viernes, 21 de octubre de 2016

La calle de los pájaros

   Todos atesoramos sueños que nos hemos prometido cumplir algún día. Ella también los tiene. Hay uno en especial que recuerda en algunas mañanas con cierta melancolía.
   Siempre habla de su abuela, apenas se despierta, al desayuno, con el mate en sus manos, mirando hacia la ventana a ninguna parte, con la mirada perdida. Así, en esos momentos, le llega fugaz la historia que siempre ella le contaba.
   Su abuela Celestina nació y vivió de pequeña en Barcelona. Ya ha fallecido hace muchos años, pero permanece intacta en su corazón. Ella la recuerda capaz de narrar sucesos mágicos, la conserva inalterada en su memoria, sus historias eran maravillosas. 
   De niña vivía en una calle empedrada muy estrecha, muy angosta, hasta tal punto que las vecinas de los pisos superiores se podrían tocar la mano de balcón a balcón con solo extender el brazo.
   Celestina le decía “La calle de los pájaros”, así la nombraba, porque dentro de su cabeza cubierta de cabellos blancos permanecía firme un recuerdo colorido, tal vez el único alegre, el único capaz de ocultar las estrecheces de su infancia. 
   Allí se instalaba en aquellos tiempos el ajetreo de la feria donde se vendían objetos extraños traídos de lugares lejanos, exóticos, casi mágicos. Atestada de tiendas de artesanos, de vendedores de frutas y verduras que voceaban sus mercaderías. Muchos puesteros vendían pájaros de todos colores, de todos los cantos. 
   Adoraba a los pájaros porque la alejaban de las privaciones de su casa sin muñecas, sola al cuidado de sus dos padres jóvenes que la tuberculosis se los terminó quitando, épocas duras para esa niña. Cuando quedó huérfana a los nueve años, el tío, cocinero a bordo, la alojó en la bodega del buque que la trajo a vivir con la tía Yaya. En Buenos Aires haría su vida y de su infancia conservaría los pájaros.

   Ella buscó en los mapas, pero encontró calles con ese nombre en otras ciudades de España, hasta que por otros datos escondidos en los pliegues del relato encontró el sitio exacto, en Barcelona.
   Cerca de allí, le decía Celestina, había una fuente donde iba con mi vestidito largo a lavar la ropa, y ahí nomás estaba el mar. 
   El relato alimentó a la nieta, se anidó dentro de ella y le hizo prometerse que un día iría a España a conocer donde había vivido su abuela. Y ese sueño le fue creciendo con la vida. 
   Y un día, hace poco, por esas recompensas merecidas que el destino reserva a las almas soñadoras, ella pudo viajar desde la Argentina hacia ese sitio lejano en Barcelona. 
   El primer día paseó por las cercanías de la Sagrada Familia, la Casa Milà, visitó plazas, recorrió paseos, percibió aromas y vio flores. La mañana del segundo día se la pasó frente al mar, mirando la línea difusa del horizonte, tal vez pensando en su abuela y postergó para la mañana siguiente la visita tan ansiada a la calle de los pájaros.
   El día amaneció gris, sembrado de nubes que escondían el sol. Se sintió un poco triste, no por el día, sino porque esta ciudad era una gran ciudad, con edificios vidriados, muchos coches, le recordaba a Buenos Aires. Ella había traído los mapas, anotaciones, sabía cómo llegar a la calle que buscaba, pero daba vueltas y vueltas en círculo alrededor sin animarse a llegar allí ¿Qué pensaba?
   Parada en la vereda, con su cartera en la mano observó el cielo, tal vez buscando una señal de su abuela Celestina, porque, más que a ver los pájaros «¿no vendré en busca de ella?», se preguntó. 
   Y se dio cuenta entonces que ya no podría ver ese sitio de sus sueños tal como se lo había contado su abuela, era otra época, habían pasado muchísimos años, ella conservaba intactas las imágenes, las voces, los colores. Miró a su alrededor y temió que el tiempo le robara su tesoro. 
   Entonces fue que quiso conservar esa calle intacta, con los gritos de los vendedores de pájaros, estrecha, con balcones pegaditos, así tal cual, con los carros tirados por caballos.
   Bajó la vista, se miró el vestido nuevo, apretó la cartera, levantó apenas su mano, tal vez saludando a la abuela Celestina, y emprendió el regreso a Buenos Aires.

