viernes, 3 de marzo de 2017

Lumbre

   A esta hora es medianoche y estás escribiendo al lado de la lámpara apoyada en tu pupitre desordenado de papeles. El cono truncado de luz que nace desde la pantalla ilumina el teclado y palpa el cenicero de plata, el cual compartían en el lecho después de agotarse hasta la extenuación, desnudos todavía. Eso fue cuando ella todavía estaba contigo. 
   Hasta ahí da la luz de tu velador. Más allá está el resto en penumbra. Son jirones mudos de resplandor amarillo con delgados hilos de silencio que van muriendo hacia los rincones. 
   La habitación está casi a oscuras. Tienes pocos muebles aquí, pero no te molesta esta escasez, son siluetas en la sombra que observan quietas tu tarea silenciosa de escritor, tu compañía. A un lado la cama de hierro forjado sin dosel y el ropero provenzal de dos cuerpos, roble opaco ya sin lustre. Al otro lado la mesa ratona escandinava y dos sillas vencidas. Es escaso el mobiliario para este ambiente amplio. 
   Dos estantes con libros en la pared opuesta y una araña sin caireles ni focos, acrecientan la melancolía de este recinto de techo alto con puerta de madera y piso de pinotea gastado. Las paredes están deslucidas. Completa el cuadro una pequeña cocina en una esquina con algunos cacharros.
   En el centro de la pared más larga se adivina una ventana. Por delante, dos paños de voile blanco. Ella los alisaba con el roce de sus nudillos. La recuerdas ahora por este leve detalle y levantas la vista de tu escrito. Esto te saca de tu tarea en este momento, y la hueles, la imaginas, se mezcla en lo que piensas, su voz y sus aromas aún anidan en tu herida. Te ha abandonado y ese pensamiento te distrae. 
   Alguna vez pensaste en su ansiedad como un defecto, tal vez hubieses querido su fuego ardiendo más lento, pero sus impaciencias nunca pudieron perder tiempo, se apresuraba a desvestirse para que la tocaras, así era. 
   Te ofrecía todo su cuerpo, su busto reclamaba el contacto de tus yemas, se estremecía toda cuando las puntas de sus senos eran alcanzadas por tus labios, cuando sentía la presión de tus palmas rodeándolos. 
   Hacían el amor en esa cama que ahora miras, ella en cuclillas ofreciéndote su sexo y tú de espaldas insertando tu vaivén en esa grieta cálida. Te agitabas en el ascenso, jadeabas con el esmeril del deseo hasta sentir la quemazón sobre tu abdomen y pasabas tus manos ásperas por la curva suave de su espalda y su pelo desordenado. Y en la cumbre de ese paraíso, volcaba hacia atrás la cabeza, con sus ojos dados vuelta, cerrando los párpados en la plenitud del éxtasis, sintiendo la delicia de tu savia dentro de ella y el estrépito de tu temblor hasta el final. 
   A veces buscaba otras formas y otros territorios. Se desesperaba por sentir tu calor, tu sudor. Se perdía en la voluptuosidad cuando se acercaba para sentir la lectura de tu tacto, se embriagaba en tu aroma a tabaco, la lujuria se le ponía tensa y quería entregarse a tus brazos rugosos. Se adueñaba de tus dedos y los llevaba a su vientre. Se arqueaba hacia el cielo cuando tus manos alcanzaban su pubis encendiendo el fuego. Pasaba su lengua por toda tu piel.
