano pidiendo un gesto de atención, su corazón es un trozo de hielo que en cualquier momento se quiebra. Tiene el plumaje marrón sucio, como los gorriones de Buenos Aires, apenas logra sacar algunas notas a su canto deslucido, y no logra que la música llegue a los oídos de los cuerpos apurados que pasan a su lado esquivando su presencia.
   Durante estas últimas tres semanas fue al comedor comunitario, pero no tuvo suerte, le dicen que no alcanza para todos los que vienen. Y hay abuelos y madres que también van a lo mismo, y prefiere ser él el que se quede sin nada en la mano, y regresa, entonces, con el plato vacío y un candado en el abdomen que cada vez le resulta más pesado. Cavila, remueve en su memoria, no comprende su delito, ha trabajado toda la vida, no entiende su condena, no ve con claridad, aún, la cara del príncipe que ha decido el hambre que padece, que lo debilita, que lo mata. 
   Hoy se siente más débil que otros días. Tal vez por eso quiere alcanzar la esquina y tirarse en el colchón, no se siente con fuerzas para caminar. Hoy la tristeza y la desesperación le han bloqueado la voluntad. Ya no podría discernir si es el miedo el que lo acosa, pero siente algo parecido a un bloque de cemento sobre su espalda que lo aplasta. Tiene el corazón espléndido del zorzal de pecho anaranjado, pero siente que su latido merma, vencido, cada vez más lento, y, además, presiente, que el vuelo es un sueño que se le va apagando, queda olvidado en la memoria el aleteo por las corrientes de aire para zambullirse entre el follaje de los árboles.
   Se agacha despacio, por el reuma. No sabe si le duelen más las articulaciones de los huesos que las del alma. Tiene el estómago cuarteado. Acomoda un poco los trapos y se queda sentado con la espalda apoyada en la pared. No hay gente que pase por la calle. Ya oscureció. No tiene familia, nadie en quién pensar. A los setenta y ocho años le parece que todo en su vida sucedió hace mucho tiempo y en un lugar muy lejano que aquí no reconoce. Ahora se siente un benteveo, orgulloso de su cuerpo amarillo brillante, con la cabeza blanca como sus cabellos. Añora su nido, o quizás, de una vez por todas, lo que quiere es terminar con todo esto, y en realidad, su alma simple busca el abrigo de una fosa oscura contra el muro de un cementerio.
   Tal vez, además de la visión de un límite vital, se pregunte también cómo ha llegado a este lugar, si por designio celestial o terrenal. No deja, entre tanto, de hacer su resumen, el balance de los recuerdos más importantes que tiene, los que más añora, los que más le duelen. Cabecea un poco y, lento, en silencio, se va quedando dormido. Hace mucho frío esta noche, pero ya no tiene fuerzas ni para tiritar. Y es aquí donde la metáfora estalla, porque las aves no sufren el frío. Lo que sucede, simplemente, es que los pájaros que Ramón encarna no tienen plumas que lo abriguen. Se toca el pecho de mármol, no hay brasas encendidas, todo él parece una catedral sin ventanas tallada en la cima nevada de una montaña.
   Siente que se le moja el pantalón con una traza de líquido tibio que emana por debajo de su vientre. Es la incontinencia, pero ya no le importa sumar un olor más a los que tiene. En lo último que piensa, antes de que lo atrape el sueño, es en su madre. Cuando el gorrión está por cerrar sus ojos, el universo se agrieta, un par enorme de alas negras se hacen presente ante sus ojos, se abren gigantes como el mar, llegan aquí a cobijarlo para siempre. 
   En esta posición lo encuentran a la mañana siguiente, parece un canario dormido, pero no lo pueden despertar. El médico mira, ausculta, y, por último, da la orden, en medio de caras serias, de subirlo a la ambulancia. El aire susurra a las hojas de los árboles una aserción insidiosa: Los dioses, poderosos, que transitan los salones de los palacios, han decidido entre firmas, actas y protocolos, la sentencia brutal de esta muerte inocente, un espíritu que se ha ido sin comprender cuál es el pecado cometido.
   Ya es de día cuando pasa el camión recolector. Los muchachos levantan los trapos, el jergón mugriento, el changuito descolado. Tiran todo en la caja trasera, uno de ellos aprieta el botón del pistón hidráulico para que queden prensados con el resto de la basura. 
   Luego el camión arranca y sigue su recorrido. Al rato caen del cielo pequeños plumones blancos, los últimos desprendimientos del alma de Ramón, que ha ascendido a los cielos a unirse con los mirlos, los gorriones, los horneros.
   Y un poco más tarde, sin que nadie lo advierta, la brisa helada forma un remolino y esparce las plumas, que se pierden para siempre, en el aire gélido de la mañana.

