viernes, 14 de octubre de 2016

Una línea muy delgada

   Este es el cuarto relato de una serie que está formada por los cuatro siguientes, los cuales también se pueden leer en forma separada:

   I: Moscas.
   II: A la mañana siguiente, la ventana.
   III: Lucrecia.
   IV: Una línea muy delgada

   Lucas, el psiquiatra, me dijo que mi trastorno obsesivo compulsivo no tiene ninguna característica que se pueda asociar a la tanatofilia —me encanta coleccionar mis traumas en forma de palabras—, que no tengo tendencia al suicidio. Se lo pregunté sin hacer demasiado hincapié en el tema. No se dio cuenta que estoy preocupado debido a lo que está pasando con el plan de Lucrecia Hoffman. 
   Ayer estuve en la redacción, fui a entregar el artículo de interés para el suplemento Ciencia que me habían pedido, y de paso quise escuchar las últimas novedades que había en Policiales. Con el último ya sumaban tres los cadáveres que había encontrado la policía. El fiscal no tenía pistas claras, lo que sí había eran coincidencias. Los tres masculinos jóvenes, los tres circuncidados, los tres parcialmente comidos por las ratas, casualmente los órganos sexuales estaban intactos.
   Lucrecia es de familia alemana, y al igual que yo ya no tiene parientes vivos. Tampoco tiene amigos alemanes en el país ni en el exterior. Siempre quiso actuar sola y no tener conexión con ningún alemán ni con ningún judío, yo le servía porque tampoco tengo familiares de esa comunidad. 
   Me había pedido datos antes de empezar con el plan y el gordo me los dio servidos en bandeja. Fue hace un poco más de tres semanas. Era lunes por la tarde. Yo estaba fumando en la cama, pensando donde conseguir información acerca del mito sobre la pérdida de sensibilidad con la circuncisión, para el artículo que tenía que entregar a la revista. Las referencias me iban a servir para ambas cosas, para ella y para la nota de la revista. Cité a Matías en un bar de la avenida para tomar un café.
   —Gordo decime, vos sos judío ¿no? —y ni bien terminé de decirle esto se le borró la sonrisa de la cara. Me miró fijo.
   —¿Qué me estás preguntando? —dijo ni bien se compuso.
   —Oíme, no te enojés —le dije parándolo en seco—, necesito hacerte una consulta.
   —Si se trata de religión conseguite un rabino.
   —Cuando eras chico —empecé— a vos ¿te hicieron la circuncisión?
   El gordo se quedó medio chato. No sabía si la cosa iba en serio o en broma, pero al fin se dio cuenta que yo estaba interesado en serio, le dije que tenía que escribir sobre eso y se fue calmando. Le fui sacando toda la información que pude, terminamos hablando de alguna pavada más y nos despedimos. A él se la habían hecho a los cinco años con anestesia general.
   Yo tenía que hacer un artículo de interés sobre el tema, y eso me servía, pero además le pude sacar un dato esencial que necesitaba Lucrecia. 
   Al día siguiente fui a verla a la casa, se lo comenté, ella no quedó conforme pero ya había tomado la decisión. Tres semanas después empezaron a aparecer los cadáveres. Combinábamos las direcciones donde los iba a dejar el miserable de Gordon y un par de días antes yo alimentaba las ratas de esos lugares para que hicieran la parte final de la tarea. Sencillo.
   Los diarios hablan de un asesino serial, la policía y el fiscal está un poco desconcertados, pero siguen trabajando en el caso. El tipo no mata a cualquiera, sus víctimas son varones, la única característica en las que coinciden es que todas están circuncidadas, pero lo más extraño es que no todas son judías. Parece que el tipo es cirujano y al que secuestra, si no está circuncidado, él se ocupa de operarlo, después los mata. Todavía están empezando los peritajes, esta investigación recién empieza y no se sabe cuál es el móvil que lleva al tipo a hacer esto.