   Nunca era de la misma manera porque en ocasiones le agradaba seducirte. Se sentaba con las piernas abiertas para que la miraras, mostrándote su sexo en plenitud, con la mitad de su cabellera sobre su rostro, la ansiedad en la esquina de sus ojos, sintiendo tu mirada lasciva sobre su cuerpo. Luego te poseía. Era una planta voraz, ahogaba tu sexo en su boca, abarcándolo, a fin de extraer el fluir de tu agonía. 
   Otras veces necesitaba someterse, sentir tu peso. Extendida de espaldas, boca arriba, sobre las sábanas blancas te llamaba, te exigía que te adueñes, que penetres, que la hagas gemir de placer, al borde del dolor, desatado su erotismo, siempre loca de deseo. 
   Pero además su corazón era muy sensible. Tan indefenso como la superficie quieta de un estanque. Y no lo advertiste, pero tú debías arrojar algún alimento de amor, ella lo necesitaba, aunque solo fuesen unos sencillos pétalos de flores, solamente para que el agua de sus emociones temblara siquiera un poco. Un halago, una caricia firme pero suave, un gesto simple pero sincero, alguna emoción moviéndose en tu interior. Tú eras su hombre, se sentía poseedora de tu espíritu, de tus sentimientos. Hubiese querido que estés pendiente, que la escuches, que la extrañes, que la desees.
   Pero no te diste cuenta, una mujer no se termina en el contorno de su cuerpo, es mucho más vasta, abarca mucho más allá de su figura. Llegó entonces el tiempo en que fallaste. Ella lo percibió, apenas había cariño en tu corazón demasiado tibio, quizás era un exceso de su parte la pasión que te brindaba. Tus ojos se lo dijeron, no fueron necesarias tus palabras, se dio cuenta observando el fondo de tu retina.
   Entonces llegaron sus días sombríos, por tu descuido, por tu desidia se le fue secando el amor. Se tornó vulnerable a sus exigencias mínimas, despertó de su sueño, pasó demasiado tiempo sin que le arroparas el alma. Se hizo presente el dolor, el hastío, la pena. 
   Y llegaron las discusiones estériles. A veces se ponía triste y lloraba, se abrigaba en tu pecho intentando una vez más encontrar tu abrigo, tu sostén, te necesitaba firme como una montaña, pero no alcanzó con las migajas que le diste. 
   Entonces se le agotó el reclamo, se sintió humillada al caer en la mendicidad para lograr un mínimo de tu ternura, un ruego casi cotidiano que no supiste descifrar. Se secó la fuente que te ofrecía todo, se fue y te dejó sobre la tabla de tu escritorio una esquela mínima, sobria y desnuda, esa que ahora miras con el corazón roto.
   En este lugar vivió contigo, en este sitio sueñas ahora con olvidar todo sin lograrlo, aquí te asesinan los recuerdos de su presencia, su mirada ausente se te vuelve imposible, aquí mueres por ella cada noche.
   Por eso ahora se te ha dado por escribir y crees que así podrás exorcizar tu dolor. 
   Pero te equivocas. Solamente estás pisando los escasos escalones que te conducen al cadalso. Aquí es donde piensas como un tonto que solo el suicidio remediaría tu pena. Pero eso no ocurrirá, porque sabes, eres demasiado cobarde para eso. Y entonces quedarás condenado al eterno padecer, allí te ha conducido la insensata soberbia de tus sentimientos.

