viernes, 23 de junio de 2017

Hojas de invierno

   Me he desvelado y no puedo dormir, por eso decidí levantarme. El reloj del dormitorio marca las cuatro. A través de la ventana veo los focos de la calle como lunares luminosos, dispuestos en hileras geométricas que se pierden en el infinito abisal de la oscuridad de la noche. 
   Una vez que estoy en la ducha, y ni bien comienza a correr el agua, advierto que tengo las medias puestas. No quiero corregir la tontería que he hecho. Es que, sabes, me es imposible pensar en dos cosas al mismo tiempo. Hay más de una idea dando vueltas por mi cabeza. Las locuras de los sueños me han dejado residuos misteriosos.
   Me visto y me pongo el abrigo, tomo un cuadernillo de papeles en blanco, lo coloco dentro de la mochila. Cierro por fuera la puerta de calle. Salgo decidido a derramar la niebla de imágenes de mi ingenio sobre la lámina virgen. Lo voy a hacer en la confitería de la otra cuadra, en la penumbra acogedora de la mesa de café. 
   Una vez en la vereda me anudo la bufanda, bajo la cabeza y, como una sombra encorvada, opaca en la tiniebla, cavilo, marchando por el trecho más breve, rumiando las sugerencias que le daré a mi brazo.
   Vine caminando y me he sentado en el bar Palermo. Comienzo a trazar un dibujo de líneas delgadas sobre la cartulina. Las curvas se van diseñando casi solas, los dedos dejan correr el extremo agudo delineando formas rebuscadas, algo así como flores. Después imagino las infinitas posibilidades de la gama de la paleta. La primera podría ser roja, la siguiente blanca y la tercera color té. Esta última, me parece, sería la más adecuada al pigmento de tu rostro. 
   Mi imaginación las tiñe con lápices de puntas cremosas. Siento en la piel de mi mano la aspereza de la hoja. Me invento la ocasión de rasgar un pergamino rugoso. Trato de lograr los diferentes tonos apretando más o menos el pulgar, hincando el espacio en donde va creciendo la figura. 
   En esta noche helada y silenciosa me asalta la orfandad de tu cariño, la ausencia de tu abrazo cálido, porque tu cuerpo está lejos, envuelto en las volutas de tu sueño. Desde aquí no oigo el canto almendrado de tus palabras diciéndome te quiero. 
   Deseo olvidar la pesadilla, los arañazos del ripio escabroso que se coló en mi cerebro y me trajo a la vigilia. He venido con el alma cohibida para huir de los temores, simplemente anhelo hacerte un dibujo, solo tengo la intención de alegrarte la mañana con la humilde habilidad del arte que practico, al que algunos llaman talento. Soy artista plástico.
   Medito en la tranquilidad del local casi vacío. Dejo a mi mirada abandonarse entre paredes y espejos, libradas las pupilas a los caminos rectos de los rayos impalpables, saetas intangibles atravesando sillas, curvas de cortinas combadas, transparencias, vanos aromas a tabaco y sutiles perfumes femeninos. Pero todo el tiempo pensando en tu exquisita ternura, esa emoción tan difícil de ilustrar con el rústico pincel del amante apasionado.
   ¿Y qué color asignarle, entonces, a tanto cariño cobijado, puesto todo él en los pétalos todavía desnudos, que tengo ante mis ojos? Hasta ahora permanecen pálidos, como artistas sin maquillaje. Qué bonito sería teñirlos con los tonos de aquella nube difusa, estirada sobre un fondo amarillo pálido, colgada de la parte baja del cielo. Este nuevo día aún no se enciende con todo su esplendor, se ha quedado congelado por las agujas débiles del sol frío, al comienzo de este crudo invierno.
   Me distraigo y leo de costado el titular del diario abandonado sobre la mesa de al lado. Nadie ocupa los asientos, ya se han ido quienes estaban, hay servilletas arrugadas y platos vacíos. Giro el periódico. Un tal Lucas falleció ayer en el Neuropático de Rosario, tenía 19 años. El chico estaba bajo tutela estatal, la Dirección Provincial de Niñez, Adolescencia y Familia. La carátula será, seguramente, muerte dudosa. Siento un golpe que me empaña el ánimo.
   El pibe consumía droga, hubo falta de contención, llegó al sanatorio golpeado, venía de la calle, aterido, pasó toda la noche en la cama blanca del hospital, tal vez llegó a percibir la caricia de la mano afectiva de alguna enfermera. Hoy lo encontraron duro, como una barra de hielo, y lo llevaron a la morgue. Dejó una nota escrita en un papel arrugado. Murió sin llegar a ver la flamante estación invernal de su fugaz existencia. 
