domingo, 19 de febrero de 2017

Aromas

   Este barrio se llamaba Palermo Viejo, nombre asociado por defecto a los bravos cuchilleros del arroyo Maldonado y, que ahora corre silenciado debajo del cemento de la avenida ancha. Este sitio todavía se resiste al paso de los años con sus viviendas de patios abiertos con aljibe en el centro, con brocal de ladrillos de canto, forrados con azulejos, coronados con arcos de hierro forjado.

   Este es tu barrio.

   Hace muchos años éstos eran ámbitos de Buenos Aires con perfume a tango, con ventanas de rejas altas a la calle y macetas de malvones en el alféizar. Las veredas angostas eran un desafío para el paso cansino de los compadritos tanto como los empedrados de las aceras eran tropiezos al paso de los carros. Pero esto es la estampa de una época anterior y se conserva en los retratos de color sepia, esas imágenes de cuando nuestros abuelos eran niños que jugaban en la calle. 

   De todas maneras, las épocas aun hoy se confunden, se mezclan presente y pasado en los rincones más insólitos. Al lado de las torres modernas se ven, a veces, aislados resabios de casas antiguas, con cuartitos escondidos tras las rejas tapiadas, patios con los pastos crecidos. El avance desalmado del progreso las asusta. La tristeza se hace oír con el golpeteo de las ventanas desvencijadas cuando se agitan solitarias en los días de tormenta.

   Hace poco que nos conocemos y hoy vine hasta aquí a verte de nuevo.
   Vengo desde la avenida, llegué caminando por estas calles en las cuales permanecen retazos, si se presta atención a los detalles, del espíritu del arrabal de fines del siglo diecinueve. Estas casas son esquivas a la mirada como lo son nuestros duendes del pasado, pero de soslayo, percibo latigazos relampagueantes del pasado, yo reconozco las formas ancianas de algunas construcciones antiguas, casi en ruinas, con los frisos abiertos debido a las heridas del tiempo, con la sangre seca, descascaradas. 

   En mi memoria se abre un espacio difuso porque yo también conservo recuerdos parecidos de mi barrio, de sucesos míticos contados de generación en generación, o leídos, estimulados en este recorrido por los olores agrios que despiden las maderas nobles de los portones, los aromas del vino en cubas de las bodegas con pisos cuadriculados. Los puedo observar a mi paso espiando hacia los interiores de las viviendas, cascados por el desgaste debido al tránsito antiguo de botas y alpargatas. 

   He llegado y te veo bajar presurosa a abrirme la puerta de entrada. Te he dado un beso y luego, al salir del ascensor, ya en el sexto nivel, me has tomado de la mano y accedemos al pasillo oscuro donde se asoman las puertas de todos los vecinos del piso. Es el espacio común del edificio, a veces silencioso, a veces susurrante, con el arrullo intrépido de las subidas y las bajadas, con el ruido del abrir y cerrar de puertas metálicas, un sonido que se esparce tanto vertical como horizontalmente, más o menos intenso de acuerdo a la pesadez del aire y a la temperatura de las estaciones. 

   Entramos. Los espacios de las habitaciones de tu departamento siempre sugieren algo acogedor, femenino, cargados de fragancias agradables y, cuando yo ya estoy dentro, esas esencias crecen y colman todos los rincones de forma tal que cuando se aquietan se tornan reconocibles.

   Lo que afuera ha sido una intuición de vegetales, aquí dentro huele con precisión a morrones rojos, puestos a asar encima de la tostadora. Más tarde tus dedos ágiles los darán vuelta, los harás quemar parejo y después, seguro les quitarás el pellejo oscuro, rescatarás la pulpa escarlata, los cortarás en trozos angostos y los bañarás en aceite denso para que su sabor sea más delicioso. 

   Sumiso en tu territorio, me invade un sentimiento de ternura y asciende hasta la base de mi cuello. Entonces tengo una sensación extraña. Mi figura se convierte en una especie de asombro. Te observo de pie con mis pupilas apuntando a tus manos pequeñas, pero no puedo dejar de mirar a tu cuerpo menudo ostentando tu espalda casi al descubierto. Soy un intruso a la vez muy cerca y muy lejos de tus suaves y seguros movimientos. Me asomo, con cierto pudor, a tu agilidad para acomodar ollas en el pasillo estrecho de la reducida cocina. 