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34 comentarios:

  1. Ufff!, qué puedo decir Ariel, intenso y arrebatadoramente doloroso. Has dibujado con letras la perplejidad y la pasividad del protagonista. Te felicito!

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    1. Así parece Norte, a veces encontramos relaciones en la que el hombre es demasiado poco, sentimentalmente hablando, para demasiada mujer. Muchas gracias por pasar por aquí a dejarme tus felicitaciones!
      Un abrazo.
      Ariel

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  2. Qué historia tan preciosa, Ariel. Muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que no lo perdemos y luego nos acosa la culpa por lo que pudimos hacer y no hicimos. Un beso y gracias por estos personajes tan humanos

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    1. Querida Ana, te agradezco mucho lo que dices, me alegra que te haya gustado la historia. Creo que se da este tipo de situaciones con cierta frecuencia, y como tú dices, no nos damos cuenta, y cuando ocurre ya es tarde para remediarlo. Me hace muy bien que te haya podido trasmitir la humanidad que quise colocar en estos personajes.
      Te mando un beso para ti.
      Ariel

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  3. Qué bueno, Ariel. El exceso de deseo rebosa por los poros de estas líneas, de deseo satisfecho, de deseo desconocido o más bien pasado por alto, desatendido a fin de cuentas, que desencadena lo inevitable. Certero al definir los personajes que perfilas con suma destreza, situándolos en una escena descrita a la antigua usanza, incluso con léxico de antaño, otorgándole ese olor que destilan estancias similares, huelen a viejo y a triste, lo que casa tan bien con el estado de ánimo de ese escritor que pretende exorcizar su dolor recurriendo a las letras. Enhorabuena, Ariel. Un beso,
    Eva

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    1. Así es, Eva, he tratado de conformar ese viejo escritor que tú dices, el que tal vez todos imaginamos, solitario ya, rodeado de muebles antiguos, escribiendo bajo la lámpara quizás algún poema triste, y que recuerda a esa mujer apasionada que no supo o no pudo retener.
      Muchas gracias por pasar por aquí y dejarme tan bonito comentario.
      Un beso.
      Ariel

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  4. Wowwww!!!! qué intenso tu relato, arde entre las llamas de la pasión, ella perdiéndose entre su tacto, ofreciendo su pecho, ansiosa por sentir su boca, ella derramando sus mieles... extendida deseosa de ser penetrada...

    Desborda este relato tanta pasión que me ha encantado, pero como todo nada hay eterno en esta vida, y todo se apaga hasta las llamas del deseo y amor.

    Magistral tu relato, amigo Ariel, en verdad me he hecho adicta de tus textos, y ya estoy deseosa de leer uno nuevo, todos llevan algo especial, la rúbrica del sentir la emoción de una persona con gran sensibilidad, la de un gran escritor, a quién admiro.

    Un placer leerte, que me haces visualizar tus letras y sentirlas.

    Muchos besos.

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    1. María, quise subir este relato que tiene mucha carga emotiva y sensual para balancear un poco la temática con respecto al anterior, en el que hablaba de la tragedia de Lorena y la violencia de género. Se trata de un escritor que no puede ofrecer el amor suficiente que le pide su amada, la que curiosamente no aparece como personaje sino en los recuerdos de él mismo. Aquí, en su habitación se da cuenta de todo lo que ha perdido, de todo lo que le daba ella. Recuerda tanto su pasión sexual como sus emociones y sentimientos, más recuerda y más se hunde.
      Me alegra mucho que haya gustado la carga erótica del relato, a ti que eres tan especial para manejarte en ese territorio tan exquisito. Y por supuesto que me alegran mucho tus elogios y todas las cosas lindas que le has puesto a esta historia. Me encanta cuando me dices que puedes "visualizar" leyendo, eso es muy gratificante para mi, María, eres muy sensible.
      Es un placer que pases por aquí.
      Un beso.
      Ariel

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  5. Creo que es muy difícil sostener tanta intensidad por demasiado tiempo. No me pareció que él fuese tibio en sus sentimientos, ella era demasiado avasallante y también dependiente y no parecía sencillo llegarle al alma.
    Pero también es cierto que cuando dejamos de tener algo, por el solo hecho de que nos abandona, empezamos a desearlo de nuevo.
    Un texto con una buena carga de erotismo y muy poético, Ariel.
    Abrazo.

