viernes, 24 de marzo de 2017

Desde otro lado

   ¿Qué puedo decirte desde aquí? desde donde no me podés escuchar. Hay un tabique en el tiempo que está muy firme al lado de mi cama, un antes y un después que no puedo remover. Me impide ver al otro lado y quedo confinado, aquí, en una zona blanca, yerma, quedo aislado en una tersa nube de claridad. 
   Tengo los brazos quietos al lado de mi cuerpo, la cama se parece a un féretro inamovible que me mantiene quieto, inmóvil. No tiene adornos ni asas para permitir el transporte de mis huesos, que, supongo encalados cuando observo mi recubrimiento casi transparente atravesado por pálidas venas azules. Tengo la piel adherida a las partes óseas, ya casi me he convertido en un cadáver. 
   No exagero, casi me he consumido. Pero mantengo intactas todas las sensaciones, menos el gusto. Puedo sentir el frío del aire quieto en la habitación estéril. Es muy difícil poder pensar en cosas lindas para decirte porque te veo poco y debo recurrir a la memoria que se apaga lentamente. Seguro que recuerdas el crepúsculo que vimos juntos aquel día, en la Casa Blanca, en Punta Ballena, cuando la bola de fuego se escondía entre las hilachas de las nubes y, se hundía lentamente en el horizonte del río. 
   Y, por supuesto, tampoco puedo escribir. No me lo han prohibido, no, pero mi sistema nervioso se ha desconectado. Por eso me es imposible, además, poder brindarte una caricia, ni siquiera la que tenía en mente antes de que ocurriera el trágico suceso que me ha traído hasta aquí. 
   Aunque no me lo han dicho hay algo que no funciona bien dentro mío y, hace que, aunque mis oídos oigan, no pueda hacer gestos ni girar el rostro. Quisiera ofrecerte los labios para que me des un beso. No podés darte cuenta, cuando estás a mi lado, el esfuerzo que hago para hablarte, pero ni siquiera alcanzo a girar mis ojos para que repares en la tristeza que me invade. Por lo tanto, estás muy distante, tanto como la estrella del universo más cercana al pequeño mundo de encierro que son los límites de mi cuerpo. Ni siquiera mis ojos me obedecen. Estoy encerrado en mi propia cáscara. No sé hasta qué punto me puedo considerar vivo todavía.
   Las personas de guardapolvo que vienen a verme a diario con cofias y guantes color crema, con instrumentos y agujas, a veces me hablan y esperan que responda, pero no tienen suerte. Ya he intentado hacerlo muchas veces. Ahora ya he desistido y me abandono sin remedio al aislamiento. Me he resignado a dialogar conmigo.
   Cuando me venís a ver, a vos también te exigen el protocolo de la vestimenta y, eso me acongoja. No podés conocer mis respuestas a las preguntas de tu mirada, pero si pudieras oír mis gritos interiores te pondrías contenta porque aún puedo percibir los estímulos del amor. Las cosquillas que me recorren el pecho cuando te veo son reales, aunque no la registren todos estos aparatos que nos rodean, con relojes indiferentes y luces de colores álgidos que hacen más patético el sitio en el que me tienen confinado sin remedio. 
   Porque en realidad ya no hay regreso para mí. He tenido el último episodio, he cruzado un umbral del que no se vuelve. Asisto a una nueva angustia que me corroe la mente y me aleja del ámbito de tu corazón. Te siento lejana, cada vez que venís, todos los lunes, a sentarte a mi lado. Advierto cómo me mirás, cómo me acariciás con tu mano que pasa suave sobre la mía, cómo se te caen las lágrimas casi sin que te des cuenta. 
   Si hubiese alguna ventana en el tiempo que transcurre, si tuviésemos algún instante, pequeño, para decirnos algo, seleccionaría mis mejores frases, las más lindas que tengo, para tocar tu corazón, sin que se hiele, aunque solo sea para ver el esplendor de tu sonrisa.
   Pero los he visto y he escuchado a estos gélidos hombres de blanco que murmuran al pie de mi cama, con los rostros endurecidos y abrumados, más por su fracaso para sacarme de aquí que por lo que yo significo para vos. 
   Y no saben que yo escucho todavía. Ya sé que casi he llegado al lugar al que todos arribamos, nuestro destino inapelable, la orilla en la cual el mar de la vida deposita nuestra existencia para siempre. Pero, escuchame, no te maltrates, no vale la pena sufrir por lo que no tiene remedio.
   ¡Ha sido tan hermoso haberte conocido! Todavía recuerdo la primera vez que nos vimos. Hay días en la vida que son mágicos, tienen más dimensión que los otros que pasan al costado, los que la corriente monótona de un arroyo hace murmurar entre las piedras. Pero ese día, ¡qué bien que lo recuerdo!; el sol brillaba de otro modo, los pájaros de Palermo cantaban estridentes, el río se agitaba alegre moviendo las caderas en su baile contra el Muelle de los Pescadores. Buenos Aires se hamacaba bajo su cielo de gloria porque había nacido una nueva felicidad, una nueva delicia se sumaba a su historia derrotando a la desdicha, a las innumerables pasiones contrariadas de los porteños. La Dama Fluvial revive su esperanza con fortunas como la nuestra. Se alimenta del néctar de los amantes para aliviar las condenas de los miserables desgraciados, de los torturados que vienen a buscar el sustento a la Costanera en los días pesarosos. 
   Desde aquí no puedo ver el cielo que está por encima de los techos del hospital desierto y callado. El afuera me está vedado. Mi lecho se encuentra muy lejos de la ventana y, además, la veo alta. Ni siquiera la atraviesa el brillo de algún astro frío, de esos que transitan el firmamento cuando cae la noche. La luna no pasa por ahí. El encierro me deja inaccesible, alejado e irreparable, un juguete roto recluido en la celda del recogimiento. 
   Mi reloj se va a detener de un momento a otro y, no tengo manera de dejarte las palabras que he pensado para vos, las más bellas. No sé si alguien te las podrá hacer llegar, no se me ocurre el hay modo de que salgan del cofre del pecho. Quisiera decirte adiós, pero ni eso me permite mi cuerpo. 
   Tendrás que ser vos la que vengas aquí a despedirme cuando llegue mi ocaso. Tratá de que sea en un día soleado, no me demuestres la pena de tu alma, decime algo lindo y, solo levantá la mano al irte. Mirame a los ojos antes de desaparecer por esta puerta que va a permanecer muda, dejame que tu recuerdo se duerma en mi memoria hasta que se apague para siempre.