Safe Creative #1706032511895

36 comentarios:

  1. Hola Ariel!! La historia me atrapó de lleno, pero te tengo que decir algo que me sacó de foco y es lo siguiente: los últimos desprendimientos del alma de Ramón, que ha ascendido a los cielos a unirse con los mirlos, los gorriones, los horneros.

    Eso para mí te tumba todo lo que estuviste contando porque está como muy "puesto ahí". Yo sacaría eso y dejaría todo el resto que sigue y todo lo anterior. A ver si me consigo explicar, mejor te lo copio como para mí quedaría redondo (por favor no te ofendas):

     Luego el camión arranca y sigue su recorrido. Al rato caen del cielo pequeños plumones blancos.Y un poco más tarde, sin que nadie lo advierta, la brisa helada forma un remolino y esparce las plumas, que se pierden para siempre, en el aire gélido de la mañana.

    De esa manera me parece que le dejás al que lee que además de leer, imagine lo que quiera. Que Ramón se transformó en un pájaro. Que Ramón en realidad era una pájaro. Que el alma de Ramón se hizo pájaro. Lo que el que lee quiera imaginar.

    No te enojes por lo que te planteo.
    Un abrazo grande!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Simón, es muy agradable lo que me decís, no me ofendo para nada, percibo que lo hacés desde la voluntad de que lo que escribí quede mejorado y así lo tomo. Entiendo perfectamente lo que me decís que te sacó de foco. Es muy loco, Simón, pero lo que escribimos es como una especie de telaraña incompleta que se quiere parecer a un trozo de realidad. Lo cierto es que son palabras encadenadas en frases que el que lee las interpreta, les aporta todo lo que le falta, reconstruye la historia a su modo. Quiero decir que es muy subjetivo.
      Por eso es muy enriquecedor tener comentarios como el tuyo. Es la mirada del otro. Es muy importante tener esa mirada para el que escribe. Por eso te agradezco mucho tu comentario. Es muy lindo lo que ponés en el último párrafo.
      Te lo agradezco mucho, amigo.
      Un abrazo.
      Ariel

      Eliminar
  2. Querido Ariel, me ha encantado el relato, las metáforas con las que entretejes la triste historia de Ramón son de una delicadeza sublime, ahora bien, coincido con Simón en que esa frase me llama la atención, como também lo hace que despojes de alma a los pájaros cuando los utilizas para regristrar los cambios que se producen en la degradación de la calidad de vida del protagonista. No sé decir muy bien por qué, supongo que porque en el resto de tu narrativa dejas al lector la capacidad de elección, de simbiosis con las aves, mientras que con ese final parece que el hechizo de quiebra como el frágil corazón del protagonista en una nihe tan fría. Por lo demás he sucumbido al enorme placer que me produce leerte, he visto al indigente retratado con maestría (por ponerte un solo ejemplo, la mascota que lo acompaña a dónde quiera que vaya me ha hecho sonreír por evitar las lágrimas...) así que te doy mi más sincera enhorabuena. Un beso.
    Eva