   El otro día fui al departamento de Lucrecia y discutimos fuerte, en realidad el que gritaba era yo, ella estaba tranquila. Le dije que parara con todo esto, que la iban a encontrar tarde o temprano, que hiciera desaparecer su celular, que lo incinerara, que lo tirara al Riachuelo. Yo necesitaba que se deshiciera de él, estaba contaminado con mi número de teléfono. Me irrita de por sí todo lo que se contamine, pero en este caso estaba mi vida de por medio. Yo estaba alterado, más que de costumbre, porque sabía que si la agarraban a ella también podía caer yo.
   Por eso estoy fóbico, hoy fui a comprar una pistola y dos cajas de municiones. La tengo acá en la mesita de luz. Está cargada. Hace dos días que no salgo, me lo paso yendo de la sala al dormitorio. Después que fui a la armería pasé a comprar un pack de botellas de whisky por el supermercado chino que está a la vuelta. No hago más que vaciar botella tras botella. 
   Estoy ansioso, eso me juega en contra, me lo paso encendiendo y apagando la televisión. La tengo en volumen cero para que no me taladre la cabeza. Solo sintonizo los noticieros. También los atados de cigarrillos se vacían más rápido. Cada vez me quemo más los brazos con la punta de los puchos, ahora empecé por el costado del pecho. Tengo miedo. Consumo más dosis de sedantes que de costumbre. Por suerte no aparecen ya más cadáveres.
   Lucrecia es una mina cruel, la trataron muy mal de chica. Siempre vivió en esa casa antigua que está en el borde Palermo. La casa la construyó el padre, “el alemán” le decían en el barrio, un tipo oscuro. Era médico y se había especializado en embalsamar gente, algo que no lo hace cualquiera, tenía el “taller” en su casa. Ella fue su única hija y el padre la hacía presenciar todo, el tipo tenía la convicción de que contaba con el poder de vencer a la muerte, estaba loco, sus trabajos eran cada vez más perfectos. Un día lo encontraron colgado del cuello, pendiente de una soga que había atado a una viga del artesonado del techo. 
   El padre, además, le inculcó a ella el odio hacia los judíos, le metió el odio en la sangre. Y para colmo, la madre la torturó psicológicamente, le decía que estaba maldita, que ella no había querido engendrarla, le decía esas cosas todo el tiempo. Lucrecia se hizo adulta con esa hiel en su interior, y eso gestó en su cabeza, una especie de revancha hacia su madre, un síntoma que se organizó hace poco en su mente macabra: la necesidad imperiosa de tener una hija. Se puso de novia, tenían relaciones, pero él no podía tener orgasmos. 
   A partir del momento, en que se enteró de que yo estaba preparando el artículo, sobre el mito de la circuncisión para el suplemento, se empezó a interesar por el asunto, me empezó a hacer preguntas. Fue cuando me pidió ese dato tan importante. Ella había estado investigando sobre los últimos estudios científicos, había opiniones contradictorias. El gordo me había dicho que nunca había tenido problemas con la sensibilidad, yo le dije que era parte del mito, que no era una verdad confirmada. Pero ella estaba tan desesperada que cualquier información le interesaba. 
   El novio tenía fimosis, hacer el amor con Lucrecia era una tortura para él. Al principio la perversidad la ganó, disfrutaba con su padecimiento. Después, empezó su obstinación por quedar embarazada, lo convenció para operarlo. Le dijo que se le acabaría el dolor y podría eyacular sin dificultad. Pero no tuvieron el resultado esperado, el seguía sin tener orgasmos. Llegaron las peleas hasta que la situación se hizo insostenible y pasó lo peor. Después siguieron las otras dos muertes, el odio y su crueldad ya eran incontenibles, se le habían desatado esos viejos nudos, estaba desquiciada. De esto último me estoy enterando ahora, cuando miro la televisión.
   Ahora, que son las diez de la noche, he subido el volumen, no puedo creer lo que estoy viendo. Hay móviles de la policía enfrente de la casa de Lucrecia. La encontraron muerta. Se llevaron detenido al homicida. Es el hermano de uno de los chicos asesinados, del único que no era judío, el primero de todos. Con el que ella había estado de novia hasta hace poco tiempo.
   El hermano de la víctima la mató de varias puñaladas después de una violenta pelea y luego le serruchó el cráneo, precisamente por donde ella se dibujaba la línea delgada del maquillaje.