   Con mis ojos atentos te observo inclinada sobre el palote o agachada en cuclillas retirando el pan de gluten del horno, envuelto en los infinitos aromas que emanan de los minúsculos poros de la corteza castaña. Admiro la agilidad de tus dedos y la certera delicadeza de la maniobra para tomarlo y depositarlo sobre la tabla como un monumento recién concluido. 

   Al día siguiente, después de pasar la noche juntos, se instala en tu cuarto el lento despertar de los objetos y los rayos de luz palpan tímidos los rincones secretos del dormitorio. Amanecemos sorprendidos los dos con la tentación a flor de piel y hacia allí me conducen las señales de tus ojos, a sumergirme en tu abismo sin sentir vértigo, a embriagarme con el néctar de tu colmena encendida en los fuegos de tu territorio ofrecido. Y después de las batallas interminables quedamos exhaustos, con las sábanas revueltas por los movimientos de amantes desesperados, cautivos culpables de los gestos que propone la inminencia y la consumación de nuestros deseos. 

   Luego vendrá la ceremonia del desayuno a reemplazar las dulzuras de los besos por los perfumes del aire de la mañana que se cuelan por las hendijas de la ventana.

   Me acerco a la cocina y te sorprendo de espaldas. Al advertir mi presencia te das vuelta y tu mirada me hace cómplice en la fiesta de cacerolas y alimentos frescos. Puedo oír el rumor apagado de tus pies descalzos, imagino crujir bajo tus pasos una alfombra de hojas secas de plantas otoñales, te sueño caminar como una diosa sobre la turba callada del suelo hueco de colinas imaginarias. 

   El agua caliente cae sobre la yerba y levanta humos tenues desde la boca del mate hacia arriba flotando hasta desaparecer. No hace falta que ninguno hable. La mañana llega y los dos ansiamos disfrutar este momento. Es necesario para eso mirarse a los ojos. Yo me detengo sobre los tuyos imaginando cosas y sin pronunciar palabra me mantengo en silencio. 

   Ahora sé, estoy seguro. Hay dos cosas que te definen. Una es la mirada serena de la percepción profunda de tu alma, y la otra es tu voz, tan clara contando nuestra historia de ternuras. Más aún quizás que tu sonrisa, casi, casi, tan escandalosa, que sería capaz de entristecer a un campo de maíz iluminado de sol en un mediodía de verano.

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35 comentarios:

  1. Querido Ariel: No sé cómo lo haces. Me hechizas con tus palabras, que son pura poesía ("Más aún quizás que tu sonrisa, casi, casi, tan escandalosa, que sería capaz de entristecer a un campo de maíz iluminado de sol en un mediodía de verano") y me envuelves con un torrente de sentimientos, amor, ternura, dulzura... Haces que empiece la mañana llena de luz. Un beso y gracias por regalarnos con tus hermosas historias

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    1. Ana, querida, qué lindas palabras. Hay textos como éste a los que yo denomino espirales, que tienen un argumento sencillo y que nacen de una idea núcleo. Y esa es la que tiene que tener el sentimiento que quiero trasmitir. A partir de ella empiezo a tejer la trama y a tratar de embellecerlo. Luego de pulir y corregir lo subo, pero solo si estoy convencido de que conserva esa emoción en su interior.
      Una escritora como tú, tan sensible, es la que lo completa con sus propias vivencias para lograr el hechizo que mencionas. Y además, estoy convencido, de que las cosas que escribo no las podría hacer sin alimentarme de otros textos, como los tuyos, en los que sueles poner tanto sentimiento. Además de tener el placer de la lectura los siento como fuente de inspiración.
      Me alegra mucho saber que te he alegrado la mañana.
      Un beso.
      Ariel

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  2. Una hermosa historia que de los recuerdos cambias a sensaciones y con unas letras maravillosas me trasladas a mis recuerdos que algunos son parecidos. Precioso todo el texto. Un abrazo

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    1. Muchas gracias Mamen (espero que me permitas que te llame así) por tus bonitas palabras. Eres una mujer afortunada si tienes recuerdos parecidos porque quiere decir que el amor te ha tocado con su varita mágica.
      Un abrazo.
      Ariel

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  3. "No hace falta que ninguno hable. La mañana llega y los dos ansiamos disfrutar este momento. Es necesario para eso mirarse a los ojos. Yo me detengo sobre los tuyos imaginando cosas y sin pronunciar palabra me mantengo en silencio. "

    Precioso!!
    Gracias por compartir.
    Te sonrío con el Alma.