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30 comentarios:

  1. Éste fue el primero de tus relatos que leí y el que hizo que me enamorase de tus historias maravillosas. Es un precioso canto de amor. El amor de una nieta que emprende un viaje al otro lado del mundo para encontrarse con los recuerdos de su abuela. Pero es también un canto a la nostalgia, a esa patria fabulosa que es la memoria de nuestra infancia, cuando la vida aún no nos ha decepcionado. Por eso es tan hermoso el final del cuento, cuando ella regresa a Argentina sin visitar La calle de los Pájaros para no mancillar los recuerdos de su abuela.

    Gracias, Raúl, por regalarnos estas historias. Un abrazo muy grande

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    1. Ana, has logrado que me emocione al leer tu comentario, es hermoso que me digas que te has “enamorado de mis historias maravillosas”. Creo que cualquiera de nosotros se emocionaría con esa frase, eres en extremo amable y sensible, te lo agradezco mucho. Todos nosotros dedicamos horas a escribir, en soledad, con empeño, contando historias para conmover, es una tarea íntima que realizamos tratando de poner lo mejor de nosotros, exponiendo lo más íntimo de nuestros sentimientos, tú lo sabes.
      Esta actividad es algo realmente fascinante y extraordinaria a la vez, porque uno puede tener devoluciones conmovedoras como la tuya. Has hecho un resumen muy acertado del relato y un recorrido por las emociones que he querido que se desprendan de él. Por eso te lo agradezco mucho y por eso también te mando un gran abrazo, eres una gran compañera a quien respeto mucho y a quien le guardo un gran afecto.
      Ariel

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  2. Hola, Ariel.
    Disculpa mi torpeza pero...me quedé con la siguiente incógnita, no llegó a la calle estrecha de los pájaros una vez de llegar hasta esa ciudad con los mapas y anotaciones, y prefirió quedarse con el recuerdo de la historia que le contó su abuela para no desvirtuar esos momentos que con tanto amor atesoraba?

    El relato fue precioso, querido, como será que la memoria retiene en parcelas instantes que no quiere borrar y más si son tan gratos y dulces...

    Un beso, Ariel.

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    1. Exacto, querida Yayone, tal cual como tu lo dices. La nieta viajó de la Argentina a Barcelona tras ese recuerdo que le contaba su abuela Celestina, sobre la "Calle de los pájaros". Pero cuando llegó provista de los datos, de la ubicación exacta del sitio, no se animó. Quiso mantener el recuerdo intacto.
      Me alegro mucho que te haya gustado el relato y, como también tu dices, ella no quiso desvirtuar el recuerdo de las palabras de su abuela.
      Un beso.
      Ariel

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  3. Un relato encantador mi querido Ariel. Cargado de una suavidad y una ternura que se trasunta en el sub-texto, allí mismo, debajo de lo tenue de la prosa y su melancólico transcurso. Hay tristeza en el relato pero no deja por eso de ser bella. Siempre viene bien ponerle belleza a la tristeza. Pero no es para cualquiera, solo para gente especial que tiene la sensibilidad y (porque no) la técnica. Hacer bella a la tristeza solo lo hacen los grandes como vos. Te mando un fuerte abrazo.

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    1. Querido Néstor. Un placer que me hayas dejado este comentario. Está muy bueno lo que me decís de la tristeza y la belleza, viniendo de alguien que maneja esos sentimientos con tanto talento. Me recuerda a lo que yo siento cuando leo tus cosas, cuando contás con nostalgia, con esa profundidad que te sale en forma tan natural. Desde ya, me pone muy contento y te agradezco que me pongas tantos halagos.
      A veces me pregunto ¿qué es esto de escribir? que me pone tantas personas sensibles en el camino, tanta gente buena, tanta gente, como vos, grandes escritores, que se fijan en las simples cosas que subo a un blog, una bendición que no he buscado y que tengo la gracia de recibir. No sé cómo decirlo de otro modo, no sé cómo agradecer.
      Te mando un abrazo fuerte, amigo de Buenos Aires.
      Ariel

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  4. El tiempo pasa y no todo está como estaba antes, pero de todas formas permanecen para siempre en el recuerdo, esos jamás podrán borrarse, amigo Ariel.