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    1. Sí, totalmente de acuerdo, es envidiable casi escuchar cuando nombrás esos sustantivos, como por ejemplo tibio. Parece que estuvieses frente a un piano probando la afinación, diferenciando un do de un do bemol, con esa agudeza auditiva que tienen los músicos, pero aplicado a la melodía de las palabras. Leo y me siento como un espectador en un ensayo, escuchando como Mirella teclea en el piano buscando la nota justa, de veras te lo digo, esa sensación la tengo ahora que escribo. Es difícil explicar las emociones y es una delicia verte cómo hacés esas diferencias que son sutiles para mi, y tan evidentes para vos, me siento como si estuviéramos conversando, intercambiando gratas opiniones, algo muy estimulante y enriquecedor porque se trata de escribir la vida, de las emanaciones que quedan en los recuerdos de cada uno, de las relaciones que tuvimos, intransferibles. Y puedo sentir los matices, las diferencias, admitir que no todo es igual para todos, afortunadamente, y buscar los significantes que para cada uno tienen esas palabras como amor o alma, infinitos modos. Y disfruto, Mirella de este intercambio que nos permite el mundo literario, el mundo de la ficción, en donde todo es posible y todo es discutible y distinto, de veras lo disfruto.
      Y ese dejar de tener, el abandono, el deseo que se reaviva ¡de cuántas cosas intangibles estamos hablando! Porque en definitiva estamos hablando de nosotros mismos, de esta complejidad que somos, de esta carencia fatal de poder estar en la cabeza o en el alma del otro, mujer u hombre, con quién estuvimos tan cerca, piel con piel, y conocemos tan poco. Bueno... me parece que me dejé llevar y llegué un poco lejos, pero es lo que me salió, lo que tenía ganas de decir.
      Muchas gracias, Mirella, por escribir estas líneas que no son extensas pero que dicen tanto.
      Un abrazo.
      Ariel

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  6. Muy buen relato. Has equilibrado y dosificado el erotismo de una manera magistral. Y ese dar y no dar de manera equivalente tan común en las parejas humanas aquí queda expuesto de manera extraordinaria. Las descripciones del principio a mi me parece que son de antología. Y el uso deliberado (creo y supongo) de la segunda persona no hace otra cosa que ponerle valor agregado a la prosa. Gran trabajo, pibe de Palermo. Te felicito.

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    1. Gracias Néstor! He tratado de llegar con la sensualidad y el erotismo hasta dónde me pareció que estaba el límite, esa línea invisible que me llevaría a un exceso que quise evitar, cosa que a veces me resulta difícil de encontrar. Me pareció que la segunda persona era lo adecuado para instalar la cercanía necesaria a este hombre que recuerda y extraña a su amada, en su sitio solitario en donde escribe. Me pone muy contento que te haya gustado, te agradezco tus elogios porque me hacen mucho bien, tal vez me repita, pero así lo siento. Te mando un gran abrazo.
      Ariel

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  7. ¡Qué maravilla Ariel! un texto mixturado de sensualidad y sexualidad, de entrega y de desentrega, un amor bellísimamente imperfecto...como la vida.

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    1. Así es Isabel, si te he de ser sincero quise volcar en este relato las tribulaciones de este escritor en un tema que para mi es de gran interés, no fue algo diseñado de antemano sino que fue saliendo solo y me permitió ir soltando, una parte al menos, los sentimientos que nos deja el paso de una persona por nuestra vida. De un amor que dejó huella, un amor apasionado que puede haber durado poco o mucho, pero que fue fuerte. Y esa relación se ha dado, como es inevitable casi, entre dos almas que no tienen la misma capacidad de amar, o no tienen la misma intensidad en sus sentimientos, o quizás (él no lo dice) se haya colado el demonio a rebajar la pasión necesaria de su corazón. Y centrado en eso quise colocar en primer plano la sensualidad y la sexualidad que siempre acompañan nuestras relaciones. Y ahí mostrar, y no se si lo he logrado, la importancia de los otros sentimientos necesarios para sostener la unión, y que en este caso ella los tiene en demasía con respecto a él, lo que lleva al fracaso, a la ruptura, y a la inevitable desdicha de este hombre que aparentemente no tiene otro amor que lo sostenga. Como tú dices, la vida misma.
      Un abrazo, Isabel.
      Ariel