   Un lamento interior me abre un tajo inevitable en el alma, las manos se me enfrían, siento una capa de trocitos de vidrio adentro de los zapatos. Por un momento estoy increíblemente alejado de mi dibujo. Pienso en los huesos de Lucas, buscando descanso en algún lugar del cielo. Me froto las manos, incómodo. Alejo la vista del diario y sigo con mi tarea. Pido un cortado, intento olvidar la noticia. 
   Vuelvo a la imagen de tu rostro dormido entre los pliegues de la almohada. Apartaría cualquier mácula que medre en este elíseo. Te sospecho abrigada en el sueño profundo, con fuegos fatuos bajo tus párpados cerrados, al abrigo de las brumas oníricas, expandiendo perfumes en los pulmones de la oscuridad.
   Imagino tu respiración pausada, en las sombras, agitando levemente el aire, moviendo ramas de araucarias, o derribando piñas al pie de los abetos, abarcando todo el ámbito con tu fragancia a bosques dormidos en las laderas de las montañas.
   No es solo un simple dibujo. Hay líneas agrupadas en el papel, y, además, hay emociones. Por supuesto, podrás entender el significado cuando lo veas, escondido en la disposición del conjunto, y, afinando la percepción, podrás oír una melodía, porque he colocado, detrás de la imagen, algunos sonidos articulados en la niebla de mis reflexiones. 
   Sobre Lucas dirán muchas cosas: graves problemas, la semana de su muerte cargada de conflictos, varias huidas de la institución. Tal vez se sepa su negativa a ser atendido. Quizás no mencionen que en el Neuropático lo medicaban de más, cuando padecía sus crisis, para que no molestara. De todas maneras, la Fiscalía no dará mucha información sobre el caso, por el contrario, tal vez muy poca.
   Pero, ¿por qué pienso en ese pibe? Si ya estaba perdido, pobrecito, ¿yo qué tengo que ver con él? Como si me molestara, trato de espantar el pensamiento con fastidio y sigo dibujando.
   Escucho sonidos. Levanto la cabeza y miro hacia afuera. Son golpeteos de tacos de mujer. Martillan el piso de la vereda, afuera del bar, y se replican en ecos, en la calle, contra las paredes congeladas. Los árboles aún están dormidos, tiemblan las sombras bajo la hilera esmerada de los fresnos. 
   Los plátanos tienen las ramas peladas. Se elevan como un sistema de arterias buscando las alturas. Le dan paso a la luz y lloran la caída de las hojas marchitas que crujen con las primeras pisadas furtivas de los transeúntes. 
   Y los tímidos sollozos liberan, además, un arrullo acongojado que se va a ir perdiendo con el avance del ajetreo de la mañana. La noche irá abandonando su condición virginal ni bien caigan las espadas de los rayos de la claridad matutina. 
   No entiendo por qué imagino que caen lágrimas de los plátanos sino saben lo que pasó en Rosario. Termino el café y pido otro, porque el dibujo no está terminado. Acerco la vista al papel, quiero conseguir más precisión en los contornos. 
   Con el extremo más agudo del lápiz negro, despacio, comienzo a retocar las espinas agudas de las rosas, en los tallos verdes de las flores que he dibujado. Siento que no podré lograr las puntas filosas que me lesionan por dentro como insignificantes puñales, o como alfileres que hienden el músculo, sacando la gota de sangre, roja, oscura, casi granate, que refleja los dolores del mundo, como el de Lucas, un rasguño que se esconde, inevitable, en un extremo de mi memoria.
   Tomo el último sorbo del pocillo, guardo todas las cosas que traje, y me levanto para emprender el regreso. Salgo y me golpea la bocanada helada de la brisa. Se me alborotan muchos pensamientos dispersos, parecen una bandada de aves, sumergiendo las alas en las fuentes de los jardines, rompiendo las delgadas capas de escarcha, despertando de la modorra a los estanques. Y se mezclan, confusos, con el nombre del chico ingresado al sanatorio que se ha quedado dormido para siempre.
   Camino de regreso. Solo pienso en encontrarte y compartir el desayuno contigo. Cuando abro la puerta veo la luz encendida del dormitorio. Estás levantada, quiero sorprenderte. Dejo la mochila sobre la silla. Me quito el abrigo. Saco la hoja ilustrada y la observo una vez más. Le puse la inicial de tu nombre bien grande. Esbozo una sonrisa y apoyo la cartulina sobre la mesa ratona. 
   Ya no quisiera pensar más en Lucas, pero me cuesta descartar, así nomás, ese recuerdo que me arde por dentro.
   Voy a colocar el mantel, traeré las tostadas, las tazas, el mate. Esperaré a que te des una ducha y cuando estemos sentados, te entregaré el dibujo que te hice. 