    Me encantó tu relato, muy tierno, y ha sido un placer volver a leerte.

    Felicitaciones por esta entrada, amigo mío.

    Un beso grande.

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    1. Los recuerdos que atesoramos en la memoria quedarán guardados en el arcón de las felicidades que nos provee la vida para que conservemos lo mejor de nosotros, el amor por sobre todas las cosas, un sentimiento del que tanto nos enseñas, María. Gracias por estar por aquí.
      Un beso.
      Ariel

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  5. Este fue uno de los primeros relatos que te leí, ya hace algún tiempo, y de los que más me han gustado. Todo él transmite una melancolía especial, en los recuerdos de infancia de la abuela Celestina, que son también los de la protagonista que aunque no los ha vivido, los hace suyos. En la obsesión de la chica por conocer esos lugares, que finalmente materializa. Y en ese acertadísimo final en el que decides dejar el recuerdo intacto en la memoria de ella, para no desvirtuar todo lo que le había contado su abuela. La última frase, con ese "levantó la mano, tal vez saludando a la abuela Celestina" es realmente buena. El lector supone, aunque acertadamente el autor no lo dice, que ese levantar la mano es para parar un taxi (curiosos los taxis de Barcelona por cierto, con sus colores amarillo y negro) pero tú te adentras en su subconsciente para transformar el gesto en un saludo a la abuela, genial. Me llama la atención también que aunque la protagonista es la chica, el único nombre propio que aparece en el relato es de Celestina, lo que le da un papel preponderante frente a la chica. No se si es un detalle casual o premeditado, pero consigue un efecto que a mi modo de ver refuerza el texto.
    Describes además con acierto algunos rasgos de la ciudad, que no sé si conoces, esas calles estrechas y sórdidas del Raval, que se contraponen a la majestuosidad arquitectónica del barrio Gótico, separados tan sólo por la Rambla. Supongo que te inspiras para tu Calle de los Pájaros en los mercadillos que se hacían (no se si se siguen haciendo) en la Rambla, donde se vendían estas aves. Y las referencias a símbolos de la ciudad como la Sagrada Familia o la Casa Milá convierten el relato en un pequeño homenaje a la urbe.
    Corto pero gran relato el que nos traes Ariel. Un abrazo.

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    1. Utilizo de nuevo el espacio del compañro Jorge (desconozco por qué unas veces me deja comentar por donde corresponde, y otras no...seguro que debido a mi torpeza)

      Yo también ecuerdo este texto de TR y me gustó muchísimo, creo que fue cuando me empecé a fijar en tu manera de escribir tan especial, como especial es el acento femenino que has puesto en la nieta y en la abuela… no todos los varones se atreven con personajes femeninos, es un riesgo que has corrido con total éxito, y además, si se habla de una niña y una anciana se tiende a edulcorar en demasía, y tú o vos, has puesto la justa medida de sensibilidad, nostalgia, ternura y dureza, sin obviar las estrecheces de las carencias que se suple con la generosidad afectiva.
      La melancolía impregna todo el relato aderezado con un toque de magia colorista especialmente en la calle de los pájaros (no necesito hacer esfuerzos para verlos, ni para escucharlos)
      A estas altura del “conocimiento Ariel” no importa que no hayas estad en Barcelona (no sé si la conoces), pero si no es así te las has arreglado para hacer creíble y visible el barrio del que hablas (yo si conozco las estrechas callejuelas aledañas al barrio gótico que conservan el sabor añejo, el color, y hasta los olores no siempre agradables)
      El final es de aplauso y ovación cerrada Ariel (no exagero), es un texto coherente, sensitivo, bien escrito, emotivo y humano.
      Un abrazo querido compañero.
         