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25 comentarios:

  1. Sensacional, Raúl. Me parece haber asistido a una película. Es estupendo cómo exploras en los traumas profundos de los personajes, cómo nos dejas ver sus motivaciones inconsciente. Buena historia, Arie. Un abrazo muy grande

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    1. Ana ¡qué alegría! Muchas gracias por todo lo que dices, es muy alentador tu comentario y que te haya parecido buena la historia. Te mando un beso y muchos saludos.
      Ariel

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    2. He querido comentarte este antes que el magnífico trabajo anterior de la carta, para terminar con la serie del “loco”
      De éste destaco ¡cómo no! las manías, como el coleccionar traumas, y subyace el escritor al decir en forma de palabras. (De alguna manera somos un poco nuestros personajes, no podemos evitar prestarle alguna sombra del tinte nuestro…al señor Ariel también le gusta coleccionar palabras., si no, no escribiría (a mi Lucía también)
      Otra cosa que me parece que sin decir diciendo (que es como mejor se dice), el enfermo juega a engañar al doctor, y se auto complace porque no se dio cuenta el psi de su preocupación (o eso creo, igual estoy traduciendo mal), y que satisfacción le da desconcertar a la policía y al fiscal.
      Los acontecimientos tienen una velocidad vertiginosa, tanto que daría para otro capítulo y desarrollarlo más a fondo, pero por otro lado…creo que justamente es la precipitación de los sucesos lo que le dota al relato la locura que ya irradian los dos personajes principales.
      Luego está el plus de la parte “detectivesca”…los tres varones jóvenes, circuncidados, comidos por las ratas salvo sus órganos sexuales…las no conexiones con alemanes y judíos (el más difícil todavía).
      ¡Qué grande los diálogos compañero! Y que bien retratas la cara de sorpresa del Gordo (la vi, te lo prometo)
      Me gusta muchísimo la serie de “ques” tan seguiditos de cuando fue al departamento de Lucrecia y discutieron. Son magníficos, léete en voz alta para que veas que bien y creíbles suenan (yo lo he hecho)
      Grande la excitación extremada (de cuando está ansioso, apaga y enciende la tele, etc…), logrado.
      Lógica la forma de ser de Lucrecia, tan cruel, de acuerdo con su infancia torturada.
      Es increíble que para ser un relato de un loco, y contado en primera persona, esté todo tan bien hilvanado (hasta los mínimos detalles)
      Nada que decir a la contra, y ya sabes que no soy de las que me callo si veo algo que no me cuadra. 
         
          Final apoteósico, de traca y cohetes (no exagero nada)

      Y para finalizar, me parece acertadísimo que en esta serie hayas utilizado la primera persona, aporta credibilidad a las angustias del personaje, nos acerca a él, sentimos con él…no digo empatía porque se trata de crímenes. No te has limitado a contarnos una acumulación de datos y vivencias, es algo orgánico lo que se siente (he sentido)….lástima, asco, pena, angustia…
      Y por último, has hecho un balance equilibrado en toda la serie, entre la parte racional y controladora (detectivesca, detalles, estudio del medio…), y la parte “mágica” de jugar a ser Dios creando un monstruo mental torturante y torturador (dos)
      Nada más compañero. Que te admiro mucho mucho.

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    3. Y perdón por utilizar el espacio de Ana madrigal, no me salía el publicar más abajo. Espero que lo puedas ver por aquí y no se te escape.

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    4. Muchas gracias, Isabel, ya sabes que yo también te admiro y, también sabes la importancia que le doy a tus análisis certeros, es realmente fantástico que me elogies los diálogos, tu, que eres una maestra en ese arte, nada más ver esa maravilla de novela que estás construyendo.
      La primera persona me ha salido de entrada y con ganas de que se cuente la historia de forma un tanto apresurada, que se note cierta inquietud acorde a la patología del “rata”, del personaje principal que además es la voz narrante de los relatos. Me interesa mucho, además, lo que dices de los “ques” sucesivos, pensé, en principio, que podría tomarse como un defecto, como una “cacofónía” que no había sido pulida, pero después me arriesgué porque la obsesión-compulsión lo lleva a esas recurrencias, quiero decir que era un recurso que se mostraba adecuado al trastorno que padece.
      La parte detectivesca, como dices, es la que me costó más trabajo para cerrar, porque no quería dejar detalles sueltos, la tuve que modificar varias veces para que quedara claro el móvil y las circunstancias, esta primera experiencia me servirá para la próxima vez. Por supuesto me alegra que la veas lograda.
      Está muy bueno lo que dices acerca del juego de engañar al doctor, porque lo has atrapado al vuelo, a pesar de que está puesto como al pasar: ¡ojos de buena lecto-escritora! Y mejor aún, que destaques las manías y las obsesiones propias del que escribe, que están volcadas inevitablemente, o tal vez deliberadamente, en la personalidad del protagonista. Uno puede informarse sobre esas cosas, pero en definitiva lleva ciertas vivencias dentro de uno, de algún lado íntimo salen, no es solo volcar una información que se ha leído en algún libro o en el periódico.
      Isabel, no sabes cómo te agradezco que hayas llegado hasta aquí para dejarme tan alentador y bonito comentario. Por el lado de Ana, bueno, creo que no se va a enojar porque hayas compartido su espacio. Te mando un afectuoso abrazo, ¡compañera canaria!
      Ariel