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    1. Muchas gracias, "DesdMiVentana H", por tu sonrisa, me alegra que te haya gustado el relato, eres bienvenida a este sitio.
      Un beso.
      Ariel

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  4. Precioso relato. Tan delicadamente sensual el momento 'cocina' como el del 'dormitorio', con esa observación constante de los movimientos de "ella" y con todos los sentidos en alerta.
    Me ha gustado especialmente lo de que las casas son esquivas a la mirada como lo son nuestros duendes del pasado, ¡genial, Ariel!
    Muchos besos

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    1. Pero ¡qué bonito comentario! Chelo. Después del anterior relato, de tono reflexivo, esa historia triste del hombre indefinido, he tratado de subir un relato breve de tono romántico, con un poco de sensualidad, amor, poesía, que la vida está compuesta también de estos materiales indispensables para que los disfrutemos con plenitud.
      Muchas gracias por tus palabras y por pasar por aquí.
      Un beso, Chelo.
      Ariel

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  5. Me ha encantado tu relato, es sublime, sentido, sensual, tierno... magistral... de esos que llegan directos al alma, amigo mío, y erizan los sentidos, la verdad es que cada vez que vengo a tu blog me dejas extasiada con tus textos, y descubro cosas nuevas en ti, y además, tengo que decirte me he hecho adicta a tus palabras.

    Te admiro Poeta, escribes de una manera tan aterciopelada, que acaricias el corazón.

    Me ha encantado especialmente este fragmento que lo dejo aquí recalcado porque está para enmarcar:


    "Amanecemos sorprendidos los dos con la tentación a flor de piel y hacia allí me conducen las señales de tus ojos, a sumergirme en tu abismo sin sentir vértigo, a embriagarme con el néctar de tu colmena encendida en los fuegos de tu territorio ofrecido. Y después de las batallas interminables quedamos exhaustos, con las sábanas revueltas por los movimientos de amantes desesperados, cautivos culpables de los gestos que propone la inminencia y la consumación de nuestros deseos."

    He visualizado ese amanecer a flor de piel y esa batalla entre sábanas enredadas, en que ambos amantes son ganadores y vencidos, en ese combate de amantes.

    Un placer leerte, amigo Ariel.

    Un beso enorme.

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    1. Muchas gracias María. Qué decirte, que tu comentario me pone tan por allí arriba que no se como agradecer tus palabras. Este es un relato al que le tengo mucho cariño. He puesto mucho cuidado en el tratamiento de las palabras, el armado de las frases, la sonoridad, la cadencia, esos aspectos estéticos, a fin de lograr un tono general que tienda a la ternura y a la sensualidad, como tu dices, de los instantes íntimos de la pareja de protagonistas.
      Es un verdadero placer tener tus palabras aquí, María, eres una poetisa maravillosa y eso agiganta los elogios que me haces.
      Un beso grande para ti.
      Ariel

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  6. sensaciones parecidas me abordan desde mi rosario natal,suelo quedar admirada de lo antiguo y perfecto, que posee un encanto que no encuentro en lo moderno, un romanticismo perdido un recreo a los ojos,

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    1. Muchas gracias Marcela, eres bienvenida a este sitio, son muy hermosas tus palabras, te las agradezco mucho. A muchos porteños, como yo, nos pasa que, con cada edificio que viene en reemplazo de una de esas casa antiguas que en su tiempo fueron hermosas y que terminan en escombros, lo vivimos como una batalla perdida. Supongo que también pasará en el centro de Rosario, y tal vez en el Gran Rosario también. En fin, cuestiones de negocios que no tienen en cuenta la belleza, un romanticismo perdido como decís.
      Un saludo.
      Ariel

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  7. Sobra cualquier comentario de alabanza pues se quedarían bien cortos para tanto despliegue narrativo y aquí sólo cabe expresar una GRAN OVACIÓN!!!

    Qué entrega, qué pasional, por dios!, disfruté con el relato increíble, tan diferente al anterior...manejas la palabra con tanta ternura y tanto tacto, qué pareces conocer de "ella" hasta sus huellas dactilares, chapeau!, querido, como me gustó.

    Un besito, Ariel, hasta tu orilla.