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37 comentarios:

  1. Me he enamorado de este dibujante tan sensible al que trazar el esbozo de unas rosas para su amada no le impide compadecerse del trágico destino de Lucas. Qué bellos pensamientos alberga, como aves cuyas aves se sumergen en las fuentes de los jardines rompiendo la escarcha. Siempre me dejas un suave sentimiento parecido a la melancolía.

    Un abrazo y felicidades

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    1. En este caso, tal vez, la melancolía a que te remite el relato sea el resultado de la combinación de sentimientos que embargan al personaje. Es que sale de un sueño que lo ha llenado de tribulaciones. Luego lo envuelve un impulso de ternura, afecto, un abanico de pasiones por su amada, que se sostiene en el tiempo. A partir de ahí se lo quiere manifestar con el lenguaje que más domina, esto es el dibujo. Pero ese periódico lo llena de espinas que lo van a seguir estorbando en sus emociones.
      Querida Ana, me alegra mucho que te hayas enamorado de mi dibujante.
      Un beso.
      Ariel

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  2. Una historia muy especial. Ese trayecto del artista para elaborar en el bar su obra deviene luego, lateralmente, en una cuestión social. Y precisamente esa sabia incorporación cierra el círculo del relato y definitivamente lo enriquece. Esta vez con una prosa (siempre bella) pero moderada en el vuelo poético. Y te entiendo perfectamente. La prosa poética es peligrosa. Muchas veces nos rodea y nos encierra en sus redes. Te diré también que me gustó mucho el giro cotidiano del final, le agrega credibilidad y realismo a la historia. Creo que es un impecable y minucioso texto. De una gran calidad. Acorde a tu talento.

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    1. En un principio era un texto muy cargado de metáforas, me había gustado como quedaba, pero al incorporar el episodio del periódico, decidí rebajarla porque no encontraba el modo de lograr una cierta cohesión en el tono de la narración. A medida que pasa el tiempo me voy dando cuenta de algunas particularidades de la prosa, y también de sus peligros, de las dificultades que tiene, cada texto es un desafío que, seguramente, lleva aciertos y errores.
      Muchas gracias por los elogios, Néstor, un abrazo grande.
      Ariel

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  3. Le leí a otro escritor al que también sigo, que un artista debe ser testigo e historiador de su siglo desde el arte que practica. A tu modo, estás haciendo eso, contando como uno no vive en una burbuja sino en un mundo donde están los demás y se va volviendo cada vez más galvanizado e indiferente. La sensibilidad recoge lo que los demás desechan (me dijo también el mismo tipo que te digo) y los vuelve testimonio.
    Lo de las espinas es muy simbólico de eso, me parece a mí.