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  2. Como colofón final que decir, simplemente, espectacular! desde principio a fín, no era menos de esperar. Hilas-te la trama en relatos vertiginosos a las retinas, (como siempre te digo, desde mi humilde e inexperta experiencia a comentar relatos), haces adentrarse al lector a esas mentes perturbadas detalladamente, una historia, de libro.

    Chapeau, querido.

    Un beso, Ariel.

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    1. Querida Yayone, es un enorme placer ver escritos tantos elogios, todas las cosas lindas que me dices, acerca de estos relatos truculentos. Es muy grato recibir una devolución tuya. Sabes que soy un apasionado de tus poemas, ese género que tanto me gusta, que tanto me enamora, y el que nunca, lamentablemente se me ha dado. Desde la primera vez que entré en tu blog, quedé profundamente sacudido por los versos que construyes, luego quedé totalmente fascinado por el modo en que los recitas. El hecho de que te llegues hasta aquí para leerme y comentarme es muy importante para mí, un honor, de veras te lo digo.
      Un beso.
      Ariel

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  3. Me quedé alucinada, esa es la palabra adecuada. No esperaba esto la verdad. Me has montado en una montaña rusa y zas me dejaste caer provocando todo tipo de sensaciones. Desde la angustiosa vivencia de Marcos a la truculenta vida de Lucrecia llegando a ese final que no esperaba.
    Una historia fantástica muy bien lograda.
    Un abrazo.

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    1. Me alegra que te haya provocado tantas sensaciones imprevistas, Mariola, y que haya sido un final sorpresa. Gracias por la valoración que haces del texto. Eres una gran escritora y aprecio mucho tus palabras. Cuando escribo me asaltan muchas dudas, tardo mucho en decidirme a subir los relatos, los releo mucho, los corrijo y, a veces terminan en la papelera porque no me convencen. Recibir de tu parte este comentario me alienta a seguir intentando en esto tan lindo que es escribir para conmover. Otro abrazo para ti.
      Ariel

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  4. Y bueno Ariel, "Master" del barrio de Palermo, amigo y maestro. Ha llegado el momento de cumplir las promesas. En su momento te prometí comentar tu trabajo cuando por fin haya leído completa la "cuatrilogía". Según nos has dichos a todos (me incluyo) hace algo así como un año que te dedicaste a escribir. Es increíble el grado de calidad técnica que has alcanzado. Y no me refiero a cuestiones, ciertamente menores, de gramática o sintáxis. Me refiero a la calidad y al ritmo de tu prosa.Es de nivel, si vale la palabra, profesional. Sabes bien donde frenar, y donde volver a arrancar en la trama. La llevas de un modo extraordinario y le haces todo fácil a lector. Las moscas, el cenicero, la sordidez, los gatos, las ratas. Todo conduce a un fin y eso no lo hace cualquiera. Acaso te hayas extralimitado en la parte erótica, posiblemente algunos desbordes desentonen (para mí) por innecesarios. Podrías haberles dado unas pinceladas, acaso gruesas y dejarlo allí que ya bien estaba. Ahora bien, pibe de Lanús, hasta ahora han sido todas rosas, pero también tocan algunas espinas. No me ha cerrado la cuarta parte, esa irrupción sorpresiva del giro político creo que no es pertinente para la estructura general del relato. Debiste cerrarlo en lo psicológico. Con alguna inventiva adicional a la espléndida sordidez de la historia. (Valga el oximorón -que me salió bastante bueno no?) Si quieres lo charlamos en la semana, café de por medio. Pero bueno, vaya mi enorme admiración para tu calidad de escritor. Para tu don de gentes. Y para la enorme alegría de poder ser tu amigo.