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28 comentarios:

  1. Jo Ariel, sé qué escribes lo qué te nace, y tus creaciones también sé qué son maravillosas, pero duelen mucho, será porque el mimetismo qué siento con el personaje del relato se me clava como daga al alma, buf, es brutal, entristecida en sensaciones y emociones, no quisiera ser "ella" cuando llegase en su último hálito de vida ése suspiro qué esparcido se desintegra en el universo.

    Pese a ésta tristeza qué me embarga al leerte, es maravilloso tu relato, mi querido amigo y compañero.

    Un beso, Raúl, como siempre, hasta tu orilla...

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    1. Así es Yayone, a veces salen cosas tristes. Es un misterio por dónde me lleva la imaginación, algunas veces las historias llegan de recintos oscuros que mi memoria consciente no detecta, a veces suelen ser testimonios que leo o escucho de los demás. De todas maneras creo que son manifestaciones de mi mismo, es más, me preocupa rescatarlas y, antes que se pierdan, plasmarlas en algún relato.
      Me alegra que a pesar de la pena que emana de este texto sepas valorarlo de tan hermosa manera.
      Te mando un beso, querida Yayone.
      Ariel

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  2. Buf me he quedado impresionada de la manera cómo eres capaz de hacer llegar los relatos, en este caso, el de hoy, me he quedado apenas sin respiración y te he leído acongojada casi sin aliento con los ojos como platos, anestesiada y con la boca abierta, renglón a renglón, mientras te leía imaginándole a él en el Hospital, con los artilugios de aparatos, y sin poder moverse, apenas sin vida por fuera pero por dentro le he sentido desde tus palabras con una vida llena de estímulos, con ganas de darla un beso y en cambio no poder moverse, encerrado en la misma muerte desde su mente y su cuerpo sin apenas con vida.

    Es increíble cómo te metes en el papel de él, para ir describiéndolo de la manera que lo haces y así hacérnoslo llegar y ver tal y como él se siente, parece lo estoy viendo en la realidad, y cuando he terminado de leerlo me he dado cuenta de se trata de un relato pero que lo hiciste tan real como la vida misma.

    Madre mía, me dejas flipando por como eres capaz de meterte en el personaje, me parece maravilloso lo que has escrito, por muy triste que sea el relato, no tengo palabras para describir de qué manera me ha llegado desde la intensidad de los sentimientos de esa persona que tan mal se encuentra.

    Leerte es un verdadero placer, amigo Ariel, y en verdad te admiro porque me maravillas con tus relatos, de la forma que sea, o bien tristes o sensuales.