    El final es muy importante, porque la historia continúa con hilo diario, ya que la vida, pase lo que pase, sigue y sigue.

    Buenísimo, amigo!!

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    1. Estoy de acuerdo con el escritor que mencionás. Nosotros, los que escribimos, según mi humilde opinión, debemos darnos la posibilidad de dar cuenta de estas espinas dolorosas que nos lastiman, con las herramientas que poseemos. Es una forma de ser genuinos en la ficción que inventamos. Y, así es, Simón, la vida continúa, y está bueno que lo que le pasa a los otros no nos sea indiferente y nos quede en la memoria. Muchas gracias por tus elogios. Un abrazo.
      Ariel

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  4. Muy buen relato que combina emociones íntimas con tristes sucesos cotidianos. Bien calibrada la poesía con la prosa; el fragmento de los árboles que lloran se compagina con el llanto por el chico desconocido...¡Tantos chicos como ese!
    Y la vida por la que seguimos luchando florece en rosas, en cariños de desayuno, por encima de las espinas. Felicitaciones.

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    1. Hola Beba, te agradezco mucho los halagos. La noticia sobre la muerte de este chico me ha impactado. No es el primero ni, seguramente, el último, por desgracia. Como verás, necesito, siempre, contar con un estado emotivo que me empuje a encarar un texto. Para mi, los relatos, necesariamente, deben poseer un significado, tiene que haber un "cómo se cuenta y para qué se cuenta", y el fondo de estas cuestiones yo lo busco en los sentimientos.
      Y están, como tu dices, las partes oscuras de la vida que simbolizan las espinas y las luminosas como la ternura, el cariño, el afecto, esas que llegan más arriba y nos proveen la alegría de todos los días.
      Muchas gracias, Beba, por tu comentario, es un placer que vengas por aquí.
      Ariel

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  5. SENCILLAMENTE ENCANTADOR... LAS MÁS DULCES PALABRAS EN LOS LUGARES EXACTOS PARA HACER ESTREMECER AL LECTOR.

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    1. Te agradezco tan hermoso comentario, Marcela, me da mucha satisfacción porque tiene emociones que me renuevan el ánimo para seguir haciendo esto que tanto me gusta que es escribir.

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  6. Como la paleta cromática del pintor hay un abanico sutil de emociones diversas y dispersas en tu relato. Y es que el pensamiento funciona así, una idea pesca a otra, y otra engancha con la primera, más aún el alma sensible del artista que no puede relegar en su mente la pena de la muerte de una vida joven. Y la belleza. Hay belleza en tus palabras, más que escribir parece que acaricias Ariel.

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    1. Qué lindo, Isabel. Me haces pensar en la libertad, en el desenfado, en dejar la imaginación al libre albedrío para que los dedos "digan" lo que se les ocurre. Y es verdad que eso me pasa cuando algo me bulle en la cabeza, las ideas surgen confusas, es como una neblina que, si las cosas salen más o menos bien, se condensa en un relato que, después de dejarlo decantar un poco, uno baja a la tierra y se lo pone a corregir, meticulosamente, con espíritu crítico, con una armadura de metal y con el diccionario en la mano.
      Y por supuesto la belleza, que aunque llega a lo último, tiene que lograr el efecto que mencionas.

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  7. Sale de casa el pintor dispuesto a retratar su entorno, pero en su mente siempre hay un pensamiento, un objetivo, una sola realidad... Ella. Tan sólo la tragedia de una muerte a destiempo, de una vida maltratada por la casualidad o el destino, vete a saber, consigue robarle la atención, de forma que los pensamientos van y vienen de él a ella y de ella a él. Al final se refugia en lo que tiene, que no es poco, lo que da sentido a su vida, un sentido que el pobre Lucas no supo encontrar.