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    1. Hacia allí quise ir tratando de adecuar el tono, de hacerlo intimista y a la vez mostrar la pasión de los amantes, porque la ternura y la delicadeza, al menos así pienso yo, son elementos necesarios cuando llega la hora del amor, la hora de las sensaciones y los cuerpos, la hora del acercamiento y luego la hora de los deseos saciados. En medio, en la colina del encuentro, seguramente aparecen gestos más firmes o más fuertes, pero quise colocarme en el antes y el después, como terreno delicado para el tacto, como tu dices.
      Disfruto tus visitas, me agradan mucho querida Yayone.
      Un beso.
      Ariel

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  8. Un texto para disfrutarlo con los cinco sentidos, Ariel. Tienes un talento privilegiado para conseguir que el lenguaje tome vida propia. Cada frase merece ser leída tres veces para paladearla poquito a poco. Te felicito por haber conseguido esa voz propia y reconocible. ¡Un abrazo!

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    1. Bueno, David, te agradezco mucho tus palabras, lo que me dices de la voz propia es tal vez lo que más me toca, lo que más me gratifica. Vengo de leer tu reseña del libro de King, impecable por cierto, y al encontrar tan elogioso comentario se me reavivan las ganas de seguir escribiendo. Ahí S.K. habla de las dudas y me he sentido identificado con esos miedos y me he sorprendido. Es curioso que a mi, uno entre los millones de personas que les gusta escribir, me pase lo que a él le pasaba siendo ya escritor reconocido en el mundo entero.
      Aunque sea este un texto breve le he puesto el mismo trabajo que a los demás. Me alegra mucho que te haya gustado y, de nuevo, te agradezco los elogios.
      Un abrazo, David.
      Ariel

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  9. Qué bonito escribes Ariel, se diría que tienes alma de poeta y eso establece una relación tan especial con las palabras, las haces fluir y deslizarse acariciando por todo el relato.
    Un abrazo

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    1. Y qué bonito es lo que dices, un elogio de los mayores para mí es que me digan que tengo alma de poeta. He intentado muchas veces tratar de escribir poemas y, aunque he puesto todas las ganas no ha sido suficiente, hasta que ahora ya he desistido de hacerlo. De todas maneras trato de colocar un poco de esa lírica en la prosa. Me alegra que te haya gustado el relato.
      Un abrazo Conxita.
      Ariel

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  10. Qué preciosidad Ariel..., con esas descripciones tan sensoriales, que casi se pueden percibir esos olores y casi podemos tocar esos espacios que mencionas. Si que es verdad que el relato te ha salido muy poético, muy romántico, de esos que hacen vibrar al que lee. Me ha encantado esa última frase: "tu sonrisa, casi, casi, tan escandalosa, que sería capaz de entristecer a un campo de maíz...", me ha parecido bella de verdad.
    Una delicia leerte, como siempre.
    ¡Un abrazo Ariel!

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    1. ¡Hola Ziortza! Me alegra que te haya gustado y hayas sentido y visto todo eso que dices lo cual me hace sentir muy halagado. Veo que te ha gustado esa frase que señalas. Bueno, te diré que me encanta que lo digas porque es una de las ideas que forman parte del núcleo original de esta pequeña historia. Digo pequeña porque su argumento es muy breve y por sobre todas las cosas su acción narrativa tiene pocos momentos, pocos sucesos la conforman. Me quise centrar en el contexto de cada uno de ellos para conformar un marco de sensaciones que aludan al romanticismo que proponen esos detalles cotidianos y domésticos que a veces se dan por descontado y se pasan por alto.
      Ziortza, también para mi es un placer leerte y una alegría que vengas aquí a dejarme tu comentario.
      Un gran abrazo.
      Ariel

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  11. Un texto que llega de arranque, en la descripción de ese Palermo que estamos perdiendo con el avance de construcciones modernas que desvirtúan su espíritu.
    Y después nos hacés entrar en ese mundo íntimo, lleno de aromas, de sabores, de pequeños gestos, de la mirada y el tacto del amor. Todo narrado con delicadeza, sin estridencias, pero no falto de erotismo.
    Un hermoso relato, Ariel, mis felicitaciones.
    Abrazos.