         

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    2. Jorge
      Me alegra que lo recuerdes y que te siga gustando. Se trata de una historia real, la protagonista es mi esposa Liliana, no está puesto en el cuento porque me pareció que tendría más encanto nombrar solo a la abuela Celestina. En el 2014 viajamos a Europa y estuvimos tres días en Barcelona. Y la historia fue como está contada. Durante nuestra breve estadía conocimos La Sagrada Familia, la casa Milá, los alrededores. Estuvimos alojados a cuatro cuadras del mar, cerca del Parc de Poblenau. Llegó el último día y, tal como dice el relato, ella quiso retener el recuerdo como estaba en su memoria, sabía que esta ciudad moderna que tenía ante sus ojos era muy diferente de la que le describía su abuela Celestina y no quiso romper el sortilegio, quiso seguir manteniendo su versión de la “Calle de los pájaros”. La descripción de la calle donde vivió la abuela está basada en las historias que le contaba ella a su nieta, es decir en las imágenes que conservaba de su niñez, entre los años 1895 a 1904. Muchas gracias por comentarlo nuevamente (y por supuesto, por ¡el aplauso!). Te mando un gran saludo.
      Ariel

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    3. Isabel
      Me alegra sobremanera que te haya gustado este pequeño texto y lo hayas leído nuevamente. Cada tanto voy a intercalar alguno de esos relatos, que tú seguramente ya conoces, porque me gusta que estén en este sitio, en mi lugar. Más arriba le he contado algo de los pormenores, de la génesis de esta pequeña historia a Jorge, espero que esto no le quite encanto a la narración.
      Es muy lindo saber que me cuentes acerca de tantos sentimientos que te ha despertado, sabes que me hace mucho bien que lo digas, me da ganas de seguir escribiendo cuando lo comentas, cuando me dices que puedes “ver” o “escuchar” a los pájaros. Isabel, sabes que te considero una de las más grandes escritoras que vienen aquí, y también sabes la estima y el afecto que te tengo, por todo esto tus comentarios valen mucho para mí.
      Sabes, te haré más confidencias. Esta es una historia que Liliana me ha contado muchísimas veces y un día se me ocurrió colocarla en un relato. No se lo mostré a ella hasta que estuvo terminado y, de verdad te lo digo, se le cayeron las lágrimas. Después, me corrigió algunas cosas que estaban equivocadas y así salió, con ese brote de emoción inicial ¡Cuántas historias de inmigrantes habrá como estas!, y ¡cuántas quedarán por contar!
      Isabel, gracias por pasarte por aquí. Muchas gracias de nuevo por todos tus bonitos elogios. Te mando un afectuoso abrazo.
      Ariel

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    4. ¡Qué pedazo de regalo tuvo que ser el relato para Liliana!, y que detallista es su señor marido. Es fácil regalar algo comprado en una tienda, y es de una tremenda generosidad regalar el retazo de un recuerdo de la vida de otra persona, y además eres un alquimista, pues lo convertiste en literatura de la buena. Afortunada Liliana. Un abrazo para ambos...o mejor uno para cada uno, que no hay que ser egoista con los abrazos.

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    5. ¡Ay! Isabel, que me has sacado una sonrisa, muchas gracias por tus afectuosos abrazos, Liliana también te lo agradece. Eres muy generosa y muy dulce también. Abrazos argentinos para la brillante escritora canaria.
      Ariel

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  6. Me gustó mucho, Ariel. Enternece que la protagonista no haya querido ir a la calle de los pájaros para preservar en su memoria todos los relatos de Celestina, tal cual ella se los había contado y cómo ella los había construido en su propia imaginación.
    Una prosa límpida y grata al lector.
    Abrazos.

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    1. Muchas gracias Mirella por tu cálido comentario. Los argentinos estamos ligados a España y a Italia, como vos sabés, por las migraciones, tenemos lazos familiares que nos unen. Es verdad que no se restringen a estos dos países, aquí hay comunidades de todos los orígenes, rusos, polacos, turcos, alemanes, judíos de todo el mundo, en fin, sobre todo Buenos Aires que es una ciudad muy cosmopolita. Debe haber en cada familia una historia de este tipo.
      Muchas gracias por la valoración de la prosa que hacés, te mando un gran abrazo.
      Ariel