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    1. Tal cual, diría exacto. Ese fue el espíritu que me envolvió al escribirlo, no perder de vista que el artista sale con una emoción que va a estar encima de las demás y es la pasión por la mujer que quiere. Y el movimiento también. Lo distrae la tragedia de ese chico y, aunque se queda enredado con esa espina, regresa al refugio con su dama. Y Lucas, vaya uno a saber, quiero pensar que a un refugio en otro sitio, más acogedor.
      Un abrazo, Jorge.
      Ariel

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  8. Desde que comienza el relato, el lector percibe un entrar y salir continuo del protagonista de sí mismo hacia el afuera. Así como sale de la cama, luego de la casa y entra en la confitería donde se mete en su propio mundo artístico para ir con alma y pensamiento hacia su amada. Pero la lectura del titular del diario lo saca al otro mundo, el cruel e insensible, que a él no lo deja indiferente.
    Y así hasta el final, donde regresa a su pequeño universo de amor, con el dibujo de unas flores a las que le han crecido espinas.
    ¡Muy bueno, Ariel!
    Un gran abrazo.

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    1. Qué bueno que te haya gustado. Es interesante la forma que descubrís, esa sucesión de acontecimientos, ese movimiento de entrar y salir. Te agradezco mucho esta mirada que me ofrecés porque no lo había advertido, tal vez entusiasmado por mantener el ritmo de los pequeños hechos que componen la acción, no reparé en la posibilidad de que sea visto de ese modo. Ni siquiera, mirá lo que te digo, después del sinuoso recorrido de la corrección, pensé en que se pudiera percibir así, lo cual me sirve para pensar en la utilidad de esa herramienta. Te agradezco mucho, querida Mirella, una vez más, la sensibilidad para percibir estos pequeños grandes detalles que tanto me agregan en esta búsqueda, tal vez interminable, de las distintas forman de narrar.
      Un abrazo, compañera de letras.
      Ariel

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  9. Me ha gustado ese artista sensible que no puede apartarse de una realidad que lo golpea con su crueldad y en su obra se refleja esa sensibilidad ante la dureza de la vida. Ese amor intenso por la persona a la que ama lo sostiene como afortunado que es pero no se aleja de la realidad, una realidad reflejada en ese chico sin suerte que pronto será olvidado, del que solo se sabrá lo que se quiera contar como con todo acaba pasando hasta volver a ese final con el regalo para la persona querida, todo narrado con tu prosa poética en la que las propias palabras que usas son también protagonistas.
    Y nos dejas con la certeza que la vida tiene rosas y espinas.
    Un abrazo

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    1. Qué bonito comentario, Conxita, con qué sensibilidad describes el relato, te lo agradezco mucho.
      El arte, esa faceta de la vida, de la cultura, nos permite contar con un espacio, con un lenguaje, con un modo de expresión, para volcar los sentimientos que se generan en nuestra arquitectura emocional, ya se trate de amores o tristezas.
      Y la vida, como las monedas, tiene esas dos caras. Y hay que convivir con ambas y dar testimonio de ellas.
      Un afectuoso abrazo.
      Ariel

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  10. Un alma bonita es aquella que piensa en los demás.
    Con este relato dejas ver a la sociedad, y ser consciente de la actualidad de los marginados aquellos que por desgracia no tendrán a nadie que buscarán respuestas y se preocuparán de los por qué.
    Ternura, nostalgia, y mucho querer en tus letras Ariel.
    Un abrazo.

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    1. Veo con preocupación, por desgracia, que las sociedades actuales son menos inclusivas y, por otra parte, que las capas vulnerables son los jóvenes y los ancianos. La muerte de Lucas pone en evidencia, con nombre propio, esta tragedia.
      Me he alegrado mucho al leer "alma bonita" y "ternura". Muchas gracias por estar por aquí Irene.
      Un abrazo.
      Ariel

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  11. Como esa paleta de colores que utiliza un pintor, tu describes esta historia donde la prosa y la poesía se funden con la sensibilidad y humanidad para el deleite de los que leemos. Siempre es muy grato poder leer y releer a veces para sacar el jugo como un buen vino de una buena uva recién exprimida. Un abrazo