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  8. En mi opinión, son dos personas sin equilibrio porque el hecho de que las impaciencias de ella nunca pudieran perder tiempo (qué bonito) y que él creyera que una mujer termina en el contorno de su cuerpo (más bonito aún) les lleva a ese abandono por parte de ella. Cuando empiezan los reproches...mal andamos. Siempre lo he pensado que cuando algo no hace (por ejemplo, alimentar el alma del otro) y el hecho es reprobado o reprochado continuamente, muchas veces esto es el principio del fin.
    La parte erótica me ha resultado delicada y de buen gusto, y no esperaba menos de tu parte.
    El conjunto, fabuloso, porque hasta se puede decir que tu relato viene con mensaje.
    Un beso, Ariel

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    1. Así es Chelo, tu punto de vista es válido, totalmente válido y verosímil, lo que uno puede resumir en un relato es tan poco que el lector lo termina completando. Y como se trata de cosas humanas, de emociones, de los sentimientos de dos amantes, las variaciones son infinitas y las posibilidades incontables. Y mucha razón tienes cuando dices que es necesario para que la relación perdure "alimentar el alma del otro". El disfrute sexual que ambos han tenido, a pesar de las "pequeñas" diferencias entre la urgencia de uno y de otro, ha sido apasionado y compartido de maravillas, pero no logra ser suficiente para sostener la pareja, se necesita ese equilibrio que tu mencionabas al principio.
      Me alegra que te haya gustado como he tratado el erotismo, quise expresarlo con intensidad pero colocando un poco de belleza y de poesía en esa faceta. Gracias por pasarte por aquí, Chelo, es un placer tener un comentario tuyo.
      Un beso.
      Ariel

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  9. Qué preciosas imágenes nos pintas en este relato, Ariel, y con qué credibilidad y maestría nos pintas una historia de desamor que siendo igual que muchas, es absolutamente única. Me encanta cómo has alternado las partes del amor del cuerpo, de pasión, y las de amor del alma, de ternura y sentimientos a flor de piel, todo ello con un lenguaje exquisito que cautiva. Una gran historia contada por un gran escritor. ¡Enhorabuena!

    Un abrazo y feliz comienzo de semana :))

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    1. ¡Qué bien lo has expresado, Julia! Yo no habría realizado un mejor resumen que el que has hecho tú. Porque una de mis preocupaciones fue justamente mostrar que el amor, esa palabra que tiene tantas aristas, tantos modos de ver diferentes, es esa alternancia entre sexualidad y sentimiento, ese delicado equilibrio a veces difícil de lograr.
      Es muy, pero muy bonito recibir tus elogios. Me alegra mucho que hayas pasado por aquí.
      Te mando un gran abrazo, Julia.
      Ariel

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  10. Me ha encantado Ariel. Esa mezcla de erotismo, sensación de ausencia y soledad, e incluso una especie de culpabilidad por no haber estado a la "altura" de las circunstancias. Todo ello acompañado de auténtica poesía. Me conmueve el protagonista cuando en el relato se dice "hubieses querido su fuego ardiendo más lento", es como si esa mujer tan apasionada hubiese podido con él, y todo ese exceso se hubiese desbordado. Sin embargo una vez que la pierde la añora de una manera desgarradora, es como si ansiara otra vez esa pasión desaforada. Esas son las contradicciones del ser humano, así nos hicieron.
    Una delicia como siempre, Ariel.
    Un abrazo.

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    1. ¡Hola Ziortza! Es verdad, de veras que somos contradictorios. Y a veces nos confundimos, estamos convencidos que el otro piensa como a nosotros nos parece y resulta que no es así. Yo creo que esta historia da para distintas interpretaciones, a tal punto que te diría que pienso que podría cada uno de nosotros tener la suya propia y me parece que es porque se trata de dos personas comunes a las que pasa una historia común, que puede ser la de un amigo o un vecino, o un pariente. Somos tan humanos y tan imperfectos que nos pasan estas cosas. Me encanta que te haya gustado el relato y me hagas saber de una frase en particular para destacar. Eres muy generosa Ziortza.
      Un abrazo.
      Ariel

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  11. A mi parecer, este relato muestra lo difícil que es encontrar tu media naranja, perfecta y simétrica. Presenta una pareja envidiablemente apasionada, que disfruta de su relación física con verdadera entrega, con una sensibilidad exquisita, cada segundo, de manera sublime, sintiéndose cada poro, saboreándose cada esencia corporal, tocándose hasta saciarse, con una sensualidad y un erotismo que harían palidecer al más impasible.