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    1. Querido Néstor. Maestro y amigo. Has cumplido tu promesa y me agrada leerla, saber que acerté en el ritmo, leer eso que comentás de frenar y arrancar en el momento adecuado, o sea todo lo que decís respecto de llegar a un fin, algo que, ya te he dicho muchas veces, es algo que admiro de vos, esa mano firme, esa certeza del que no duda hacia dónde se dirige y llega. Y entiendo lo de las pinceladas, sé en que sentido me lo decís porque en tus textos sabés mantener ese equilibrio, el de no recargar donde no hace falta. En cuanto a las espinas, sabés que a tus críticas no las siento de ese modo, porque te conozco, sé que sos buena gente y que lo que buscás es contribuír y no destruír, y así lo tomo yo, como una contribución del amigo que quiere dar una mano con su experiencia. Te lo agradezco y te quiero decir que es un placer que dejes algo escrito por aquí, sabés que te admiro y que te quiero como el único hermano escritor de Buenos Aires que tengo, del que me enorgullezco que me regale su amistad. Gracias por venir, Néstor, un enorme abrazo.
      Ariel

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  5. No podía quedarme en ascuas después de haber leído las anteriores entregas, así que aquí estoy. Debo decirte que este relato supera en brevedad y ejecución a los anteriores. A mí es el que más me ha llenado en su lectura. Un final inesperado, como debe ser.

    Un abrazo.

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    1. Es un placer que hayas leído los cuatro relatos y, más aún que me hagas saber que este es el que más te ha gustado. Es muy importante para mi tener tu opinión, saber tu parecer. De ese modo, no solo me alientas sino que me vas dando más perspectiva para mejorar, para intentar, hasta donde pueda, pulir los relatos venideros. Gracias por pasarte por aquí. Te mando un abrazo Jonh.
      Ariel

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  6. Es un género arduo el policial: requiere de datos precisos para responder ante la demanda de verosimilitud que demanda el buen lector, mucho ritmo narrativo y la estocada implacable del elemento sorpresa, que es siempre el as en la manga que se guarda el escritor. Todos estos ingredientes los usás con solvencia y maestría. Hoy me pareció que tu estilo es más argentino, fijate vos ;)!
    Un placer seguir descubriéndote en tus letras, querido Ariel.

    Un beso grande!

    Fer

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    1. Es verdad, Fer, yo pensé que no me costaría tanto y tuve que darle vueltas y vueltas para tratar de no dejar resquicios, no se si lo logré, pero te aseguro que transpiré la camiseta para que sea verosímil ¡Qué bueno!, me encantó que te pareciera más argentino. Sos una genia, y además una excelente escritora. Escuchame, el que hiciste de Borges es una joyita, impecable. Ya agendé tu blog y voy a pasar por ahí con regularidad, me gusta mucho como escribís, Fer.
      Un beso.
      Ariel

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  7. Sin querer desmerecer la crítica amistosa de Néstor Ravazza, con la que estoy de acuerdo en parte pero no en todo, voy a exponerte mi punto de vista:
    -Coincido con Néstor en que hay extralimitación en la parte erótica, pues podrías haberle dado unas pinceladas, acaso gruesas y ya está.
    - Discrepo con Néstor en que la forma de cerrar esta cuarta parte y darle este fin a toda la historia con la irrupción sorpresiva del giro político no sea pertinente para la estructura general del relato, pues según él debiste cerrarlo en lo psicológico.
    Pues si me permites y lo digo con todo respeto hacia Néstor, la historia en esta cuarta parte se va desarrollando frenéticamente dando toda clase de detalles acerca de la personalidad enfermiza de ambos personajes principales: el loco y Lucrecia y de como su pasado les ha marcado con esos tremendos traumas, todo ello se va desarrollando progresivamente y contándolo en primera persona, lo cual ya es suficientemente psicológico para que el lector se identifique con los motivos que les han llevado a planificar de una manera u otra estos crímenes.
    Queda por último dejar claro al lector QUE HA OCURRIDO AL FINAL, si quedarán impunes o no de sus delitos, si la policía tomará o no cartas en el asunto para CERRAR ESTE CÍRCULO INCOMPLETO.
    Creo que añadir otra reflexión más no cabe, dado que ambos personajes se han separado ya de la escena y cada uno trata de salvar su pellejo. POr otra parte nuestro loco protagonista carece de sentimientos de culpa, únicamente tiene miedo y su mente está bastante en blanco como para continuar reflexionando, pues no nos olvidemos que este loco también es nuestro narrador en primera persona.