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    1. ¡Ay! qué bonito comentario, María del Carmen, y nada menos que de una artista plástica excelente como tú. Es todo tan lindo, te lo agradezco mucho, es muy gratificante saber que a veces relees el texto, es un enorme elogio para mi que me llega al corazón.
      Un abrazo grande.
      Ariel

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  12. A través del dibujo o pintura se transmiten emociones que, quizás, con palabras no. El autor y receptor de ese canto almendrado de palabras diciéndole que le quieren (¡qué bonito!) es afortunado. Lo es por esto mismo, al igual que ella que es el motivo de su inspiración. Tan importante es querer como ser querido, en contraposición a ese muchacho que falleció y le aporta la pizca de tristeza (y realismo) al momento.
    Estupendo relato, Ariel, aunque choque con mi estrenado verano que adoro ;-)
    Un beso

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    1. Así es, querida Chelo, tú estás entrando en el verano y aquí nos estamos empezando a congelar, has debido ponerle imaginación a la lectura, seguramente, para percibir las escenas bordadas por el frío.
      Me alegra mucho que te hayan gustado esa figuras literarias que lleva consigo la historia, para, tal vez, tratar de suavizar la cruda historia de Lucas, que han recogido algunos periódicos, en forma muy parcial. Esa es la parte triste porque hay muchos Lucas y, la mayoría de las veces, se hace muy poco por ellos, solamente van a engrosar los números de las estadísticas.
      Es muy lindo lo que dices: "querer y ser querido". Qué formula tan sencilla, tan humana, por medio de la cual intercambiaríamos lo mejor de nosotros mismos con los demás. Muchas gracias por pasarte a dejar tu elogio en un comentario tan agradable y por permitirte percibir emociones a través del texto.
      Un beso.
      Ariel

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  13. De tu precioso texto, Ariel, me quedo con esa maravillosa prosa poética que tan peligrosa os parece. Yo creo que la manejas bien, así que también destacaría los interrogantes que me despierta el personaje: hilvanando su pesadilla con el amor por su amada y la conmiseración que despierta en él la vida truncada del joven, ¿por qué le dice "soy artista plástico" a quien sabe perfectamente quién es? ¿Acaso sus temores que ha refrescado el mal sueño tienen que ver con su condición de artista? ¿Con esa humilde habilidad que practica que solo algunos consideran talento? Me gusts reparar en lo que subyace en un texto, más allá de las magníficas imágenes con las que nos regalas, Ariel, y en última instancia ese miedo o inseguridad de todo artista puede retrotraerse al mismo que siente un escritor ante su obra. Mi más sincera enhorabuena. Besos.
    Eva

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    1. Eva, te agradezco mucho los elogios y la opinión que me acercas. Tal vez, en ocasiones como ésta, el peligro lo vea en el equilibrio lírico de la narración, no se trata ni más ni menos que de la duda, o dicho de otro modo, del temor a dejarme llevar por el desenfado, de ser demasiado puntilloso ahora en facetas que antes las tomaba sin preocupación.
      Me dejas un comentario muy interesante con muchos matices para reflexionar. Me encanta que repares en el trasfondo del texto porque tienes el talento y la formación para hacerlo, eres una lectora especial, una referencia objetiva muy valiosa para mi.
      He utilizado a un narrador-protagonista en primera persona del singular casi de inmediato, deseaba que no sea omnisciente, que pueda contar y contarse, describir e interrogarse, vulnerable ante sus emociones, ante el drama que lo golpea, y, también, ¿por qué no? tratar de afirmar explicitando su ocupación en el mundo, es decir una voz imperfecta, humana, con dudas y debilidades, inseguridad como tú dices.
      Es muy lindo leer y releer lo que dices, interpretar, disfrutar imaginando los misterios de este intercambio, yo desde mi mundo, tú desde el tuyo, ambos observando el mismo papel escrito. Es un placer que hayas venido, Eva, un verdadero placer.
      Un beso.
      Ariel