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puede ser, Eva, todo lo que dices puede ser, esto de escribir es muy misterioso. Me encanta que te haya gustado, es muy lindo que me digas lo que te ha parecido bien y lo que no. El narrador, al inicio del relato, advierte que no hay metáfora perfecta, y creo, de esto me doy cuenta ahora, que quizás se debe a las dudas, al riesgo, que, seguramente, en algún rincón tenía, de acertar o no con ella. Pero a pesar de eso este texto me pedía, con suma urgencia, ser escrito.
      Eva, me agrada sobremanera saber que te haya llegado, que te haya producido placer leer este relato, que te haya conmovido la figura del indigente Ramón, con el mismo dolor con que lo he tratado de dibujar.
      Es un placer que comentes lo que escribo y es un orgullo. Te lo agradezco mucho, mucho.
      Un beso.
      Ariel

      Eliminar
    2. Lamento que me hayas malinterpretado, Ariel, no hay nada en tu texto que no me guste, al contrario, simplemente me llamaron la atención un par de frases que señalé para ejemplificar la curiosidad que me despierta cualquier composición literaria, puesto que, como bien dices, a veces uno está atrapado con lo que quiere decir y no siempre acierta con la manera de expresarlo, o de hacerse entender. Mis disculpas por haberte inducido a un error... Un beso.
      Eva

      Eliminar
    3. Eva, ahora entiendo, lo he releído y veo que te he malinterpretado y lo lamento mucho.
      Tu comentario me ha encantado, le has puesto cosas elogiosas y muy conmovedoras, me da pena que se haya visto empañado por mi desacierto.
      Trato siempre de ser cuidadoso con lo que comento y con lo que respondo, pero, en este caso, me he equivocado sin que sea mi propósito. De veras lo siento, Eva, y con la estima que te tengo ¡me viene a pasar contigo!
      Espero que sigas siendo curiosa y sigas indagando y haciéndome conocer tu parecer, que es lo más deseo. Y no tienes que disculparte que la torpeza la he cometido yo.
      Has hecho bien en aclarar esta errónea interpretación de mi parte. Como te dije antes, es un orgullo para mi que vengas por aquí.
      Un beso.
      Ariel

      Eliminar
  3. Un relato triste que cuenta una historia llena de injusticia y miseria, pero desgraciadamente cotidiana. Solo tú, Ariel, con tu maravillosa y sensible forma de escribir, podías conseguir transformarla en algo hermoso que traspasa el alma y que muta de cotidiano a excepcional.

    Ha sido un verdadero placer leerte, como siempre :)

    ¡Un abrazo grande y feliz domingo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, querida Julia, siempre es agradable tu visita, siempre son gratos los elogios que le haces a las cosas que escribo. Tienes una sensibilidad especial, se nota cuando escribes y cuando comentas, es muy lindo que hayas pasado por aquí.
      Te mando un gran abrazo y que tú también pases un ¡feliz domingo!
      Un beso.
      Ariel

      Eliminar
  4. Un relato sumamente triste, y tramado con mucha calidad. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Beba, es muy lindo que vengas por aquí a dejarme tu comentario. De veras que lo aprecio mucho.
      Un abrazo.
      Ariel

      Eliminar
  5. A mí lo que más me ha conmovido es la soledad de Ramón. Toda su pobreza, las injusticias que padece, su degradación hasta su muerte son más duras porque está solo. Tal vez por eso se va llenando de tristeza más que de ira.

    A mí sí me ha gustado el final.