    Gracias por seguir escribiendo, en verdad echaba de menos tus palabras.

    Besos.

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    1. María, qué generosa y sensible que eres, es un placer leer el comentario que me has dejado. Me doy cuenta por las cosas que dices, por la forma de leerlo, por lo que te ha provocado. Sé que es triste este relato, pero creo que también tiene la belleza de la persona que todavía, a pesar de su estado, es capaz de sentir el amor que le profesa a ella, esos estímulos, esas ganas de darle un beso, que tu has visto y rescatas del texto.
      En cierto modo es una manera de hablar de la soledad, ese tema que tanto me interesa, vista desde la perspectiva de la imposibilidad física, es decir cuando el objeto de su amor, esa mujer, su amada, está ahí, tan cerca y tan fuera de su alcance.
      En fin, María, tú que tienes el fuego interior de las pasiones sabes entender las excelsas gracias y las duras desdichas que a cada uno nos depara la vida por el simple hecho de ser humanos, afortunadamente humanos.
      Un beso enorme.
      Ariel

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  3. Me ha llegado muy dentro tu relato, querido Ariel. Una amiga muy querida lleva varias semanas en coma y me ha hecho pensar en ella. Muchas gracias por escribir,o y hacerlo con tanta sensibilidad. Un beso muy grande

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    1. Ana querida ¡cuánto siento lo de tu amiga! Imagino que doloroso debe haber sido para ti haber leído el relato. Cuando uno pasa por ese trance o por alguno parecido, o conoce algún ser querido que está atravesando por él, casi que le hace daño leer. Lo entiendo.
      Cuando escribo trato, en el primer borrador, de expresar un sentimiento. En el trabajo posterior trato, en cambio, de alejarme de eso para tener una mejor perspectiva. No se de dónde me llegan las emociones que vuelco en ese estadio inicial, pero son auténticas, aunque formen luego parte de un texto de ficción. Por eso me atrevo a subirlas. Todas son como hijos interiores y de ese modo, parte de mi vida.
      Un beso grande.
      Ariel

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  4. Ariel,
    Es cierto que a veces, sin saber el por qué, salen textos muy tristes, como tú dices hay algo que se ha visto, escuchado, vivido o leído que te ha llegado y se necesita expresar y así surgen textos tristes pero hermosos a la vez, llenos de sentimiento como en tu caso.
    Bonita y triste la historia que nos cuenta tu relato, se puede visualizar perfectamente a ese hombre callado para todos, intentando y esperando que ella lo escuche y demostrando un amor tan precioso que emociona, espero que ella pueda escucharlo, que pueda marcharse con una sonrisa en sus labios porque ella lo habrá escuchado.
    Un abrazo

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    1. A ti te pasa lo mismo que a mi, Conxita ¿verdad? Muchas veces me siento a escribir con una idea en la mano y cuando cierro la puerta detrás de mi, para quedarme a solas con mi historia, resulta que el lápiz toma otro sendero. Y ya no puedo dejar de llevarme por otras emociones hasta que me pierdo en un montón de hojas que van a la papelera, o me quedo con algo que puedo rescatar y, es eso que empiezo a vestir, peinar, maquillar, perfumar, para que sea un texto, por lo menos presentable para salir a escena. Eso sí, sin perder la emoción o el sentimiento original.
      Me alegra mucho el análisis que me dejas, como siempre, con la mirada certera de la escritora que también escribe desde el sentimiento.
      Un abrazo.
      Ariel

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  5. Un tema tremendo que trataste con la altura de siempre, sin caer en dramatismos o golpes bajos.
    No sabés las veces que me he preguntado qué siente el que está en estado de coma y averiguando se dan varias respuestas, pero ninguna es segura. Poder ver y escuchar, sin retribuir con una palabra o un gesto mínimo, debe ser horrible. Esa es la soledad más absoluta, peor que no tener a nadie.
    Muy bueno, compañero de letras.
    Un abrazo, Ariel.