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  14. Más allá de tu absoluto dominio del idioma y tu fascinante capacidad de crear una prosa poética sin caer en tópicos ni frases hechas ya demasiado sobadas, me quedo con el perfil del personaje. El autor escribe su historia y a partir de ahí esa historia cobra vida en cada lector. Yo he percibido a un personaje con dudas, una personalidad compleja que se debate entre el mundo del arcoiris, con su arte, su un tanto obsesiva necesidad de demostrar su amor a su pareja. Pero por otro lado es alguien que se despierta inquieto, que se fija en la noticia que lo entristece, pero también he percibido que le hace sentirse un tanto culpable, como si se diera cuenta en ese momento de que la vida es algo más que plasmar el amor en un cuadro. Eso lo perturba, comprende que más allá de él puede que no haya espacio para el arte. Pero ese pesar desaparece, pasa a segundo plano, cuando regresa a casa, deseando que su amada vea el retrato. Bueno, ya te comenté que las historias, las buenas, suelen adaptarse a la interpretación de cada lector.
    Solo me ha quedado una duda, de inicio mencionas que se mete en la ducha con unas medias, aquí en España con medias nos referimos a las de prendas con las que las mujeres se cubren las piernas, imagino que en Argentina se usa como calcetines, pero te aseguro que ese inicio me ha dejado loco, y me he situado en una noche loca, je,je,je.
    Un excelente relato, Ariel. Un abrazo

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    1. Sí, así es David, (me has sacado una sonrisa) aquí a los calcetines que usamos los varones les decimos medias, ¡me imagino lo que has sentido al comienzo del relato!
      Haces una lectura, una interpretación de la personalidad del protagonista muy cercana a la que pasaba por mi cabeza tratando de modelar sus facetas. Es un individuo emocionalmente inestable, muy sensible, tanto en la relación que tiene con la mujer que ama, como en los padecimientos del otro. La obsesión, las dudas, los momentos de deslumbramiento ante el amor y del descenso a las profundidades de la tristeza, intentan mostrar su perfil emotivo. Y también la culpa, como bien has percibido, le contrae el alma.
      El origen de ese sentimiento está oculto en la interrogación ¿yo qué tengo que ver con él? Se lo pregunta porque sabe que, aunque no conozca a Lucas, él, como molécula civil, también tiene su cuota en esta tragedia social, por eso le molesta, le duele esa muerte. Es como si se preguntara: ¿Por qué me perturba el ánimo la pérdida de este chico? El origen de este sentimiento es filosófico, existencial, moral, consciente, del ámbito de la razón, pero lo sensibiliza a tal punto que se le enreda entre sus mejores emociones hasta el final del relato.
      David, es un enorme gusto para mi que te hayas llegado a dejarme este excelente análisis, Es un placer. Te mando un gran abrazo.
      Ariel

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  15. Saludos Ariel, me gusta mucho lo que escribes, te he leído poco pero es muy gratificante hacerlo. Igual este relato es muy bueno.
    Me identifiqué con el personaje de tu relato por lo del dibujo pero más por los divagues y distracciones, se me va la mente con cualquier distracción.
    La vida y el arte pueden estar tan distanciadas, porque ante la trágica muerte de un joven, qué es el arte, de qué sirven nuestros intentos expresivos. Se siente uno pequeño e insignificante.

    Un abrazo.

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    1. Hola Gildardo, muchas gracias por venir aquí, eres bienvenido. Es verdad, ante la muerte de un chico, trágica y despiadada, uno se queda duro, pasmado y con una culpa que no sabe de dónde viene. Y es como que todos los relojes congelan el cuadrante, hasta el lápiz de la mano ya no dibuja. Lo único que a uno se le ocurre es seguir escribiendo algo, como para que el tema no se duerma, un gesto mínimo con las herramientas que uno cuenta, hasta dónde la imaginación le da. Hay muchos Lucas que nos duelen Gildardo.
      Te agradezco mucho los elogios y te mando un gran abrazo.
      Ariel

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  16. Qué relato más bohemio de principio a fin. Me he quedado prendada con cada frase. Has mostrado una vida artística tan detallada, sin clichés, tan humana que me ha emocionado al completo. Una cosa que me ha gustado es esas ganas de crear y todas las distracciones que van apareciendo, especialmente las emocionales, esos pensamientos que van y vienen.
    Por cierto, coincido con David en que me ha costado darme cuenta de que el protagonista era un hombre. Para nosotros las medias es lo que ha comentado, vestimenta de mujer. Pero así también también aprendo vuestro vocabulario y podemos debatir sobre el uso de la misma palabra en países diferentes y aprender cosas nuevas. Un beso, apasionante entrada.