    Bueno, para mi, amigo Raúl, está bien como está este final y alabo este esfuerzo que nos has demostrado llevar a cabo, concienzudamente desde el principio. Pues rizar más el rizo me parece absurdo.

    Un gran abrazo y mis felicitaciones por el resultado de esta obra.

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    1. Muchas gracias, Estrella, por este extenso análisis, y más aún porque lo haces con tanta altura. Le he puesto el mayor cuidado a todos los relatos y este es el que más me ha costado.
      Te agradezco mucho los elogios que haces y lo que puntualizas que debió haber sido mejorado. Es una maravilla que escritores de tu talla y la de Néstor me den sus devoluciones, sus puntos de vista. Uno escribe, lo expone, lo muestra, con la intención de que lo lean y por supuesto que le den su parecer. Esto es sumamente importante para mí, porque, como tú sabes, es un bagaje que me va quedando, es una experiencia enriquecedora, cada opinión me deja algo que me fortalece y que me advierte sobre un fallo, sobre una debilidad.
      Es fascinante, de veras lo digo, ver expresado en palabras tantas cosas, que yo como autor no las he percibido. Me he focalizado mucho en el tratamiento del personaje principal, me interesa mucho y tal vez lo utilice para otros relatos porque me parece que tiene mucha riqueza, sus conductas son un terreno en el que me siento cómodo, un manantial del que, al menos en mi opinión, puedo sacar mucha agua. Tal vez la experiencia que me dejan estos cuatro relatos sea ésta, la aceptación que ha tenido el “rata”.
      Te agradezco mucho el tiempo y la delicadeza que te has tomado, Estrella, de venir por aquí a dejarme tu opinión. Y por supuesto, agradecerte las felicitaciones, porque el balance ha sido positivo ¡Te mando un gran abrazo!
      Ariel

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  8. Creo, retomando un poco lo dicho por Néstor y Estrella, que esta última parte tiene algunos excesos que no benefician al texto.
    Es apenas mi opinión, tomala con pinzas, hay un clima demasiado perverso en una sucesión vertiginosa de hechos que le quitan aire.
    Está muy bien escrito, Ariel, pero a veces es bueno regirse por la regla "menos es más".
    Espero no te molestes por mi comentario, como te dije, es solo mi punto de vista.
    Un abrazo.

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    1. No solo no me molesta la crítica, Mirella, sino todo lo contrario, agradezco que te tomes el tiempo de leer lo escribo y dejarme tu opinión. Es muy importante saber por ejemplo que, según tu lectura, el clima tiene un exceso de perversidad y que el ritmo es demasiado vertiginoso. Estas impresiones son valiosas, el punto de vista de un simple lector ya es importante para mí, imagináte lo que significa el de una escritora, como vos, que ve más allá, es un lujo que no siempre se tiene a mano. Mirella, por favor, cuando vengas por aquí, no te prives de colocar tu opinión más sincera que la voy a recibir con gusto, y por supuesto la voy a tener en cuenta. Te mando un afectuoso abrazo.
      Ariel

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  9. De toda esta serie de relatos me llama la atención como has conseguido recrear la mentalidad del loco protagonista, es algo que se ve en toda la serie pero en este capítulo final pienso que especialmente. Ya te lo había comentado en más ocasiones, pero esa sucesión de pensamientos desordenados que bullen constantemente en su mente consigue traspasar la pantalla y llegar al lector. También la velocidad de la que dotas al texto, sobre todo cuando algún hecho tortura la mente del loco, como es el que puedan cogerlo por su relación con los asesinatos. Y por otro lado esa obsesión que tiene por cambiar los objetos de sitio, encender y apagar el televisor, fumar compulsivamente etc. nuevamente refuerzan su particular psique. Desde luego has trabajado muchísimo el aspecto psicológico y eso se nota en la elaboración final. Realizas también una introspección en la mente de Lucía, desde los acontecimientos que la marcan en su infancia hasta sus frustraciones sexuales, para justificar la deriva que la conduce a asesinar de forma incontrolada y que termina por sellar su destino. Es esta una serie que debe leerse desde la introspección y la psicología, y esa es su fuerza.
    En este capítulo además introduces una ramificación policiaca, desde mi punto de vista acertadamente, pues complementa la trama psicológica a la vez que consigue que ésta no acapare todo el peso en el relato haciéndolo demasiado denso, e incita también a la curiosidad del lector.
    Hay alguna cosilla Ariel que no me ha quedado muy clara, y perdona las puntualizaciones, hechas con el mayor ánimo constructivo. Por un lado hablas de que las víctimas aparecen comidas salvo sus órganos sexuales, sin embargo no se da ninguna razón para ello y en su ausencia todo hace pensar que las ratas no deberían hacer esa distinción sin más. En otro momento hablas "del tipo" que cometió los asesinatos, supongo que haciéndote eco de los titulares de los periódicos pero dando a la narración continuidad en cuanto a que quien así se expresa es el protagonista, que sabe que la asesina es Lucrecia. Esto despista (al menos en mi caso) al lector, que no sabe muy bien si el loco está hablando de otra tercera persona. Tampoco me queda claro el papel de Gordon, al que se menciona una única vez en este capítulo y que anteriormente se identificó con un pordiosero que mataba los gatos por encargo. Al principio parece que fuera él el asesino y después según se desarrollan los hechos un mero colaborador que mueve los cuerpos. Pienso que a éstas cosas habría que darles una vuelta, o a lo mejor es que estoy espeso con la lectura.
    No obstante, tal como te vengo diciendo desde los primeros capítulos, me parece una serie muy completa y trabajada, difícil en su ejecución y sin embargo conseguida con maestría. Mi enhorabuena por ello. Un abrazo.