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    1. Es la misma pregunta que hice muchas veces, Mirella. La soledad que se debe sentir ahí, adentro de uno mismo. Percibiendo lo que sucede alrededor, sintiendo el amor que siente el tipo, como un esclavo que no necesita cadenas, peor todavía, porque no hay juez que lo ha condenado ni rejas que lo confinen en su martirio. Y no hay penuria física, al menos en este caso, que lo mantenga sufriendo. El dolor viene por el lado de la incomunicación, no tiene ni gesto ni palabra para expresar lo que siente. No es un vegetal, es un ser humano todavía, y lo único que puede hacer es llorar para adentro.
      Gracias por venirte hasta aquí, Mirella.
      Te mando un cálido abrazo, compañera de letras.
      Areil

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  6. Tremendo, Ariel. Hermoso y duro a la vez, desconcertante y esclarecedor a un tiempo. Creo que coincido contigo en el modo en cómo debe sentirse un ser aislado como el que describes. Adoro tu prosa barroca y cómo te dejas llevar por ella, tu Buenos Aires querido siempre presente de un modo delicioso, cómo no, y esas imágenes tan bellas que nos regalas... Me quedo "hamacabada" bajo el cielo a la espera de un nuevo relato. Enhorabuena y un beso.
    Eva

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    1. Muchas gracias, Eva. He tratado de imaginar lo que se siente en esos casos. Veo que coincidimos. Creo que es solo un intento de interpretar lo que no conozco, de la situación emocional de alguien que conserva lo que entra por los sentidos al interior de su cuerpo, de su corazón, el relato de lo que se va a llevar consigo, inevitablemente, de lo cual no va a quedar testimonio, de aquello que no va a dejar ningún vestigio. Un náufrago sin papel y sin botella que se va a pique en la más absoluta soledad.
      Me alegra mucho, muchísimo, lo que dices de mi prosa, no te das idea. Al igual que la personificación de Buenos Aires, es algo que me nace de modo espontáneo, algo que no puedo evitar, e indefectiblemente queda engarzado ahí, en algún párrafo, que luego, se resiste a ser removido en las posteriores correcciones.
      Es un placer tener aquí tu comentario tan elogioso.
      Un beso.
      Ariel

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  7. Angustia, soledad e impotencia son las tres palabras con las que definiría las sensaciones que transmite texto, además de la terrible claustrofobia de sentirse encerrado en la cárcel del propio cuerpo.
    Lo cierto Ariel es que sabes escoger las palabras adecuadas con el tempo justo para que leamos, al menos yo le he hecho así, aguantando casi la respiración porque no se puede permanecer impasible al leerte.
    He recordado dos episodios de personas que he conocido, entre ellos un familiar, y siempre me he preguntado que si nos escuchan, sienten las palpitaciones de la vida más allá de su cuerpo inconsciente.
    Un texto durísimo y magnificamente escrito.

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    1. Así es, Isabel, tú lo describes muy bien con esas tres palabras. Las personas que conozco, las cuales han tenido algún familiar en este estado y con un desenlace definitivo, me refieren las mismas incógnitas. Es un Universo de preguntas que a uno le nacen porque es una situación a la que no tenemos acceso ni de un lado ni del otro. Se que es un texto duro, no quiero sensibilizar a nadie que de un modo u otro lo padezca debido a la vivencia afectiva por alguien de su entorno. Solo me intereso por realizar un relato de ficción acerca de una de las particularidades de nuestra vida, la soledad. Del mismo modo que tú me despierta la curiosidad de saber si nos escuchan, y qué sienten si así lo hacen.
      Isabel, muchas gracias por lo que dices acerca de la narración.
      Te mando, como siempre, un gran abrazo.
      Ariel

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  8. Bueno, Ariel. Fantástico relato, empezando por el título Desde el otro lado. Ya nos induce a pensar en una historia narrada por alguien fallecido. Lo que cuentas es peor, es la historia de alguien "muerto" en vida, capaz de ver, pero sobre todo comprender su situación, obligado a asumirla sin remedio. Con añoranza, con la resignación amarga de quien ya es consciente de que da igual el enojo o la rabia. Dicen que cuando el enfermo está a punto de morir su cuerpo segrega unas hormonas que eliminan todo el dolor, en ese momento, el dolor ya no es necesario y la naturaleza parece apiadarse. Eso me ha venido leyendo tu relato, con esa facilidad con la que pones letras a los sentimientos, a las sensaciones.
    Solo se me ocurre un infierno mayor, el caso que leí en una ocasión de alguien que era ciego y también sordo.
    Un fuerte abrazo!

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    1. Así me ha parecido, David, como tú lo dices, con añoranza y resignación. Ignoraba lo que me cuentas de las hormonas y, ahora que me lo apuntas, me inclino a creer que eso ahonda la soledad del personaje ya que la ausencia de dolor lo acercaría más a esas emociones que no puede trasmitir, sobre todo los sentimientos que tanto quiere hacer saber a su amada y no puede, es un lisiado emotivo inmerso en la imposibilidad de la comunicación humana. Un infierno, como tú dices.
      Muchas gracias por llegar aquí con tu comentario y tus elogios.
      Un abrazo David.
      Ariel

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  9. Hola Ariel. Como dice David a mí también me ha pasado que en un principio pensaba que el protagonista estaba muerto, pero hay situaciones más horribles como describes de manera excelente en este relato: el hecho de estar postrado, de sentir pero no poder ofrecer nada, es la impotencia absoluta, el desgarro que supone el dialogo perpetuo con uno mismo, realmente pensarlo da escalofríos. Aún así, y a pesar de la tristeza, siempre hay belleza en tus palabras.
    Un placer leerte como siempre. Un abrazo.