    Al principio, en una nueva relación ardiente, todo es pasión y desenfreno, se vendan los ojos y se lanzan al vacio de la sensualidad, la provocación, y al entregarse al otro sin condiciones. Pero, como suele ser habitual, con el tiempo, todo se relaja lentamente a distintos ritmos en las personas, y una pide más que el otra, una es más física y sensual, la otra más sentimental y emotiva. Y todo ese precioso y deslumbrante castillo de naipes que construyeron con sus actos y sentimientos se desmorona cruelmente.

    En definitiva, me parece una lectura preciosa, con gran talento descriptivo, tanto en los espacios tan bien ambientados en los que se desenvuelve la trama, añejos y de solera, acorde con la edad del protagonista, como en el erotismo mostrado, con la justa carga explícita para no sobrecargar, haciéndolo hermoso e incluso artístico a mi parecer. El autor consigue que compadezcamos al protagonista, por haber perdido algo tan valioso, por haber sido tan torpe, y lo convierte en un escritor viejo y melancólico, triste y solitario.

    Permíteme que te siga en Blogger y en Google+, porque me ha encantado tu estilo narrativo, es... diferente. La sugerencia que hicieron sobre tu relato tenía todas las garantías, sin duda. Un saludo cordial y muy buena lectura.

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    1. Muchas gracias por tu grata y extensa reseña J.J., eres muy amable. Te doy la bienvenida a este sitio en el que te puedes sentir cómodo y dejarme tu parecer, ya sea en las cosas buenas que ves y en las que te parece que cabría realizar una observación.
      En mi recorrido por los blogs he visto algunos comentarios tuyos al pasar que hablan muy bien de la buena predisposición que tienes para compartir opiniones, de tu generosidad para aportar tu parecer a los que, como a mi, nos gusta escribir. También he visto que tienes, si mi memoria no falla, dos novelas publicadas.
      Por eso aprecio las cosas lindas que me dices acerca del relato, la detallada enumeración que haces, el tiempo que te has tomado para ello.
      Y será un placer que te anotes como seguidor en ambos sitios, sí, por supuesto. Yo me pasaré por tu sitio para hacer lo mismo. Gracias por tu visita. Te mando un cordial saludo.
      Ariel

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    2. Un texto maravilloso,sensual y poético, plagado de frases impagables. La oscuridad se adueña del escritor. Su piso, antes luminoso como su vida, se ensombrece tras la marcha de su amor. No supo corresponderle, quizás le exigiera lo que no estaba dispuesto a dar,¡qué error! Es tarde para arrepentirse de lo que no supo hacer y ahora su vida es un lúgubre y oscuro camino hacia el vacío. Magnífico, Raúl. Un abrazo.

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    3. Muchas gracias Jose! Me alegra que te haya gustado. Sí creo que es la historia de un error que ya no se puede solucionar. Bueno, no creo que sea un caso extraño, tal vez un caso más común de lo que creemos.
      Un abrazo y gracias por pasar por aquí.
      Ariel

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  12. Tres partes se ven claramente en este relato. La primera descriptiva, donde se nos muestra con todo detalle el escenario de la pasión entre él y ella, descripciones muy buenas y minuciosas que nos hacen ver el lugar hasta casi sentirnos en él. La narración en segunda persona y en presente, esa segunda persona nos acompañará ya durante todo el relato, como si fuese una acusadora voz de la conciencia en la que desde el principio se adivina reproche.