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    1. Hola Jorge, cada vez que me llega un comentario tuyo quedo maravillado ante la claridad que tienes a la hora de leer y a la hora de comentar. A veces he estado tentado de decirte que serías un excelente crítico. Haz realizado una lectura tan precisa del texto que me mueve, gratamente, a reflexionar sobre él.
      Es muy alentador lo que pones en el primer párrafo, de veras que te lo agradezco. La recreación de la mentalidad del protagonista, los pensamientos desordenados, la velocidad del texto, obsesión por el orden de los objetos, sus compulsiones, el perfil psicológico de Lucrecia, sus motivaciones para los asesinatos, todo eso me ha llevado mucho tiempo y trabajo, me alegra mucho que se vea reflejado, como tú dices, traspasando la pantalla y llegando al lector. Y, por supuesto, que me digas que estos relatos pueden ser leídos como una serie, es un gran halago, me alienta, porque afirma mi convicción de que tienen un grado de coherencia y continuidad que los unifica. Y más aún me reconforta saber que ves acertado haber intercalado la trama policial para “alivianar” la narración; para no caer en la asfixia de lo interno, lo psicológico, pero sin abandonarlo en absoluto, sino complementarlo.
      A continuación, das en el clavo, Jorge, porque el “detalle” de falta de explicación a la selección que hacen las ratas respecto de los órganos sexuales, lo he dejado, después de muchos intentos, librado al azar de la actividad de las ratas. En este punto he estado dando vueltas y vueltas sobre distintas posibilidades y no he encontrado ninguna que me satisfaga. Sé que no es un detalle menor, por eso traté de pasar lo más rápido que pude sobre él, con prisa y sin detenerme mucho. Este fue uno de los puntos del relato en el que comprendí que no es nada fácil el género policial. Por eso digo que lees muy bien y por eso considero tus comentarios muy instructivos.
      Con respecto a “el tipo”, es parte de la voz del narrador en primera persona, que es el “rata”, que se hace eco de lo que dicen los diarios, pero del modo que hablamos aquí, es decir que como los diarios todavía no conocen al asesino, el narrador habla de un “tipo”. Creo que tienes razón, convendría hacerle algún retoque para acomodarlo mejor y que no haya confusión, veré como lo hago, pero no hay una tercera persona implicada, el protagonista, el loco, lo sabe.
      Con respecto a Gordon, es un personaje secundario, es el que mata los gatos durante la primera actividad “delictiva” que prepara Lucrecia como entrenamiento del grupo y, en la segunda operación es el que mueve lo cuerpos, efectivamente. Como se trata de un personaje secundario, no quise ahondar en cómo se mueve para hacer lo que tiene que hacer ni en la personalidad que tiene, me pareció que me estaría desviando del argumento principal sin necesidad. Quiero decir que, no me lo plantee en ningún momento, no fue como “el detalle” de los genitales, que sí me quitó el sueño. De todos modos, me quedo con la puntualización que haces, es admirable la precisión y el equilibrio con que lees, Jorge, no sabes cómo te lo agradezco. Y no te pones en absoluto espeso con la lectura sino todo lo contrario, es una contribución enorme que te agradezco.
      Eres muy amable con lo que dices al final, es un placer que hayas leído y comentado esta serie.
      Eres un gran escritor y un ¡excelente lector!, te tengo mucho afecto, Jorge, te mando un gran abrazo.
      Ariel