    Un beso, Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando yo leo lo que escribes, Ana, me pasa algo especial, creo pasar por las mismas emociones que estás contando. No sé. Te digo esto porque lo que pones en este comentario es el objetivo central del relato, es lo que dio origen a la voluntad de escribir esta historia. Tendría que repetir tus mismas palabras: soledad, injusticia, degradación, tristeza. Ese fue el inicio, la justificación. Después, luego de muchas escrituras y correcciones, me he quedado con la metáfora como recurso, como el lugar desde dónde prefería escribirlo. Pero tú has puesto tu mirada en lo esencial, en lo que más me importaba decir. Por eso te agradezco mucho tu lectura y tus palabras.
      Y además, querida Ana, te confieso que, a pesar de todo, a mí también me gusta este final. Y me siento muy bien sabiendo que compartimos la misma idea.
      Un beso.
      Ariel

      Eliminar
  6. Hola Ariel, es una historia muy triste que sucede a través de una serie de injusticias. Me indigna mucho daber que estas cosas ocurren, tú lo has narrado con suma sensibilidad. Te felicito por tu relato tan sobrecogedor. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, María. Mira, yo pienso que hay muchos Ramones que, se hacen visibles casi solo por las estadísticas, apenas quedan registrados como un número, pero que son víctimas que nos debieran doler porque marcan el fracaso de nuestras sociedades. Forman parte del descarte social, del que nadie aparece como culpable y, que, lamentablemente, se lo naturaliza, como si fuera normal que haya gente que no tenga para comer, o que esté en "situación de calle".
      Te agradezco todos los halagos que le pones al relato. Un abrazo para ti.
      Ariel

      Eliminar
  7. Esta historia sencilla y a la vez profundamente social nos enfrenta al dolor del previsible final de Ramón. Su suerte estaba echada desde el día de su desalojo y tan solo era cuestión de tiempo el desenlace. Ahora bien, acá hay prosa de calidad superior. No solo por las aladas metáforas sino por la manera en que introduces en el relato esa dualidad hombre-pájaro que es una constante de la narración. Siempre sugieres, siempre se te nota ambiguo, dejando una puerta abierta a la duda del lector. Y eso no es fácil, al contrario, requiere de una gran maestría. Solo un gran prosista puede acometer ese propósito (Y salir airoso). Gran trabajo, pibe de Palermo. Te mando un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Néstor, te agradezco mucho todo lo que dices y cómo lo dices. Tal cual como mencionas, el intento que perseguí para contar fue sostener la ambigüedad a través de toda la narración, un riesgo por cierto, pero que me seducía. Es grato leer tus comentarios porque posees una visión literaria muy profunda y certera para analizar los textos. Lo noto en toda tu literatura, más leo tus cosas y más materiales descubro. Lo mismo me pasa con tus comentarios, no hay palabra que no tenga un fundamento claro detrás, no hay frases puestas de más, todas tienen un significado preciso. Muchas gracias por semejantes elogios, un placer por cierto.
      Te mando un gran abrazo.
      Ariel

      Eliminar
  8. Hola Ariel. Realmente desgarrador el relato que hoy nos traes. Un nudo se forma en el estomago a medida que vas leyendo y encuentras las palabras llenas de miseria, injusticia y horror. Me ha gustado mucho las metáforas y los símiles que has utilizado con las aves, pero sobre todo me ha conmovido el poder de tus letras para hacernos llegar el final doloroso de tu protagonista. Desde el principio hasta el final.
    Un placer leerte Ariel.
    Un fuerte abrazo, compañero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Ziortza. La historia que cuento tiene el origen en esas tres palabras que mencionas, compuesto por retazos de sucesos verídicos en un relato de ficción, pero perfectamente verosímil, muy cercano a la realidad. El borrador inicial era muy descarnado, porque el dolor que tengo dentro es muy profundo. Le di muchas vueltas hasta que pude ponerle belleza utilizando esa metáfora que lo suavizó, y que le dio un giro literario para sacarlo del relato llano, de tono casi periodístico.
      Es muy hermoso lo que dices, Ziortza, porque siento que he logrado mostrar la tragedia de este hombre con toda la pena que lleva consigo. Muchas gracias por estar aquí, siempre con una palabra de aliento.
      Un abrazo.
      Ariel

      Eliminar
  9. Triste y desoladora historia Ariel.
    Que decir que cuando te leo apenas logro parpadear y me mimetizo con tu texto, se remueve algo muy adentro, los sentimientos de pérdida y vergüenza, atesoran dolor y miedo.