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    1. Así es, Ziortza, por eso quise ponerle como título "Desde otro lado", porque me ha parecido que era lo más adecuado ya que aun no se ha muerto, está en ese estado intermedio desconocido por nosotros, lleno de incógnitas y preguntas. Nada sabemos de lo que allí ocurre por eso me he atrevido a dejarme llevar por los supuestos, a imaginar libremente acerca de las emociones que experimenta, un terreno que me pareció fértil para la fantasía.
      Muchas gracias por tus elogios tan bonitos. Un placer que vengas por aquí.
      Un afectuoso abrazo!
      Ariel

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  10. Hola Ariel! Un relato conmovedor, muy triste por la impotencia de la situación. Has sabido reflejar correctamente la dureza de la situación!
    Un saludo

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    1. Hola María! Eres bienvenida a este sitio. Me doy por satisfecho si te ha conmovido este relato. Como tú dices, hay tristeza en este texto. El padecimiento del protagonista lo demuestra, en esa situación intermedia, entre la vida y la muerte, en dónde también alberga el amor que no puede expresar.
      Un saludo, muchas gracias por comentar.
      Ariel

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  11. Una historia contada desde dentro pero con la mirada puesta hacia afuera. Soledad, impotencia como han comentado, angustia y el amor como trasfondo de los pensamientos solitarios de un hombre postrado. Precioso el último párrafo y esa analogía entre el día soleado y el estado de ánimo de ella. Gran relato Ariel, felicidades. Un abrazo.

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    1. He escrito la historia en "porteño", no me preguntes porqué, me ha salido así de entrada, con el "vos" y los verbos con acentuación aguda: "tratá, levantá. He tratado de cambiarlos pero al fin he preferido que quede de este modo. Creo que esto se nota principalmente en ese último párrafo que mencionas.
      Me alegra que te haya gustado, Jorge, amigo, gracias por pasarte.
      Un abrazo.
      Ariel

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  12. Duro relato. La impotencia del que casi ha llegado a la orilla y le resulta imposible despedirse de su amor. El dolor de un silencio involuntario, porque las palabras se quedan prisioneras en sus labios inmóviles.Y los recuerdos que, como fotografías de un tiempo soleado y feliz, bailan en su cerebro y junto a las miradas de su amor, provocan ese cosquilleo imposible de registrar en los aparatos que le mantienen con vida. Un relato delicado, triste pero maravilloso. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Jose, me dejas un comentario espléndido al que me es difícil responder porque lo dices todo, unas frases tan certeras que me gustaría que formaran parte del texto.
      Eres muy amable, me pone muy contento que te hayas pasado por aquí.
      Un gran abrazo.
      Ariel

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  13. Un gran texto. Fuertemente emotivo, en especial hacia el final. Cada frase que uno va leyendo está transida por el dolor. Un dolor omnipresente y que por momentos ahoga la voz dew quien relata. Capolavoro, como siempre, pibe de Palermo. Te mando un fuerte abrazo.

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    1. El dolor de no poder comunicarse con los demás. Me agrada lo que decís: frases transidas por el dolor. Un dolor moral, emocional, no físico. Muchas gracias, Néstor.
      Un abrazo desde Palermo.
      Ariel

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  14. Qué texto tan precioso y tan emotivo, Ariel. Realmente puedo sentir la pena y el desasosiego del protagonista, su encierro y su aislamiento. Suerte que aún le quedan esas cosquillas de amor en su pecho para sobrellevar el olvido definitivo que se acerca... ¡Genial, me ha encantado!

    Un saludo :)

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    1. Así es, Julia, quizás a mi me pasa lo mismo que a ti. A pesar de que el texto ha surgido de mi inclinación a interesarme por el tema de la soledad en todas sus formas, rescato la mancha temática del amor que aún anida en el pecho de este personaje condenado a la reclusión en su propio cuerpo.
      Hermoso comentario, es un placer que te pases por aquí a dejarme tan bonitas palabras.
      Te mando un gran saludo.
      Ariel

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