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    2. El halagado soy yo Ariel por todos los elogios que me dedicas por un simple comentario, te lo agradezco de veras.
      Quería hacerte una apreciación sobre lo que dices de Gordon, yo no creo que se deba profundizar en el personaje pues como dices restaría agilidad a la trama, pero tal vez si fuese necesario aclarar con un par de frases que papel tiene en los asesinatos. Al terminar de leer intuía que era quien movía los cadáveres, pero al principio parecía que fuese él el asesino, a pesar de que se suponía que era Lucrecia, y eso me despistó bastante.
      Respecto a lo del "tipo", sí me di cuenta de que pretendías hablar desde la voz de los diarios, pero creo que al ser el narrador quien lo dice en primera persona, sin hacer mención expresa a que "los diarios hablaban de..." pareciera que lo que decían esos titulares lo asumiera el mismo "rata" como su propio conocimiento de los hechos.
      Si te soy sincero a mí me ha pasado muchas veces que tenía una idea tan clara de la historia (normal, pues era el creador) que daba por supuesto que el lector asumiría la misma idea, y luego me he encontrado con que por no ser suficientemente claro entendían otra cosa. Los apuntes que te hago van en ese sentido. Debemos intentar leer nuestros relatos como si fuésemos el lector que no sabe nada de como se van a desarrollar los acontecimientos, y aunque ésto imposible al 100% cuanto más nos aproximemos a ello mejor seremos capaces de transmitir lo que queremos decir. Y esto cobra mayor importancia cuando nos adentramos en géneros como el policiaco, donde la coherencia de los hechos es fundamental para entender la trama.
      De nuevo perdona por la chapa. Y felicitarte nuevamente por el excelente trabajo que has hecho con esta serie de relatos, los elogios, unánimes por parte de todos los compañeros, no te los ha regalado nadie, sino que los has ganado tú. Un abrazo.

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    3. Aclarado lo de Gordon, Jorge. Te entiendo perfectamente lo que me quieres decir. Me voy a desenchufar un poco y los volveré a leer con detenimiento desde la perspectiva del lector. Me quedo más tranquilo con lo que me dices ¡no solo a mi me pasa! Y sí que es difícil el género policial, no creí que tuviese tantas aristas, tantos resquicios. Un fuerte abrazo.
      Ariel

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  10. Hola Raúl o Ariel o R. Ariel no sé cómo prefieres que te comente.

    Este último relato, quizás es el que me ha gustado menos, espero que me permitas decirte que me ha parecido un poco excesivo.

    Es cierto que está fantásticamente escrito: escribes muy bien, utilizas con primor el lenguaje, la tensión que aplicas en el momento adecuado, la documentación que buscas en el carácter de tus personajes, la historia tiene un ritmo vertiginoso y engancha la historia y de acuerdo también con Estrella en que quieres saber más, no se puede acabar así. Pero por otro lado me ha parecido que había demasiado de todo, demasiados traumas, demasiados excesos, muy rápido y muchos y que como lector no me daba tiempo de digerirlos, no acababa de asimilar uno y ya tenía el siguiente.

    Simplemente quería comentarlo porque creo que como a todos los que escribimos te gusta aprender, lo que te comento no desmerece en nada el fantástico trabajo que has hecho con esta serie pero sí que estoy de acuerdo con Mirella en que menos es más.

    Un saludo.

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    1. Dime Ariel, Conxita, que es el nombre que más prefiero.
      Desde ya te agradezco la sinceridad con que me comentas. Es bueno saber lo que piensas al leerlo, te agradezco el tiempo que te tomas en hacerlo y los elogios que pones. Es muy importante para mi conocer lo que has sentido con la lectura, por ejemplo, esas demasías que mencionas, ese exceso y la rapidez del texto. Es muy interesante contar con el aporte de todos los buenos escritores, como tú, que me han dejado su parecer, es muy enriquecedor tener todas las miradas. Tengo un largo camino por delante para seguir aprendiendo con tu valoración, leyendo y comentando sobre las cosas que escribo. Desde ya te agradezco la calificación de “fantástico trabajo”. Un placer tenerte por aquí, Conxita. Un saludo.
      Ariel

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