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    1. Muchas gracias María, es muy lindo todo lo que dices, me alegra haberte emocionado. He tratado de que el protagonista fuese un personaje de vida poco habitual, un poco bohemio, como tú dices, un artista que se dispersa, que no domina los pensamientos, y a quien todo lo sensibiliza.
      Aquí en Argentina es tan habitual el uso de la palabra "media" tanto para hombre como para mujer que ni se me ha pasado por la cabeza que podría llevar a confusión. Lo tendré en cuenta. De todas maneras me encanta, como a ti, conocer los usos y significados de los términos que se utilizan en otros lugares. Escribimos en el mismo lenguaje, pero muchas veces he tenido recurrir a Google para entender una frase, o una forma de decir que incluso en diferentes regiones de España se aplica de modo distinto. Como a ti, me gusta aprender estas cosas.
      María, es un placer que hayas pasado por aquí.
      Un beso.
      Ariel

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  18. Madre mía pero qué texto más bonito, más sentido, más artístico, más tatuado y dibujado en el lienzo del papel, desde la tinta derramada de la sensibilidad del corazón, me ha parecido precioso e intenso, desde el principio de sus desvelos hasta el final de su regreso.

    Usas unas metáforas que me encantan como por ejemplo cuando dices:

    ***Una vez en la vereda me anudo la bufanda, bajo la cabeza y, como una sombra encorvada, opaca en la tiniebla, cavilo, marchando por el trecho más breve, rumiando las sugerencias que le daré a mi brazo.***.

    Vas tiñendo con los lapiceros el dibujo, desde la imaginación y meditación, y aunque vas percibiendo todo lo que hay en tu entorno, se nota en tus palabras la mirada perdida y esa ausencia de ese abrazo cálido.

    Derrochas sensibilidad por cada letra, amigo mío, y no solo has dibujado con tu texto un hermoso lienzo, sino una sensual melodía, un canto al sueño intenso, una balada a la emoción, la perfecta conjunción, el verbo latido, y afinado, el eco de tu mirada clara y transparente, y nos has hecho beber con tus palabras cada sorbo de ellas saboreando la emoción.

    Majestuoso tu texto, en verdad no tengo palabras, pero sí decirte que me ha llegado muy adentro.

    Besos enormes.

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    1. Muchísimas gracias, María, por este emotivo comentario que me has dejado. En sí mismo, ya tiene la mágica emoción que me producen tus escritos, tus poemas maravillosos.
      Cuántas cosas bonitas que dices. Me alegras el corazón, de tal modo, que cualquier pena desaparece, no queda espacio para otra cosa que disfrutar de la melodía sincera de tus latidos, como tú los llamas.
      Dejo rodar la mirada una y otra vez por las frases para estudiarlas en detalle, para asegurarme el significado de cada una de las palabras de tu lenguaje, agradecido de la intensidad que has puesto para expresar cada sentimiento que describes.
      Debo agradecerte la magnitud de los adjetivos que le pones al texto. En este momento los siento como un bálsamo capaz de aquietar la pena más honda. Me hace bien al corazón y al alma.
      Es un placer, poder conservar aquí, indeleble, el perfume que emanan tus emociones, algo más que palabras, y el encanto de su música inconfundible.
      Un beso enorme.
      Ariel

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  19. Me encantas
    cuando escribes sigo tus pasos hasta el barrio de Palermo donde una vez vivíLas huellas de tus pies me llevan a lugares sin recuerdo de una juventud simple yo en esos dias
    mil besos con recuerdos
    me tenes olvidado cariño

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