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    1. Muchas gracias, Mirella. Como ves, traté de colocar el acento en lo intimista. Más que en la acción en el contorno, en la ambientación, en el marco. Pero sin dejar de transmitir las sensaciones de los protagonistas del modo más suavizado posible. Y sin descuidar ese aspecto tan importante, tan necesario y esencial para estos dos enamorados (y para cualquier ser humano) que es el erotismo, tratado como si fuese un "aroma" más.
      Te agradezco mucho, mucho, que hayas venido, Mirella. Y por supuesto tus elogios.
      Un abrazo grande.
      Ariel

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  12. Ariel, voy a ser breve. Ya tenemos nuestras largas charlas. Pero quiero decirte que hay algo inescrutable en tu prosa. Todos mis años de lectura y los libros que llevo cargados sobre mis espaldas no logran, digamos, "encasillarla". Tu estética es especial. No tributa a nadie. En mi caso personal siempre imité descaradamente a Borges y luego los años (¡Cuando no!) se encargaron de volverme Néstor. Tú en cambio eres personal y tan especial que resultas nada más y nada menos que simplemente Ariel. No encuentro mejor elogio.

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    1. Néstor, te agradezco muchísimo este comentario. Recuerdo cuando tuvimos nuestra primera charla en la cual me hiciste hincapié en tratar de encontrar la propia voz. Obviamente era demasiado temprano para que yo entendiese qué era lo que me tratabas de decir, pero sin embargo lo tomé y lo guardé en mi mochila para ir rumiando esto con el paso del tiempo. Ahora, creo que estoy un poco, pero solo un poco más cerca de entenderlo. En esa búsqueda trato de ser auténtico y tal vez eso sea lo que contribuye a que lo que escribo se parezca cada vez más a esa voz que continúo buscando, que cada vez se asemeje más a lo que soy, a lo que los demás ven en mí y a mi forma de ver el mundo. Es, en verdad, un elogio muy grande, enorme, lo cual te agradezco mucho, el que digas que mi forma de escribir tiene algo personal. Un abrazo grande, Néstor.
      Ariel

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  13. Es curioso, Ariel, me pregunto a qué huele su piel... Delicioso relato. Por tus palabras sabiamente escogidas presentas una atmósfera adueñada por los sentidos, la vista, el oído, y sobre todo el olfato. Ni rastro del tacto, ni de la piel de esos amantes. De ahí mi pregunta. Golosa, tiene que oler ella, ante semejante buen hacer culinario. Me gustaría poder asomarme a la ventana de tus ojos para comprobar si estoy en lo cierto... Un placer leerte, una vez más. Recrearme en las imágenes que me evocan escenas del pasado y de ese presente que se entremezcla en tu prosa. Enhorabuena, Ariel. Un beso,
    Eva

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    1. Es verdad, Eva, aquí me ha interesado mostrar los aromas que rodean a los protagonistas, el ambiente en que se desarrollan las escenas interiores. Han dejado sus mejores sentimientos en las sábanas durante ese despertar apasionado y seguramente ahí han quedado su aromas fundamentales, los de él y los de ella. Pero el narrador ha querido, deliberadamente, solo mencionar la metáfora del néctar. El cuerpo de ella posee múltiples y exquisitos aromas, fascinantes y embriagadores todos, complejos y únicos porque se mezclan los fluidos de ambos, pero es el autor el que ha decidido, según parece, dejarlos para otra entrega en la que seguramente nos permitirá asomarnos y percibirlos.
      Es muy lindo lo que dices acerca de las imágenes del barrio. Aquí el contraste que se da entre las dos arquitecturas produce contradicciones. Hay personas que con dolor ven como se van muriendo las reliquias del pasado y hay otras que quieren avasallarlo para mostrar la opulencia y la magnificencia de las torres de este siglo.
      Me alegra mucho que hayas pasado por aquí, Eva, muchas gracias por tus elogios.
      Un beso.
      Ariel

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  14. ¡Cómo me ha gustado la reiteración de posesión en la segunda persona del barrio!
    A mí, que no soy de tu barrio, ni de tu ciudad, ni de tu región, ni de tu país, ni de tu continente, por el solo hecho de compartir el mundo aunque en la otra orilla, me dan ganas de conocer tu barrio, y ha sido a intencionalidad que has puesto en el texto, lo bien que están conformadas las frases (sigo admirando tus frases largas), y me han dado muchas ganas de escribir sobre mi barrio, tan diferente al tuyo.
    Y para completar la estampa porteña has puesto a una mujer en ella, en un espacio íntimo y aromado, y extenuado de amor o de hacerlo.
    Ayer hablaba con una amiga de lo difícil que es escribir sobre el amor o el desamor, y que muy pocos lo conseguían. Aún no te había leído Ariel.
    Nota: deberías, si no lo has hecho ya, presentar este escrito cálido y de calidad extrema a algún concurso sobre tu ciudad, o tu barrio…seguro que los hay y seguro que lo ganas, y si no lo ganaras es que el jurado es ciego y sordo.
    Un abrazo muy grande escritor.