    Haces una estupenda simbología con las aves, ellas como nosotros una vez enjauladas y sin conocer la libertad, mueren en el desamparo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es verdad, Irene, la de hoy es una historia muy triste, trágica, parte del dolor que me provoca la injusticia y el desamparo de las personas más débiles de nuestra sociedad, las que poco pueden hacer, como es este caso, porque ya no les quedan fuerzas.
      Es muy halagador, te imaginas, que me hagas saber lo que has sentido, esos sentimientos que mencionas. Y, también, el uso de la metáfora de las aves para embellecer un poco un texto con tanta tragedia dentro.
      Me da mucho gusto que hayas venido hasta aquí a dejar tu bonito comentario. Me ha gustado mucho lo que dices de las aves enjauladas.
      Un abrazo, Irene.
      Ariel

      Eliminar
  10. No es fácil encarar este tema, elegir la forma de contarlo. Yo escribí sobre un muchacho que vivía en una esquina y murió, desde un ángulo más realista. Vos apelaste a lo poético, a las metáforas.
    Te cuento lo que me pasó al leerte, sin intención de crítica, simplemente como lectora. Sentí que tras tanta metáfora, adjetivos y prosa elaborada, se diluía la historia cruda de soledad y abandono de Ramón. Me pareció un poco largo y con imágenes reiteradas. Todo esto dicho desde mi subjetividad y desde la honestidad con que me gusta leer y comentar. También con respeto, porque es apenas una opinión.
    Un abrazo grandote, Ariel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y yo te agradezco la honestidad con que lo decís. Mirella, sabés lo que pienso: valoro mucho tu opinión y la recojo con reconocimiento, porque me interesa tu punto de vista, el de las dos facetas, escritora y lectora, porque me parece que los dos son útiles. Y me agrada también que compartas tu experiencia porque también me enriquece.
      En mi caso, hasta que no expongo lo que escribo, no tengo cabal idea de lo que le va a suceder al que lee. Vos sabés que soy vueltero, corrijo, ando y desando antes de subirlo y, aún así, me ataca la duda. Pero como vos decís, es todo muy subjetivo.
      A veces pienso que con esto pasa como con la vida, cada relato se va formando con la mirada de los otros y deja de ser mío para convertirse en la sumatoria de las opiniones de todos. Muchas observaciones que vuelcan los que me comentan me son útiles, muchos relatos y cuentos que he escrito los he reformado varias veces y he tenido en cuenta lo que me han apuntado en su momento para mejorarlos. Y creo, sinceramente, que ha sido una tarea fructífera.
      Por eso te agradezco mucho lo que me decís, Mirella querida, sé que lo hacés de buena onda. Me pone muy contento que te hayas acercado a dejarme estas palabras.
      Yo te mando también un abrazo grandote.
      Ariel

      Eliminar
  11. Me ha costado mucho, Ariel, leer la trágica decadencia de Ramón, cada vez que empezaba tenía que dejarlo, pues, ocupada en las pequeñas incidencias de mi vida (preocupaciones mínimas comparadas con las de Ramón), no me parecía el momento oportuno, prefería leer algo más relajado. Así que, ya ves, soy una tremenda egoísta.
    Por fin lo terminé, y pensé en todos los Ramones del mundo... el que revuelve la basura y apartamos la vista, el que nos agrede la nariz porque la pobreza hiede, el de la puerta del super al que le damos la moneda del carro porque nos da picotazos la conciencia de cargar el coche de comida…
    El plus del lirismo con la metamorfosis de pájaro-hombre-pájaro aporta calidad narrativa.
    Yo te admiro Ariel por atreverte con un drama en su versión más pura y dura.
    Un abrazo mi amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este es un relato triste y lo he escrito con mucho dolor. Entiendo que hay que tener disposición de ánimo para leerlo y a veces uno no cuenta con esa posibilidad, es comprensible. Tú, Isabel, para nada, eres una egoísta, muy por el contrario eres muy generosa.
      Muchas veces me digo que no debo subir estos escritos oscuros, pero es que me duele mucho saber que hay personas que sufren, como Ramón, la injusticia de algo no querido, una situación debida a las decisiones de otros hombres y no de fenómenos naturales como puede ser una inundación u otra catástrofe.
      Doble agradecimiento, entonces, Isabel: por los elogios y por haber sacado ganas para leer este texto.
      Te mando un afectuoso abrazo.
      Ariel