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  7. Un relato lleno de encanto y nostalgia. Me encantó como lleva toda una vida luchando por conseguir un sueño y cuando consigue su cometido de viajar a Barcelona para descubrir que el tiempo inexorable no se detiene, ella decide detenerlo a su modo para preservar así ese recuerdo tan maravilloso y especial que guarda en su mente y corazón. Magnifico relato que te mantiene enganchada, al mismo tiempo que te hace viajar a otra época a través de tus letras.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Mariola, por comentar. Me alegro que te haya gustado el relato y el nudo de la historia que es la voluntad de preservar el recuerdo que tiene la protagonista. Es muy alentador para mi que el texto te haya llevado a otra época, es muy bueno saber que uno puede provocar esas cosas por medio de la escritura. Yo también te mando un abrazo.
      Ariel

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  8. Es un relato muy tierno, mientras te leía me han venido a la cabeza las imágenes del barrio del raval dónde las callejuelas estrechas hacen que parezca posible tocarse con el vecino, dónde se extendían las coladas a la vista de todos y esa calle con pájaros me ha recordado a la Rambla de les Flors de mi infancia dónde en sus puestos encontrabas flores y animales. Las calles estrechas del Raval siguen existiendo aunque cada vez hay más turistas que se confunden y vienen a gritar lo que no gritan en sus países de origen y en la Rambla ya no quedan pájaros enjaulados, es cierto que no era un espacio adecuado para ellos y sí, hay muchos souvenirs.

    Creo que en nuestros recuerdos tendemos a maquillar las imágenes viéndolas del color que queremos, y me parece precioso por parte de tu protagonista no enfrentar sus sueños con la realidad, así siempre tendrá esos recuerdos tal y cómo se los contaron.
    Un abrazo

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    1. Sí, Conxita, como dice Jorge más arriba, él también asoció la calle de los pájaros a las callejuelas del Raval y los puestos de la Rambla, como tú también lo haces.
      En el relato se trata de las imágenes que guardaba la abuela Celestina en su cabeza, cuando era una niña, entre 1895 cuando nace hasta 1904 en que la traen a la Argentina, épocas muy duras. Esas imágenes son las que quedan atesoradas en la cabeza de su nieta, y seguramente no son como las actuales, ella no quiso ver finalmente como es hoy esa calle.
      Barcelona es tu ciudad (mi ciudad, pones en tu blog, en una afirmación de pertenencia; como yo, cuando digo mi Buenos Aires) y, tal vez exista un parecido entre las callejuelas del Raval y esta calle de los pájaros, tal vez sean parecidas a las del relato, no lo sabremos, porque unas se han ido con la abuela Celestina y las otras se conservan en la imaginación de la nieta.
      Muchas gracias por llegar hasta aquí y dejarme estas palabras tan lindas. Te mando un abrazo, Conxita.
      Ariel

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  9. Nostálgicos y bellos recuerdos, :)
    Es un texto precioso Ariel, los niños tienden a crear una visión más amplia de la historias, acompañándolas y recreándose en un recuerdo casi fantástico.
    Te diré que la imagen que he ido proyectando a medida que leía es maravillosa y con un cariño muy tierno, ¿Qué buscaba? Estoy segura que el afecto perdido, suerte que descubrió que eso siempre estaría presente en ella.

    Un fuerte abrazo, ;)

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    1. Todos guardamos cosas hermosas entre nuestros recuerdos, cosas maravillosas como la que ido saliendo dentro tuyo mientras leías. Me alegra que te haya despertado la ternura, uno de los sentimientos más valiosos y que a veces perdemos cuando nos ponemos adultos. Gracias por leer y dejarme tan bonito comentario. Otro abrazo para ti, Irene.
      Ariel

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  10. Encantador relato lleno de ternura y melancolía. No dudé al leerlo que debía tratarse de alguna vivencia, ya personal o de alguien cercano, como luego lo he podido leer al mirar tus comentarios, creo que se lo has comentado a Jorge e Isabel que forma parte del anecdotario de tu esposa Liliana, que era esta niña y luego joven que tuvo la oportunidad de viajar contigo hasta esta bella ciudad de Barcelona, que también he visitado en varias ocasiones.
    Sinceramente la historia es preciosa y además narrada con tu pluma le da todavía más calidad e interés.
    No sé si habrás reparado o no en la idea de que siempre cambia la visión del lugar cuando tratamos de regresar allí después de pasar un tiempo y esto se debe a que somos nosotros los que realmente hemos cambiado, mientras que el sitio permanece en su lugar. Es cierto que puede haberse modernizado o sufrido algún cambio, pero de todas maneras la imagen que nos "fabricamos" de esas vivencias de la infancia, responden al modo de como veíamos o comprendíamos la realidad a esa edad y no a la actual.