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    1. Isabel, creo que te quedaría soberanamente bonito si escribes sobre tu barrio. Tú que eres espléndida para generar ambientes y para ponerle el vuelo que tu prosa necesita, seguramente harías un texto maravilloso.
      El contexto en las escenas de VH, del Puerto de Cabras, de Fuerteventura, de El Aaiún de Alicia, son una confirmación de ello, hay descripciones maravillosas allí.
      ¡Ay! Isabel, has adivinado ¿no sé como has hecho?, aquí, en Buenos Aires, hay un concurso que se hace todos los años, todavía tengo tiempo para presentar un cuento, veremos que hago. Te agradezco el impulso que me das. Eres generosa amiga, escritora y excelente compañera.
      Acabo de ver que has subido el capítulo 39, y hacia allí voy, que te está quedando una maravilla Isabel.
      Muchas gracias por todos los elogios que me pones y por robarle un trocito de tiempo a VH para venir hasta aquí.
      Un abrazo enorme.
      Ariel

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  15. Me hiciste meter de cabeza en cada calle
    en cada cordon de la vereda con perfume a jazmines y balcones antiguos
    Mientras visualizaba la figura de ella y tu caminar por las veredas del bandoneón mientras el loco que venía de Sante fe se paraba a saludarte sacarse el sombrero y hacerte un guiño de un amor enloquecido por quevedo

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    1. Mucha, no sabés cómo me alegran tus palabras que suenan a porteño y que vienen de tan lejos de aquí. Y tu loco y el sombrero que recuerdan al "piantao" que ve la luna rodando por Callao. Qué querés que te diga, con tu comentario me alegraste el día, me pone muy contento que te haya gustado este relato.
      Un beso.
      Ariel

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  16. Este es un relato donde fías toda su esencia a las descripciones. Primero del barrio antiguo, ese que ya sólo queda casi en las fotos pero que sigue presente en rincones olvidados y en la memoria de los viejos. Después le toca al barrio moderno, engullido por la vorágine inmobiliaria pero que a pesar de todo no puede desprenderse de su pasado. Personificas la ciudad en ambas épocas tratándola de tú como si fuese un ser humano.
    Después el relato se vuelve íntimo y tiene otros dos protagonistas, como si los barrios nuevo y antiguo fuesen sustituidos por él y ella. Y aquí dejas que la narración fluya y nos regalas frases preciosas magistralmente hiladas. Los misterios del amor insertados entre el quehacer diario.
    Gran relato y sobre todo de gran belleza, amigo Ariel. Un abrazo.

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    1. Exacto, Jorge, así como lo describes lo siente el narrador, como si su ciudad fuese suya, ella le pertenece como si fuese su madre, su abuela o su novia. Y tal vez, de ese modo, también sufra las desgracias que traen a estas calles esas torres gigantes que le marchitan el alma, que le barren su pasado y sus recuerdos. Tal vez, luego, quiera contar esas escenas para sentirse resguardado, al amor de la intimidad junto a la mujer que lo recibe en su hogar.
      Jorge, amigo, es una delicia leer las palabras que me has dejado. Aprovecho para darte mi ¡enhorabuena! por el magnífico "Buscando a Lorca", un trabajo maravilloso que lo he disfrutado muchísimo.
      Yo también te mando un gran abrazo.
      Ariel

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  17. Hola Ariel!, no hace falta que repita lo que una y otra vez se ha dicho en los comentarios anteriores,... me gusta como escribes. Pero si algo destacaría yo es como has usado ese "zoom lingüístico" si me permites llamarlo de ese modo. Vas del barrio a la calle, de la calle a la casa, de la casa al piso, del piso,... y todo ello con un lenguaje lleno de calidez y dulzura. Felicidades Ariel!

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    1. ¡Hola Norte! Muchas gracias por todo lo que dices. Me encanta la forma en que describes la forma de narrar como un "zoom lingüistico", es muy gráfica. Y además te sirve muy bien para aplicarlo a ese recorrido que mencionas. Es verdad, he intentado ese camino para tratar de "mostrar" todos los aromas en un clima intimista. Muchas gracias por tus felicitaciones. Es un placer que pases por aquí.
      Un abrazo!!!
      Ariel

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  18. Escribis lindo !!!!!!
    Me gustaría hacer un texto corto con vos

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