    En la segunda parte cambias a tiempo pasado para relatar las vivencias amorosas de los protagonistas. Se adivina ya aquí que lo que fue ya no es, aunque el lector todavía no conoce el desenlace (muerte, abandono, dejadez...) Nuevamente nos sorprendes con tus descripciones, esta vez de sentimientos y actos más o menos explícitos narrados con delicadeza sin caer en lo burdo, con frases como han comentado de una belleza plástica profunda.

    Ya hacia el final nos cuentas el desenlace, el abandono, el fin de lo que ahora se echa de menos, nuevamente en pasado hasta los dos últimos párrafos donde el peso de la culpa cae sobre el protagonista con toda su crudeza. Se me antoja que algo hay de autobiográfico en el relato, y si no es así, mérito del autor por conseguir que lo parezca.

    Sin desmerecer para nada el gran relato que nos traes sí que hay algunos cambios de tiempo verbal y de persona que quizás deberían revisarse.

    En definitiva relato sentido y preciosista donde sacas a relucir tu mejor prosa de probada solvencia. Enhorabuena. Un abrazo.

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    1. Jorge, me has hecho una devolución de excelencia. Recuerdo, mira lo que te digo, algunos comentarios tuyos que me has realizado en TR, desde ese momento advertí la envidiable mirada que tienes para analizar los textos. No lo digo solo por la meticulosidad que pones en leer, que parece ser una combinación entre la virtud natural que tienes para ello y la experiencia del oficio de escritor, sino por la lectura profunda del sentido de lo escrito. No sabes qué aliento me das, cómo aprecio los adjetivos alentadores que pones acerca del tratamiento narrativo de este relato. Me ha gustado mucho el análisis que haces de la parte erótica, en la que como tú has visto he tratado de intensificar haciendo pie en la poética para no caer en lo grosero. Y del mismo modo es muy alentador que hayas visto que he tratado de extender las descripciones al plano sentimental para darle más verosimilitud y "humanidad" al protagonista y a la mujer a la que recuerda, es decir no narrar simplemente un episodio sexual.
      Respecto del punto siguiente te diré que los elementos que aparecen en esos dos planos que te he mencionado, bueno, siempre remiten a vivencias propias que surgen al momento de escribir. No se si te he comentado, pero yo pienso que la única herramienta que poseo para trasmitir sentimientos es la autenticidad, lo que yo toscamente llamo "no mentir", es decir tratar de ser lo más genuino posible. En lo que se refiere a la historia del personaje un poco indolente, o descuidado si quieres, y la mujer apasionada que lo abandona, bueno, no he tenido ninguna experiencia de este tipo exactamente. Quiero decir que nunca (afortunadamente) he sufrido un abandono amoroso, mis relaciones han terminado generalmente de buen modo y, en general soy bastante afectuoso y apasionado con las mujeres. Tú sabes que en este sentido soy bastante trasparente y digo lo que siento, sabes que por ejemplo tengo tendencia a escribir sobre la locura o la soledad por ausencia de madre, que son aspectos que se acercan más a mis vivencias.
      Y con respecto al último punto te agradezco que me apuntes esos errores que me pondré a buscar en una nueva revisión, porque si tú lo dices, seguro que los hay: ahí eres infalible.
      De nuevo, Jorge, te agradezco tu visita y el tiempo que te tomas en estos exquisitos comentarios que tanto me agradan y tanto me alientan.
      Un gran abrazo.
      Ariel

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    2. Hasta en la devolución de los comentarios recibo tus elogios, mira que eres exagerado jeje. Con lo de los cambios de tiempo y persona te digo, en las frases "le exigía que te adueñes" o "hubiese querido que estés presente" se cambia en la misma frase de pasado (primer verbo) a presente (segundo verbo) cuando se están narrando hechos pasados.
      También en la frase "hacían el amor en esa cama que ahora miras" ese "hacían" cambia la segunda persona que utiliza el narrador a tercera. Un abrazo.