      Eliminar
  12. Ariel me has trasladado al triste mundo de la persona indigente, de los muchos indigentes que andan por el mundo. Nos transmites esa soledad que con sus andrajos y sus olores busca en la basura algo para llevarse a la boca. Es triste ver personas así, pero tu has dibujado su soledad y la has escrito metafóricamente acompañados de esos pajaritos solitarios. Me ha gustado mucho como lo has escrito. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias María del Carmen. Lograr que el que el lector se integre a lo que escribo y lo viva en forma intensa es un logro muy preciado por mi. Quizás el más importante. La ventaja, en este caso, es que me lees tú: una escritora y a la vez una persona sensible.
      El caso de Ramón me duele mucho porque hay mucha gente que ya ha asumido que es natural que haya personas en situación de calle, como si fuese natural que eso ocurra, o como si ellos lo hubiesen buscado. Y es un fenómeno que no se da solo en Argentina, sino que es global.
      Me agrada mucho que te haya gustado la utilización de las figuras de los pájaros y el lugar desde el cual lo he escrito.
      Te mando un gran abrazo.
      Ariel

      Eliminar
  13. Me encantó la historia, triste sí, pero tal vez sea esa tristeza, esa soledad que emana Ramón la que te envuelve y te guié por la historia haciéndote él, sintiéndote él y transformándote en él. Como ya te dije tienes el poder de hacer que el lector sienta al personaje en su piel y eso es algo fascinante.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta mucho saber eso, Mariola, y me alegra que te haya parecido fascinante, como dices. Tal vez ayude el hecho de que solo escribo cuando algo me mueve emocionalmente a hacerlo, y en este caso ha sido esta historia triste de Ramón. Es un placer que te hayas pasado por aquí, te estaré leyendo pronto.
      Un abrazo.
      Ariel

      Eliminar
  14. Un buen relato, Ariel. Y además he disfrutado mucho de los comentarios tan fundamentados que ha recibido tu relato. La metáfora pájaro-hombre-alma es el hilo conductor de la historia de Ramón, una historia de desesperanza, nada puede evitar la caída de un precipicio y es evidente que la vida nos puede arrastrar a situaciones que si uno las ve no puede dejar de preguntarse cuándo comenzó y qué pasó para llegar hasta ahí. Narrativamente, si que me ha parecido un relato con un tono poético menos acusado que en tus escritos habituales, he percibido un estilo más directo, con unas frases menos "literarias" pero mucho más narrativas, de acción... Eso demuestra que tu pluma esconde muchos registros, y eso es fantástico. Un abrazo!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Al igual que tú, yo disfruto y aprendo muchísimo de los comentarios de los compañeros entre quienes estás incluido, por supuesto, porque tienen la doble mirada del lector y el escritor. Los leo con sumo cuidado, por eso, a veces, tardo en contestar, quiero tomarme el tiempo que todos merecen. Los considero parte integral del relato, y en ocasiones tienen, para mi, más relevancia que la entrada. Siempre digo que lo que está debajo del relato es lo mejor que tiene este blog, es un orgullo para mi.
      Como dices, David, este texto se parece más a la narrativa, la cual por definición incluye una ilación de sucesos en el tiempo, aquí me he alejado de la simple descripción, que es cuando el tiempo está detenido. Los dos registros me gustan, por los dos conservo mi estima, cada uno, me parece, según mi humilde opinión, que tiene sus virtudes, siempre y cuando uno sepa elegir cuál es el más adecuado para lo que quiere contar.
      Es verdad lo que dices acerca del hilo conductor de la trama, esa larga metáfora partida en trocitos acompaña (o eso es al menos lo que he intentado) los acontecimientos que se atraviesan en el camino del personaje. Y es también válida tu pregunta acerca de qué ha pasado para que las cosas lleguen hasta aquí (veo que la causalidad y la casualidad siempre te intrigan). Yo pienso que el padecer del ocaso de la vida de Ramón tiene causas concretas urdidas en los laberintos del poder, y él ya no cuenta con la fuerza y los elementos para modificar su realidad, y cede, pero se resiste con lo que le queda aún de dignidad, a su modo, en la medida acotada de su desamparo.
      Y también tiene menos poesía, apenas un poco de belleza que he intentado con las aves para suavizar un tema tan duro.
      Te agradezco que hayas venido hasta aquí, David, siempre es interesante reflexionar contigo. Y por supuesto agradezco tus elogios.
      Un abrazo.
      Ariel