    Un gran abrazo.

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    1. Tal cual, Estrella, no me extraña que hayas adivinado que se trataba de una vivencia, ya voy conociendo que tienes esa fina percepción para adivinar el camino de lo que sucederá, y luego al leer mis respuestas a los compañeros has corroborado lo que percibiste. Es un gran regocijo que lo hayas denominado como un relato “precioso” porque lo es también para mí dado que me trae muy buenos recuerdos. Cuando hice la primera publicación me lo han elogiado muchos de los buenos escritores que por aquí vienen y que tanto estimo. No me olvido de ese cariñoso recuerdo, siempre les guardaré gratitud por ello.
      En efecto, Estrella, la vida, las cosas, cambian y evolucionan, el pasado se nos va engordando, pero hay algo maravilloso que ocurre en nuestras cabezas, y es la magia de conservar indeleble esas vivencias que ninguna fotografía podría mantener de forma tan inalterable porque tiene detrás la emoción de un sentimiento profundo, sobre todo si se trata de una vivencia de nuestra niñez.
      Este es un relato breve, pero que tiene muchas cosas dentro contenidas en tan pocas palabras. Te agradezco mucho, como siempre, querida Estrella, que te hayas pasado por aquí a leer mis cosas y dejarme tus preciosos y apreciados comentarios. Y como siempre, te mando un gran y afectuoso abrazo.
      Ariel

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  11. Me ha encantado esta bella historia de la abuela Celestina. Escuchar a los mayores sus historias es un libro abierto a los recuerdos. Esa calle si existió y claro con la modernidad todo cambia. Es una historia para recordarla siempre. Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Maria del Carmen, por acercarte hasta aquí. Me alegra muchísimo que te haya gustado el relato. Sí, pasan los años pero el recuerdo no se borra. Un afectuoso abrazo.
      Ariel

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  12. Los recuerdos de la infancia e historias de nuestros abuelos, son tesoros guardados en nuestro subsconciente. A veces por temor a perderlos los recordamos una y otra vez para grabarlos a fuego. Tu relato es hermoso, delicado con una sensibilidad exquisita. Tu generosidad en homenaje a tu esposa te hace aún más grande. No puedo aportar más de lo que ya te han dicho los compañeros. Simplemente felicitarte por toda tu trayectoria. Este relato lo disfruté en TR y no menos que ahora. Felicitaciones. Un abrazo.

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    1. Así es Yolanda, hay recuerdos que nos quedan grabados en forma muy clara archivados en ese lugar recóndito a donde siempre podremos recurrir para rescatarlos. Es un recuerdo de mi esposa que me lo ha contado muchas veces y casi con las mismas palabras cada vez que lo ha hecho. Es un placer leer todas las cosas bonitas que me pones. Yo también quiero felicitarte por tu trayectoria como escritora, cada nuevo texto demuestra lo que vas creciendo en tu narrativa. Muchas gracias por estar siempre presente y atenta a lo que publico. Te mando un afectuoso abrazo.
      Ariel

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  13. He podido devolverte pronto la visita jejeje. Es un relato de lo más nostálgico y triste por el recuerdo de la abuela que se le fue, pero alegre por el hecho de que durante unos días la protagonista visitara la ciudad donde vivió la abuela. Otro relato que te leo en el que los pájaros tienen su protagonismo e importancia, veo que te gustan :)

    ¡Un saludo y seguimos leyéndonos!

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    1. Sí, José, has llegado pronto, es un placer tenerte por aquí. Como dices hay mucho de nostalgia, españoles y argentinos hemos, a lo largo de nuestra historia, con nuestras periódicas migraciones, construido historias como ésta. Un gran saludo.
      Ariel

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