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    3. Bueno Jorge, ya me has ahorrado la tarea de búsqueda. Muchas gracias compañero!!

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  13. El amor tiene muchas caras, pasión, amistad, cariño, consuelo... Va evolucionando desde la pasión sensual a algo menos ardiente pero más profundo. El problema es cuando cada miembro de la pareja pasa por cada una con un ritmo distinto. Entonces es cuando uno busca en el otro algo que no encuentra. La relación pierde comba, pierde sincronicidad.
    En cuanto al relato, ¡qué decir! Sabes jugar con el lenguaje de una manera asombrosa, pero con sentido. Te sirves de tu don, porque lo tienes, para relatar la historia con los cinco sentidos. La parte más erótica del relato es magistral y mira que esas escenas son complicadas y es muy fácil caer en los tópicos. Desde luego, no ha sido tu caso.
    Como se dice por aquí, ¡pedazo escritor! Un abrazo

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    1. Creo que has dado con un punto interesante, David, cuando dices que "uno busca en el otro algo que no encuentra". Estoy totalmente de acuerdo con tu visión. Yo creo que eso es típico de lo que yo llamo enamoramiento, es decir cuando uno sale a buscar "un otro" que cumpla con una "lista" de atributos que ya trae previamente elaborada y que se debe cumplir a rajatabla. Al principio uno pasa por alto lo que no encuentra pero en algún momento cae en la cuenta del malentendido.
      En cuanto a la narración, te agradezco los elogios, me alegra mucho que te haya gustado como han salido las escenas eróticas, me agrada que digas que he podido esquivar los lugares comunes en estos tramos complicados, es muy halagador de tu parte.
      Muchas gracias por pasarte David.
      Un abrazo.
      Ariel

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  14. Hola Ariel,
    Bonita manera de expresar esa pasión, suavemente, sin estridencias pero sin dejar para nada indiferente, calculando exactamente la dosis de pasión que debías regalar a tus lectores, esa combinación de amor y de pasión para que sintiéramos la pérdida que él siente cuando ella ya no está y que hace reflexionar sobre esa costumbre a veces absurda de lamentar la pérdida, en lugar de cuidar la presencia de aquellos a los que queremos.
    Una triste y muy bonita historia.
    Un abrazo

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    1. Hola Conxita,
      Como tú dices, cuando llegan los lamentos por la pérdida es tarde, ahora tiene que padecer la soledad, antes tenía el amor y la pasión y ahora nada. Hay personas cuyo umbral de sensibilidad está más bajo aún y no sienten esa pérdida, pueden vivir sin otra mujer al lado, pero él no, de ahí su sufrimiento.
      Muchas gracias por venir aquí a dejarme tus palabras.
      Un abrazo.
      Ariel

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  15. Uf querido, qué relato tan intenso, elaborado con pasión y entrega, qué cierto es qué las relaciones de amor suelen ser (algunas), como una montaña rusa y hasta qué no se pierde lo qué en verdad se quiere y desea, uno, no se da cuenta, y qué triste es entonces.

    Hoy dolió éste relato, Ariel, te dejo como símbolo una lágrima por la tristeza invadida :(

    Un beso, Raúl, hasta tu orilla.

    P;D:

    Disculpa mi tardanza en visitarte, ando bastante ausente, más no me olvido.

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    1. Lo más lindo que me dices es lo que aparece al final de tu comentario: es muy bueno saber que siempre estás presente.
      Has visto, aparece la tristeza, la pena irreparable, cuando no uno no sabe valorar el amor de la persona que lo quiere. La figura que utilizas, montaña rusa, es muy adecuada, la vida tiene ese movimiento que nos ofrece y nos quita al ser apasionado que nos ama. Solo nuestro instinto nos guarda de tener los ojos y el corazón abiertos para que nos quedemos con la mejor flor.
      Te mando un beso.
      Ariel

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