      Eliminar
  15. Me ha encantado Ariel, es un relato precioso y que al mismo tiempo logra traspasarte el corazón. Has retratado al pobre hombre con total nitidez, tanto, que lo he podido ver a través de varias etapas de su vida, incluso imaginando su ingenua juventud, totalmente ajeno al terrible destino que lo depara. Se me ha encogido el corazón durante sus andaduras por la oscura calle, hasta el final que por desgracia, ya esperaba. Es una pena que esto suceda en los tiempos en los que vivimos, y constantemente, además. Quizá exista un tiempo no muy lejano en el que hombre pueda cambiar, o quizá no. Yo prefiero pensar que todo es posible. Un abrazo! ; )

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Ramón, qué bueno que hayas pasado por aquí. Sabes, si hay un interés que puedo descubrir como común denominador en lo que escribo, es precisamente lo que tú mencionas como "traspasarte el corazón", porque de algún modo te refieres a lo emotivo, o sentimental, como quieras llamarle.
      Como interés me refiero a dos componentes. El primero es que debe existir una motivación, un significado, en lo que quiero expresar, algo que me conmueva en lo personal. Lo segundo es que aparezca la necesidad, y aquí está el misterio, de tocar el aparato emocional del que va a leer el texto, es por eso que me alegra mucho tu comentario, porque el relato ha logrado este segundo objetivo. Y además, es un lujo leer cómo lo expresas, porque puntualizas los mojones más importantes en los cuales, justamente, he tratado de poner empeño.
      El trasfondo social de que haya personas que se encuentran en esta situación es el motor del texto, es algo que me duele mucho. Como tú dices es una pena que esto ocurra y a mi me apena aún más que se tome como algo natural, como si fuese algo que es irremediable que suceda. Por eso me gustaría compartir contigo esa dosis de esperanza por la cual prefieres inclinarte.
      Te agradezco mucho que hayas venido a dejar tu comentario, siempre tan valioso para mi. Estaré yendo a tu sitio a visitarte pronto, Ramón. Te mando un gran abrazo.
      Ariel

      Eliminar
  16. Es un relato realmente dramático que puede ser muy verídico, amigo Ariel, porque hay mucha verdad en todo lo que escribes, y tantas personas que se pueden ver reflejadas como este pobre hombre que le desahucian por falta de pago y al final acabó siendo mendigo entre penurias y enfermedades, parece mentira que en esta sociedad tan avanzada en la que vivimos ocurran estas desgracias y no puedan evitarse.

    Montones de familias desahuciadas, algunos estando en paro, con hijos menores, y que se han visto, como este hombre, en la calle, sin nada más que con una bolsa de basura con su ropa, y algunos, incluso, no han podido superarlo, llegando al suicidio, como se alguien que conocía.

    Me encantan leerte, amigo Ariel, sea el tema que trates en tu blog, me llegan tus palabras a flor de piel.

    Gracias por seguir compartiendo el arte de tus letras, un placer siempre leerte.

    Besos de buenas noches.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, querida María, tanto por allí como por acá, vemos estas situaciones que no salen de la ficción de la literatura, sino que son el crudo reflejo de la realidad. Creo que los que escribimos debemos colocar también nuestra mirada acerca de las cosas que no nos gustan de este mundo que nos ha tocado en gracia.
      Tú lo haces también, he visto en tu sitio que expresas lo que sientes, cuando te suceden cosas lindas o tristes y, además, cuando ves que algo no está bien acomodado.
      Me alegra mucho que compartas mis letras, María, es un verdadero placer recibirte aquí. Recién te contesto ahora, al despertar la mañana de Buenos Aires, pero lo he leído con mucho placer ayer a la noche.
      Muchos besos.
      Ariel

      Eliminar
  17. Llego a este relato con bastante retraso, has de disculparme Ariel pero llevo dos semanas fuera por trabajo y apenas he tenido tiempo de leeros.
    Eres valiente al atreverte con este relato de denuncia social. Lo cuentas desde la óptica de Ramón, un hombre que como bien dices ha trabajado toda su vida para al final verse deshauciado de esa manera para mayor gloria y enriquecimiento de esos príncipes a los que señalas con dedo acusador. Es una realidad vergonzosa con la que convivimos hoy en día en nuestras sociedades, al menos aquí en España, no se si ocurre lo mismo en tu país, ante la indiferencia y a veces incluso una vergonzosa justificación, lo digo así como suena, de una parte de la sociedad. Tú nos acercas al personaje desde un punto de vista muy humano y nos transmites su sufrimiento. Leo en algunos comentarios que tal vez las figuras retóricas que has empleado son excesivas para narrar una historia tan desgarradora. Es posible que el drama quede en parte opacado por el estilo, aunque por otro lado consigues de ese modo llegar hasta muy adentro de tus lectores con las figuras que creas, confieso que no termino de definir una postura clara al respecto.
    Decirte también que la metáfora del hombre pájaro me parece muy acertada. Un abrazo Ariel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ninguno de tus comentarios llega con retraso al blog, no te preocupes por ello, los leo todos.
      Así es, Jorge, me da vergüenza decirlo, pero aquí, en Argentina, también se está dando este flagelo que cae sobre las espaldas de los más vulnerables, lo digo con un profundo dolor porque hay un sector de la sociedad que no advierte, según mi humilde opinión, que esto no es ni más ni menos que el resultado de actos de gobierno. Por supuesto que con esto no quiero abrir un debate político, no estoy preparado para ello, sino que trato de hacer ficción sobre una tragedia social que me conmueve. Creo que debo ser auténtico con lo que escribo, sea sobre la comedia o la tragedia humana, y siempre desde el lado emotivo, que es lo que me moviliza.
      Yo también creo que que soy muy proclive al uso de figuras literarias, retóricas, con la finalidad de que aporten la lírica a fin de compensar el drama, aunque debo confesar, que a veces me cuesta encontrar el justo equilibrio, pero creo que con el correr de los textos cada vez estoy más seguro de que me voy acercando al objetivo que persigo. Soy consciente de que no a todos puede gustar, pero es una búsqueda interior genuina con la que me siento identificado.
      Me alegra saber que la figura retórica central, la metáfora de los pájaros, en este caso la hayas visto acertada, es un apunte que me hace sentir más firme.
      Un gran abrazo para ti, Jorge, me alegra que tus ocupaciones te hayan aliviado un poco.
      Ariel

      Eliminar